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Clonación: ¿una mascota para la eternidad?

  • La clonación de mascotas es real. En Estados Unidos no ha sido popular, pero ahora es un negocio en China.
    La clonación de mascotas es real. En Estados Unidos no ha sido popular, pero ahora es un negocio en China.
Helena Cortés Gómez | Publicado el 13 de octubre de 2019

Al comprar una hamaca mágica Homero, en Los Simpsons, se pudo clonar cientos de veces. No todas sus copias eran iguales, unas tenían gafas, cabezas más alargadas o eran más obesas.

Y es que un clon no es una copia cien por ciento fiel. Algunos se sorprendieron cuando el empresario chino Huang Yu hizo clonar a su gato Garlic. El felino murió a los dos años por una infección urinaria y luego de enterrarlo su dueño recordó haber leído sobre una empresa dedicada a la clonación de mascotas. Seis meses después de que desenterrara a Garlic y de haberlo puesto en el congelador, según le contó al diario The New York Times, Sinogene, la primera empresa china dedicada a clonar perros y gatos, ayudaba a nacer al nuevo Garlic.

Pero cuando su dueño lo vio se sintió algo decepcionado: el gato clonado no era una copia exacta del original, el color era distinto y le faltaba la manchita que el primer Garlic tenía en la barbilla. Yu gastó cerca de 35.000 euros en clonar a su mascota y el resultado no se parecía en nada al original a pesar de ser genéticamente idénticos. ¿Por qué?

Sinogene respondió que los clones pueden tener ligeras diferencias en el pelaje o el color de los ojos y que una compañía ajena a la empresa había comprobado que el ADN coincidía.

Los mismos pero diferentes

La clonación es un proceso que se hace desde hace muchos años en vegetales. “Las abuelas clonaban piecitos de diferentes matas, es decir, que para la agricultura no es extraña la clonación. Esta tuvo un impacto grande cuando se clonó por fin un organismo mamífero que fue la oveja Dolly”, cuenta Ignacio Zarante, médico genetista del Hospital Universitario San Ignacio de Bogotá.

Los investigadores han clonado una amplia gama de materiales biológicos, incluidos genes, células, tejidos e incluso organismos completos, como ovejas, ratones, vacas, cabras y cerdos. En muchas ocasiones el clonado es igual físicamente al original, pero en el caso de los gatos, especialmente en lo que se trata de su color, un recordatorio de que los clones pueden ser copias genéticas de sus padres pero nunca son del todo idénticos.

Ya pasó antes, el primer gato clonado que se reportó en la revista Nature en 2002 tampoco era igual al primero. Esto se debe, narra The Guardian en un artículo de la época, a que su pelaje es diferente y el patrón de colores en los animales multicolores está determinado por eventos en el útero en lugar de genes.

Le pasó a la cantante norteamericana Barbra Streisand. En una entrevista con la revista Variety, Streisand contó que había clonado a su perrita pero que Scarlet y Violet “tienen personalidades diferentes” y que estaba esperando que crecieran para poder ver si tienen los ojos marrones de Sammie (la mascota original), así como su seriedad.

Las observaciones de Streisand son consistentes con la evidencia de que los gemelos humanos idénticos (que también comparten todos sus genes) muchas veces divergen en la personalidad, la salud e inclusive en las características físicas.

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Más allá de los genes

La cultura popular está impregnada de la creencia de que las características de una planta o animal (incluido un ser humano) están completamente determinadas por sus genes. Pero estos no lo son todo. Lluis Montoliu, investigador del Centro Nacional de Biología (CNB/CSIC), le dijo al portal VozPopuli que para entender lo que pasa en el color de los gatos es como si estos se terminaran de “pintar” en el vientre materno cuando las células pigmentarias migran por las diferentes partes del embrión y lo hacen de una manera u otra, dependiendo de las condiciones ambientales como la posición, la alimentación o los estímulos a los que esté sometida la madre. Sus genes se activan o apagan de manera azarosa durante el desarrollo del animal.

Zarante, por su parte, explica que la clonación genera un ser que es estructural y genéticamente idéntico al primero pero los genotipos complejos –en los humanos los ejemplos van desde la inteligencia, la irascibilidad y el sentido de pertenencia, entre otras características– no se van a ver clonados de manera exacta. Los gemelos ayudan a entenderlo.

“Los monocigóticos son un clon genético uno del otro pero mientras a uno le gusta la música, al otro el deporte, si uno es hincha de un equipo, el otro posiblemente será hincha del equipo contrario. Sabemos que la clonación genera organismos muy similares estructuralmente pero con formas de pensar y características diferentes”.

Russell Bounduriansky, biólogo evolutivo de la UNSW (Australia), cuenta que en los últimos 20 años los biólogos han aprendido mucho sobre cómo funciona la plasticidad a nivel molecular y celular. En un artículo para el portal The Conversation relató que muchas características están formadas por factores epigenéticos: moléculas que están asociadas con el ADN (los ejemplos incluyen grupos metilo y ARN pequeños) y características estructurales de los cromosomas (como la fuerza de unión del ADN).

Los factores epigenéticos funcionan como interruptores de encendido / apagado (o atenuador) para genes en todo el genoma. Los factores ambientales, como la dieta, el estrés o las interacciones sociales, pueden activar esos cambios.

Como algunos de estos efectos ambientales pueden ocurrir en el útero, la desnutrición materna, fumar y beber pueden tener consecuencias graves para los embriones. Por supuesto, el desarrollo después del nacimiento también se ve afectado por factores como la dieta y las interacciones con los padres, hermanos u otras personas.

Cada vez se acumula más evidencia científica de que algunos factores epigenéticos y otros que también están influenciados por el medio ambiente pueden transmitirse a los niños y, a veces, a los nietos y más.

En otras palabras, algunos de sus rasgos pueden estar determinados por interruptores ambientales que se “voltearon” en los óvulos o espermatozoides de sus padres, incluso antes de que fuera concebido, o en sus ancestros más remotos.

Clonación para la ciencia

En el caso de la clonación de los mamíferos, los científicos toman el óvulo de una hembra y una célula cualquiera del animal que se quiere clonar, a esta se le extrae el núcleo que tiene dos informaciones genéticas y se introduce en el óvulo que está vacío (al que previamente se le saca el otro núcleo).

Aquí queda un óvulo que tiene dos informaciones genéticas, se le pone un corrientazo y así este siente que lo acaban de fecundar. De esta manera empieza a crecer el nuevo individuo. El genetista Zarante dice que “en el caso de la agricultura es interesante porque por ejemplo buenas vacas productoras de leche podría clonarse para garantizar producir la misma cantidad y de la misma calidad”.

Pero Eduardo Díaz, profesor de Bioética de la Universidad Javeriana y estudioso de las humanidades médicas, recuerda que “en el país no terminamos de discutir del todo la manipulación genética”.

En Colombia hay tres artículos de ley que se refieren al tema: del 132 a 134 de la Ley 599 de 2000. En ellos se establece que manipular genes humanos alterando el genotipo con finalidad diferente al tratamiento, el diagnóstico, o la investigación científica incurriría en prisión. También mencionan la clonación, la repetibilidad del ser humano, la fecundación y el tráfico de embriones humanos con fines diferentes a la procreación.

Desde la perspectiva ética lo que molesta es el uso de seres vivos al servicio de la satisfacción de deseos personales. Díaz se pregunta: “Hoy son las intenciones de reemplazar esa mascota que se fue, ¿mañana será el mejoramiento del hijo?”

Prohibir sin una discusión previa, dice el profesor en Bioética, es un acto iluso.

Contexto de la Noticia

Helena Cortés Gómez

Periodista, científica frustrada, errante y enamorada de los perros. Eterna aprendiz.

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