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Brotes enseñan que hay que cuidarse hasta bajo techo

Unas interacciones podrían llevar a más contagios que otras. Estudios de casos detallados por autoridades sanitarias ayudan a entender cómo.

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Brotes enseñan que hay que cuidarse hasta bajo techo
Por Helena Cortés Gómez | Publicado el 27 de junio de 2020

Cuando le piden quedarse en casa, usar el tapabocas al ir a la tienda y lavarse las manos con frecuencia, lo que los epidemiólogos y autoridades quieren decirle es que minimice la posibilidad de encontrarse con las cantidades justas del virus Sars-Cov-2 que lo enfermen. Pero estas no se conocen con exactitud.

Lo que ahora se sabe es que toser, estornudar, cantar, hablar e incluso la respiración pesada puede resultar en la expulsión de miles de gotas respiratorias grandes y pequeñas portadoras del virus responsable de la muerte de 400.000 personas en el mundo, y contando. Esto a partir de estudios de múltiples contagios de covid-19 que han sido documentados con minucia por las autoridades de varios países como el del call center y el restaurante que se detallan en la infografía.

Martínez dice que es importante que las áreas de epidemiología de las secretarias de salud locales den el paso a estudiar los brotes, más allá de la prevención que implica cerrar diferentes espacios. “Para establecer formas de apertura es relevante centrarse en ciertos tipos de espacios cerrados”, sugiere Pablo Andrés Martínez Silva, médico cirujano, especialista en Economía, magíster en Antropología Social y candidato a Doctor en Salud Pública.

A estos se les llama hotspots (puntos calientes o lugares de contacto de riesgo), y “son espacios de posibles brotes por permitir una sociabilidad que puede ser estrecha”, agrega.

Ellos ayudarán a entender qué pasó y cómo atacar asuntos particulares que le permitan a los negocios estar mejor preparados. Algunos estudios de caso internacionales indicarían que tres factores de riesgo parecen ser particularmente importantes para la transmisión por vías aéreas en algunos escenarios: la proximidad a la persona infectada, el flujo de aire y el tiempo. (Ver recuadros).

Entender los brotes en Colombia como el de la cárcel de Villavicencio, el Policlínico del Olaya en Bogotá y el Mercado Minorista de Medellín, dice Martínez, “nos ayudará a construir nuestra propia evidencia. Estos brotes contienen datos no menores del comportamiento de la pandemia”.

Dosis infectante a oscuras

Aunque ya se sabe que el virus puede mantenerse activo en las superficies, los virólogos creen que una gran carga viral es la que lo pone en riesgo. Las personas pueden adquirir el virus tocando una superficie contaminada y luego poniéndose las manos en la nariz o la boca.

Pero, “no hay evidencia hasta ahora de que los contagios a través de superficies sean la principal forma de propagación del virus. En cambio sí del alto contagio en el contacto físico humano a humano”, explica el Santiago Estrada Mesa, director general del Laboratorio Clínico VID de Medellín, quien se actualiza con frecuencia sobre covid-19 a través de varias revisiones de publicaciones científicas de organizaciones como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU.

Aún se desconoce la dosis infectante, aclara Estrada, se estima que unas pocas partículas virales no pueden enfermarlo, su sistema inmunológico controlaría a los intrusos antes que ellos lograrán reproducirse en sus células. Pero, ¿cuánto virus se necesita para que una infección eche raíces?

El virólogo Francisco Javier Díaz Castrillón, quien hace parte del grupo de Inmunovirología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, que aisló el virus por primera vez en el país, asegura que una respuesta precisa es imposible, “se asume que un virus tan contagioso debe tener una dosis infecciosa baja. No sé si alguien haya trabajado en dosis infectante con animales, la única forma que veo viable de abordar el problema. Nadie aprobaría una investigación experimental con humanos para resolver esa pregunta”.

Estrada, que ha trabajado en tuberculosis y otras enfermedades infecciosas, hace un contraste con otras enfermedades, pero tampoco se atreve a hacer una estimación fundamentada en el conocimiento que se tiene sobre otras afecciones para conjeturar la del nuevo coronavirus. “Para infectar la tuberculosis solo requiere de tres partículas virales; el sarampión necesita un número de partículas que están en el orden de las decenas y las del cólera están en el orden de los millones de partículas virales”, explica. Teniendo en cuenta que la del SARS, también de la familia de los coronavirus, está en el orden de las centenas, “el que produce covid-19 puede ser menos de cientos, pero es muy temprano para demostrarlo”, aclara Díaz. Es un trabajo detectivesco y continuo; el virus tiene el hábito de desafiar las predicciones.

Mientras no se conocen muchos detalles del virus y no exista una vacuna para contrarrestarlo será clave aprender de los estudios de caso. Martínez, por su parte, sugiere que en estos momentos en los que se busca establecer formas de reapertura “es relevante fijarse en esos hotspots”. Las lecciones que dejan lo sucedido en algunos escenarios como restaurantes, oficinas, buses y lugares de entretenimiento permiten aprender sobre el riesgo que se corre en ellos. De allí la importancia del rastreo de casos con la nueva enfermedad.

En un momento en el que se espera volver a la normalidad, y mientras llega una vacuna, esto enseñan brotes que han sido compilados por el CDC de Estados Unidos.

5,3
min. se queda el virus en el aire en espacio no ventilado.
Infográfico

Contexto de la Noticia

PARA SABER MÁS espacios de trabajo contra infecciones

En un documento compartido con el Banco Mundial, el gobierno de Corea del Sur estableció un plan de 50 puntos. Algunos:

- Todos los empleados con tapabocas.

- Los escritorios y las sillas deben ser extendidos o dispuestos en un patrón de “ajedrez” o en zigzag para que no haya dos individuos sentados directamente frente a frente.

- Para bloquear el chorro vocal de la tos, los estornudos y las conversaciones telefónicas ruidosas se requiere mantener la distancia entre los empleados.

- Nada de mezclas de trabajo y vida social en espacios confinados para reuniones, talleres en vivo y comidas empresariales

- Las reuniones de oficina se consideran riesgosas.

- Mejorar el flujo de aire de la oficina.

Para saber más Qué pasó en los tres casos

Durante un concierto

El coro de Washington representa un brote agresivo con el doble de contagios que el del Call center coreano. El martes 10 de marzo, 61 cantantes se reunieron para su práctica de coro en Seattle. Cinco días después, el director anunció al grupo que varios miembros habían desarrollado fiebres. Una semana después cincuenta y tres de los 61 cantantes se enfermaron, lo que supone un contagio del 87 %. Tres miembros del coro fueron hospitalizados. Dos murieron.

Los investigadores estimaron que allí se tuvieron muchas características peligrosas: un grupo de personas confinadas en un espacio pequeño, compartiendo comida luego del ensayo y respirando un mismo aire. También se preguntaron si el canto dispersaba más la enfermedad.

En el estudio Morbidity and Mortality Weekly Report, de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, los investigadores destacaron que “el acto de cantar, en sí mismo” podría haber contribuido a la transmisión, ya que los miembros del coro estaban expulsando más gotículas salivales con el virus. Mencionan a los superemisores, personas que liberan más partículas en el aire cuando hablan, porque son inusualmente ruidosos o salivan al hablar. Pero no solo ellos, las personas que no entran en esa categoría, igual liberan una gran cantidad de gotas al proyectar la voz cantando.

En la revista médica The Lancet, un artículo del 27 de mayo, Small droplet aerosols in poorly ventilated spaces and SARS-CoV-2 transmission, expone una gráfica en la que se refleja que sin ventilación (el virus se queda en el aire 5,3 minutos). Con ventilación baja el virus se queda en el aire 1,4 minutos y si hay ventilación se queda 0,5 minutos.

Al comer en un restaurante (ver gráfico)

Cinco miembros de una familia se reunieron en un restaurante abarrotado en Guangzhou, en el sur de China. Era un viernes del 24 de enero y el día anterior habían llegado desde Wuhan. El estudio que registra el caso cuenta que se ubicaron en la pared del fondo, entre dos familias locales, mientras un aire acondicionado bombeaba aire fresco a las tres mesas. Al salir del lugar, uno de ellos sintió que le subía la fiebre y al ir al hospital recibió un diagnóstico positivo con covid-19. En dos semanas, varias personas de cada una de las tres mesas cercanas, y 10 clientes del restaurante de Guangzhou, fueron diagnosticados con la enfermedad. Una persona asintomática en un restaurante había infectado a otros nueve en el camino que recorrió el aire acondicionado. A pesar de que la familia subió tres pisos para llegar a su mesa y en el lugar había cerca de 90 personas, ninguna otra se contagió. Al ver cámaras y detallar lo que pasó esa noche los investigadores concluyeron que el vector de transmisión en el restaurante no fue un plato de comida, un botón de ascensor, sino el aire. El fuerte flujo de aire habría transportado gotas envenenadas por el coronavirus de una mesa a otra. “Concluimos que en este brote, la transmisión de las gotitas fue provocada por la ventilación con aire acondicionado”, escribieron los investigadores.

Dentro de un call center (en gráfico)

Un empleado que trabajaba en el piso 11 de un Call center en Seúl, Corea del Sur, resultó estar infectado con covid-19. Esto produjo un brote que según las autoridades sanitarias de ese país no es atípico. Al día siguiente a la confirmación, el 8 de marzo se cerró la oficina ubicada en un edificio de 19 pisos en el que más de 1.000 personas trabajaban o vivían, compartiendo varios ascensores y escenarios. El brote estuvo sorprendentemente concentrado. De los 137 empleados de la empresa, 79 resultaron contagiados (el 57,6%). Agrupados en mesas de a 13, en algunas de ellas hasta 9 de los 13 dieron positivo. Ya que solo hubo 5 contagiados en el resto de ese piso y 3 en el piso 9 y 10, los investigadores del estudio concluyeron que el contacto prolongado en el mismo espacio desempeñó un papel clave en el contagio. En su conclusión, el CDC coreano escribe que la propagación del virus se limitó casi por completo al único piso “a pesar de la considerable interacción entre los trabajadores de los diferentes pisos en los ascensores y el vestíbulo”. Esto sugeriría que el principal facilitador no fueron los puntos de contacto comunes, como las puertas y los botones del ascensor, sino el espacio aéreo común (Ver Para saber más)

los de la plaza minorista

A mediados de abril La Minorista, una de las principales plazas de abasto de la ciudad, con 3.300 locales y más de 10.000 empleados directos y 15.000 indirectos, cerró sus puertas debido a un brote de covid-19. Este se confirmó a partir de 14 casos que se originaron luego de que uno de sus empleados (del sector 8 zona de carnes) llegara de vacaciones. A Edison Palacio, gerente, le preocupa que las autoridades sanitarias no sepan la razón del primer brote aún. “Su aproximación pretende prevenir, por eso hacen los cierres, pero nosotros necesitamos saber qué pasó y no tenemos esa respuesta aún que nos permita ver en qué pudimos fallar y tener aprendizaje propio”. En aquel momento se tomaron 263 muestras, 212 dieron negativas, 51 positivas y se estudiaron 192 contactos de familiares infectados. Un segundo brote se reportó a mediados de junio cuando se detectaron 2 casos nuevamente en el sector 8, lo que implicó un rebrote que necesitó de un cerco epidemiológico en ese punto. Por ello se han tomado 62 muestras que resultaron en 12 casos confirmados y 50 descartados de acuerdo con información de la Secretaría de Salud. Algunos casos se asocian a La Minorista pero en total ellos solo conocen de 25 en el personal que labora allí: 14 en abril y 11 en junio. Mientras en la plaza esperan estudios que ayuden a determinar lo que pasó, Palacio cuenta que esta será monitoreada con inteligencia artificial luego del más reciente rebrote de covid-19. Este sistema de reconocimiento medirá la temperatura corporal de 200 personas por minuto y alertará sobre el mal uso del tapabocas.

Dentro de un call center (en gráfico)

Un empleado que trabajaba en el piso 11 de un call center en Seúl, Corea del Sur, tenía covid-19. Se cerró la oficina ubicada en un edificio de 19 pisos en el que más de 1.000 personas trabajaban o vivían. El brote estuvo concentrado. De los 137 empleados de la empresa, 79 resultaron contagiados (el 57,6%). Agrupados en mesas de a 13, en algunas de ellas hasta 9 de los 13 dieron positivo. Ya que solo hubo 5 contagiados en el resto de ese piso y 3 en el piso 9 y 10, los investigadores concluyeron que el contacto prolongado en el mismo espacio desempeñó un papel clave.

Al comer en un restaurante (ver gráfico)

Cinco miembros de una familia se reunieron en un restaurante abarrotado en Guangzhou, China. El estudio que registra el caso cuenta que se ubicaron en la pared del fondo, entre dos familias locales, mientras un aire acondicionado bombeaba aire fresco a las tres mesas. Al salir del lugar, uno de ellos sintió que le subía la fiebre y recibió un diagnóstico positivo. En dos semanas, varias personas de cada una de las tres mesas cercanas y 10 clientes fueron diagnosticados con la enfermedad. Un individuo asintomático en un restaurante había infectado a otros nueve en el camino que recorrió el aire acondicionado.

Durante un concierto

El martes 10 de marzo, 61 cantantes se reunieron para su práctica de coro en Seattle. Cinco días después, el director anunció que varios miembros habían desarrollado fiebres. Una semana después cincuenta y tres de los 61 cantantes se enfermaron, lo que supone un contagio del 87 %. Tres miembros fueron hospitalizados. Dos murieron.

Los investigadores estimaron que allí se tuvieron muchas características peligrosas: un grupo de personas confinadas en un espacio pequeño, compartiendo comida luego del ensayo y respirando un mismo aire. También se preguntaron si el canto dispersaba más la enfermedad. En el estudio Morbidity and Mortality Weekly Report, de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, los investigadores destacaron que “el acto de cantar, en sí mismo” podría haber contribuido a la transmisión.

Si quiere más información:

Helena Cortés Gómez

Periodista, científica frustrada, errante y enamorada de los perros. Eterna aprendiz.


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