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Científicos descubren un método para combatir el alcoholismo crónico: el secreto está en la química del cerebro

El consumo crónico de licor produce alteraciones en la microestructura cerebral que son notables en la sustancia blanca y que progresan incluso durante la abstinencia.

  • Las recaídas en el consumo de alcohol están asociadas con los modificaciones que la bebida produce en el cerebro. Foto: Archivo.
    Las recaídas en el consumo de alcohol están asociadas con los modificaciones que la bebida produce en el cerebro. Foto: Archivo.
13 de diciembre de 2023
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Por Agencia Sinc

Un estudio liderado por el Instituto de Neurociencias (IN), el centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Universidad Miguel Hernández de Elche, ha encontrado una vía para frenar la progresión del deterioro de la sustancia blanca del cerebro de los pacientes con trastorno por consumo de alcohol, que se asocia con una disminución en la recaída al consumo. Este trabajo, publicado en la revista Psychiatry and Clinical Neurosciences, demuestra que la alteración de esta sustancia es una característica central de la patología, y no un daño colateral del consumo, y abre una nueva vía terapéutica para prevenir la recaída.

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Los investigadores de los laboratorios Plasticidad de las redes neuronales y Biomarcadores de Imaging Translacional del IN, dirigidos por Santiago Canals y Silvia De Santis respectivamente, ya demostraron hace unos años que el consumo de alcohol causa daños en la sustancia blanca del cerebro y que estos daños no cesan al dejar de beber, sino que progresan de forma muy llamativa durante la abstinencia. En este trabajo, no solo han reproducido los datos de esa investigación anterior en un nuevo grupo de pacientes, sino que han aplicado un método no invasivo basado en la estimulación magnética transcraneal profunda (Deep TMS, por sus siglas en inglés) que previene la progresión del daño en la sustancia blanca durante la abstinencia.

“Se trata de una técnica neuromoduladora no invasiva que consiste en la aplicación de un campo magnético de forma repetida sobre la cabeza. Así, se genera un campo eléctrico que aumenta la excitabilidad y activa grandes poblaciones de neuronas” explica Mohamed Selim, primer autor del artículo. Además, el investigador destaca que el TMS, a pesar de no ser una técnica sencilla de realizar desde el punto de vista clínico porque requiere unas instalaciones específicas, se ha utilizado anteriormente para tratar otras adicciones, como es el caso del tabaquismo, y ha generado resultados positivos.

En este estudio, en el que también han participado investigadores de la Universidad Ben-Gurion (Beer Sheva, Israel), del Hospital Universitario de Linköping (Suecia) y del Instituto Central de Salud Mental (Mannheim, Alemania), los expertos han aplicado el tratamiento de TMS de forma periódica durante varias semanas a un grupo de pacientes, formado por hombres y mujeres que se encontraban en proceso de desintoxicación. Además, para descartar un posible efecto placebo, se le realizó una simulación de esta estimulación a un grupo de pacientes control.

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Los investigadores registraron imágenes del cerebro de los pacientes antes de empezar la intervención y después de recibir el tratamiento. Efectivamente, confirmaron que solo en aquellos pacientes que habían recibido la estimulación, el TMS había sido suficiente para detener la progresión de la alteración en la microestructura de la sustancia blanca que se produce cuando los pacientes dejan de beber. Y, lo que es todavía más significativo, sus índices de recaída habían disminuido tres meses después del tratamiento, por lo que se trata de resultados estables a largo plazo.

El trastorno por consumo de alcohol es la forma más prevalente de adicción, que se caracteriza por el consumo excesivo y prolongado de alcohol. Esta adicción tiene una gran carga para la sociedad, ya que, entre la población de 15 a 49 años, un 3,8% de muertes femeninas y un 12,2 % de muertes masculinas se atribuyen al consumo de alcohol a escala mundial. Se trata de una enfermedad crónica que alterna ciclos de sobriedad y recaída. Por ello, el principal reto, junto con el de la prevención, es romper esos ciclos para evitar que se retome el consumo.

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