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Enviar esa carita feliz entristece al planeta

  • Foto: STOCK UP.
    Foto: STOCK UP.
Por laura tamayo goyeneche | Publicado el 21 de diciembre de 2019

Cada día en el mundo se envían 500 millones de tuits, 294 mil millones de correos electrónicos y 65 mil millones de mensajes en WhatsApp. Eso dice un informe de abril de este año publicado en el medio especializado Raconteur.

Aunque no se note a simple vista, cada vez que usted pulsa el botón “enviar”, “pagar” o “guardar” está generando un impacto en el medio ambiente. Esto porque detrás de cada transacción exitosa en Internet está la gestión de datos que se hace desde centros de cómputo o data centers, los cuales consumen energía y generan emisiones de carbono para funcionar.

Solo responder “ok” en WhatsAp requiere gestionar una cantidad de datos que a veces no se dimensiona. El mensaje, que se traduce en dos bytes de información, no viaja solo: va con otros datos (como la georreferenciación de quien envía y recibe), que pueden sumar casi un kilobyte de información, según explica Valentín Restrepo, ingeniero electrónico y profesor de la UPB.

El impacto de “la nube”

En la actualidad, la tecnología del cloud computing, o “la nube”, es la responsable de dar soporte al tráfico generado en Internet.

El principio gracias al que funciona lo visionó en los años 50 el científico de la computación Herb Grosch, cuando sugirió, desde sus investigaciones en el MIT, que las economías eficientes confiarían en el futuro en centros de datos centralizados en lugar de almacenar información por unidades.

Esto evolucionó en lo que hoy se conoce como los data centers, grandes centros de procesamiento con computadores de alto rendimiento, servidores, discos duros y cables, muchos cables. Soportar toda esta infraestructura requiere grandes cantidades de energía, porque los servidores deben estar encendidos todo el tiempo para responder a las demandas de los usuarios, y altas capacidades de enfriamiento para procesar esta información a gran velocidad.

Una investigación publicada el pasado 13 de noviembre por la IEEE Communications Society, una asociación de tecnología con 423,000 miembros en más de 160 países, dice que la construcción de este tipo de edificaciones cuesta alrededor de 20.000 millones de dólares al año en todo el mundo y señala que su funcionamiento genera aproximadamente la misma cantidad de emisiones de CO2 que la industria de las aerolíneas.

Este mismo estudio cita un informe del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, que afirma que data centers en Estados Unidos consumieron alrededor de 70 mil millones de kilovatios por hora de energía en 2016. Esto correspondió al 1.8 % de toda la energía consumida en ese país ese año.

En Colombia, este tipo de edificaciones tienen su lugar. La más grande en el país es la del Data Center Triara Claro, en Bogotá. Se trata de un centro de procesamiento que ofrece servicios a diferentes clientes y gestiona 25 petabytes de información (ver gráfico).

“Si el el proyecto hidroeléctrico Ituango busca aportar una capacidad de 2.400 megavatios por hora de energía, se necesitaría una hidroeléctrica para abastecer tres data centers pequeños en el país”, señala sobre el tema el profesor Valentín Restrepo.

Un servicio más verde

Mario Cifuentes, director de servicios cloud y datacenter de Claro, explica que las dinámicas de vida en la actualidad justifican la existencia de estos centros de procesamiento.

El hecho mismo de que “la nube” sea concebida como un servicio, similar al agua y a la energía, por el que las personas y empresas pueden pagar de acuerdo con el consumo de cada uno, ha hecho que su construcción crezca exponencialmente.

Por su parte, Christian Plata, director de Google Cloud en Colombia, comenta que antes se vendían licenciamientos y servidores puntuales, pero ahora entre más consuman los usuarios, más infraestructura se va a necesitar para lograr dar el servicio adecuadamente. “No hablemos tanto de los consumidores de la actualidad, sino de las nuevas generaciones. Estamos hablando de personas que ya no están dispuestas a hacer una fila, porque todo lo pueden gestionar desde su celular”, señala Plata.

Frente a la idea de frenar la construcción de estos centros de procesamiento, Cifuentes afirma que “hay una inmediatez a la que ya nos hemos acostumbrado. Sin data centers nos devolveríamos a la época en la que ni siquiera existía Internet y las comunicaciones necesitaban ir y volver en una petición”.

Por esta razón, existen firmas como CEEDA (Certificación de Eficiencia Energética para Data Centers) y asociaciones internacionales como ICREA (International Computer Room Experts Association), que se encargan de auditar y certificar que las prácticas de estos lugares sean lo más eficientes posibles.

“Tratamos de usar la menor energía posible siempre, no utilizar los equipos todo el tiempo y apagar los aires acondicionados cuando sea posible”, dice Cifuentes y añade que el ecosistema de Data Center Triara Claro en Colombia tiene las principales certificaciones CEEDA Silver e ICREA Sello verde.

Por su parte, Valentín Restrepo señala que no se debe olvidar que todo tiene un impacto ecológico. “Si bien las empresas se certifican para gestionar mejor su impacto energético, en los data centers hay elementos de hardware que en un futuro próximo se convertirán en basura. Cuando lleguen las redes 5G, muchos componentes se van a tener que cambiar por unos nuevos que soporten estas redes”, afirma Restrepo.

¿Qué hacer como usuarios?

Aunque es fácil emocionarse al compartir un recuerdo de hace diez años en Facebook (con los comentarios tal como se escribieron en su momento) o ver esos videos que algunos guardan en Google Fotos, como usuario también se puede aportar para disminuir la huella de carbono causada por la cultura digital de la actualidad.

Los expertos señalan que todo parte de generar una conciencia del impacto que tiene guardar información para aprender a identificar cuáles datos son realmente útiles. Se trata de aprender a privilegiar un documento certificado, por ejemplo, por encima de una foto de hace cinco años.

Finalmente, todo el material que se produce a diario se traduce en almacenamiento en discos y por lo tanto, en energía.

Otro cambio de mentalidad sugiere generar una “etiqueta digital”, en la que los usuarios no sientan la necesidad de responder todos los mensajes ni dar grandes saludos por “educación”. Al contrario, señalan los expertos, es importante regresar a las prácticas de comunicación presenciales, en las que se ahorre el envío de mensajes al máximo.

Si cada usuario procura guardar solo información útil, no es que se vaya a frenar la construcción de data centers alrededor del mundo, sino que la curva de generación de datos irá disminuyendo.

Esto se traducirá potencialmente, según Restrepo y Cifuentes, en una gestión inteligente de los datos y los mensajes que se envían por Internet. Así que píenselo dos veces la próxima vez que se enoje con su pareja porque no contestó con un emoticón su último mensaje, o cuando vaya a enviar un “recibido” por correo electrónico.

Contexto de la Noticia

PARA SABER MÁS aprender a evitar el slack

Valentín Restrepo explica que el término slack se refiere a una “debilidad de los sistemas informáticos que no usan toda su capacidad, porque la información requiere uno espacios puntuales al ser almacenada”. Por esta razón, entre más pequeños sean los mensajes que se guardan en la nube, más espacio se inutiliza. La suma de datos livianos se va convirtiendo en “basura” digital, que aumenta la necesidad de producir más infratesructura en los data centers. Otra solución al impacto ambiental de estos centros está investigando formas de almacenamiento más eficientes, en los que se utilice todo el espacio.

CLAVES prácticas más ecológicas

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Laura Tamayo Goyeneche

Quiero pasarme la vida aprendiendo cosas nuevas y me hice periodista para asegurarme. Escribo sobre tecnología y gastronomía en la sección de Tendencias.

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