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En Argelia cambiaron gallinazos por mariposas

Tres años le bastaron al municipio de Argelia para llegar al 55 % de recuperación de sus residuos.

  • Procesamiento de las basuras y reciclaje en el municipio de Argelia. Foto: Jaime Pérez Munévar
    Procesamiento de las basuras y reciclaje en el municipio de Argelia. Foto: Jaime Pérez Munévar
  • Procesamiento de residuos orgánicos en el municipio de Argelia, al oriente del departamento de Antioquia. Las fotos muestran el aprovechamiento de desechos para elaborar abono de excelente calidad para la agricultura, usando compartimentos. FOTOs Jaime Pérez
    Procesamiento de residuos orgánicos en el municipio de Argelia, al oriente del departamento de Antioquia. Las fotos muestran el aprovechamiento de desechos para elaborar abono de excelente calidad para la agricultura, usando compartimentos. FOTOs Jaime Pérez
  • En Argelia cambiaron gallinazos por mariposas
  • En Argelia cambiaron gallinazos por mariposas
Helena Cortés Gómez | Publicado el 07 de agosto de 2020

La hediondez se pegaba a la ropa y la atravesaba hasta impregnarse en la piel de Jesús María Loaiza cuando era operario del servicio de aseo de Argelia, en el Oriente del departamento de Antioquia. Los olores eran ofensivos. Los vecinos del lugar les gritaban ¡gallinazos!, a él y a sus compañeros. Los veían como iguales a los buitres. En áreas pobladas por humanos estos gallinazos cabecinegros hurgan en basureros y comen basura en descomposición.

La putrefacción se ancla al cuerpo y para remover el olor Jesús tenía que echarse hasta dos baños por noche. La pestilencia no se iba, debía usar loción y no llevar la ropa de trabajo a casa. “Los técnicos de Cornare nos advertían que si no lavábamos las botas se iban a pudrir y mi señora me decía sálgase de allá que huele maluco, qué cosa tan aterradora”, cuenta caminando entre el relleno sobre el que ahora le preguntan: ¿qué pasó que ya no huele maluco?

Su trabajo era voltear manualmente pilas de residuos orgánicos de su municipio para hacer compostaje en el relleno sanitario La Mina. Hoy las cosas son muy distintas. Esa experiencia putrefactas y desagradables para los empleados del relleno y sus vecinos, que fue la manera de reciclar el orgánico en 2016, cambió, y ahora no solo el olor es distinto, sino el paisaje.

En aquel año Jesús y sus compañeros argelinos usaron el compostaje que mezcla, en su caso de forma manual, residuos orgánicos, desechos de alimentos y materias minerales para convertirlos en abono agrícola, una tendencia que comenzó a experimentarse en el mundo antes de la Segunda Guerra Mundial.

Hace una década, cuando Jesús llegó a trabajar a este lugar, a dos kilómetros y medio del pueblo cruzando la quebrada del Alto el Roble, justo en la vereda La Mina, los desechos del municipio llegaban a este predio de dos hectáreas. En aquella época cualquier cosa era considerada desperdicio para sus habitantes y se enterraba para perderla de vista.

Solo que “ningún objeto es basura, basta que alguien lo concibe como tal y lo convierte en basura, por eso hay que sacar la basura de la cabeza”, dice Guillermo Silva, tecnólogo forestal egresado de la Universidad Nacional de Colombia y quien sin saberlo y promoviendo otra forma de reciclar el orgánico, le cambió la cara del relleno de este pueblo. Sobras de comida, plásticos, llantas, pañales, condones, cartones, vidrio, electrónicos y una gran cantidad de sólidos se revolcaban en bolsas que luego se presionaban contra el suelo a 18 metros de profundidad, formando una plataforma que todavía se divisa a simple vista. Como en muchas partes del mundo, aún en la actualidad, hasta 2016 ese pedazo de tierra se atiborró de basura, porque no se acostumbraba aprovechar la mayoría de los residuos orgánicos, que es lo que más peso aporta a los residuos totales del país: un 60 % de acuerdo con la Superintendencia de Servicios Públicos.

Desde 1995 se ha llenado la plataforma de 60 metros de largo por 40 de ancho con lo que se considera desperdicio, pero ahora su vida útil se alargó un par de años más, dice Santiago Uribe, ingeniero sanitario de Cornare. Esto debido a los procesos destacados que lidera el joven Camilo Sánchez en La Mina desde que lo dirije, hace apenas tres años.

Separar desde la cocina

El poblado tiene una economía basada en la agricultura del café, la caña, el aguacate y el cacao. Parte de sus residuos orgánicos se usan en el campo, que cuenta con cerca de 9.000 pobladores, pero los de la zona urbana, que tiene unos 2.500, solían llegar al relleno.

En este municipio, que se ubica en un cañón entre montañas, tampoco se aprovechaban los materiales reutilizables como el cartón o las botellas plásticas. Solo vendían lo que tenía más valor (cobre y chatarra), porque era lo que las bodegas compraban.

No pasaba lo de hoy, cuando el aprovechamiento de los residuos es del 55 %, destacan las autoridades ambientales. E incluso puede ser más. Honildeny Alberto Aisales, quien hace visitas a los municipios en jurisdicción de Cornare, dice que Argelia puede estar llevando máximo un 30 % al relleno “porque además del material que aprovechan en la panta, en las casas se queda una cantidad significativa que es es reusada. También de inorgánicos pueden estar aprovechando hasta un 90 %”.

Esto gracias además al trabajo liderado en los últimos 10 años por la hermana Gilma Montoya. La historia de esta religiosa nacida en Sabaneta se enlaza con naturalidad al proceso del vertedero, al igual que se concatenan piezas circulares en un collar.

Con su programa A más reciclaje, más mercados, hoy cerca de 1.500 familias que estaban en pobreza extrema o situación de calle, separan los cartones, los electrónicos y todo los residuos considerados reciclables, para que no se mezclen con materia orgánica y los cambian por comida. La iniciativa cumple una década combatiendo una percepción colectiva que los revictimiza tras un largo período de violencia. En Argelia, 22.000 personas fueron desplazadas por entre 1990 y junio 30 de 2020, según la Unidad para las Víctimas.

Zaira Sánchez, quien trabaja con ella y es la encargada de formar a recicladores y ciudadanos que se acercan a la Casa Pan y Vida, cuenta que hay personas que bajan de las veredas con 7 mulas que cargan hasta 700 kg de material reciclable. “Mirá lo que le están jalando a la montaña. La gente ya le vio el valor al residuo”. Para la hermana Gilma este programa es destacado porque “ayuda a limpiar y fortalecer el pueblo, el relleno y el planeta”.

Familiares de los carroñeros

Jesús, que hoy es operador de la planta de tratamiento de agua residual y supervisor del relleno sanitario (especialmente en lo que tiene que ver con el aprovechamiento de residuos orgánicos), recuerda que en la época más violenta de Argelia, cuando el frente 47 de las Farc impuso su ley entre 1999 y 2006, acompañaba a recoger los cuerpos de las víctimas asesinadas. Los olores putrefactos de los cuerpos lo entrenaron para las labores que asumió en 2016, cuando en La Mina debían apilar los desechos orgánicos y esperar para voltearlos cada 15 días.

Hace cuatro años las cargas de residuos orgánicos que transportaba el carro del aseo eran usadas para hacer compostaje, forzando la aireación para acelerar el proceso que produce abono en 3 o 4 meses. Pero no duró mucho porque los olores eran ofensivos par los vecinos.

Como haría un carroñero, Jesús debía espulgar en la basura para quitar los plásticos que, dice como recitando en clase, demoran 100 años en degradarse. Caminaba con bolsas como mascotas a sus pies. Y cuenta: “La mayoría de veces debía sacar un montón de bolsitas dentro de grandes bolsas”.

Para tratar los residuos orgánicos, que antes se mezclaba con los demás sólidos en la plataforma de La Mina, se inició, un proceso que aún se usa con frecuencia y que genera gases tóxicos para la gente y el ambiente. Además, esa etapa de pudrición enferma a los empleados. Él y Edgar Giraldo son los que más tiempo llevan trabajando allí. Los demás se han ido. Jesús recuerda a los tantos empleados temporales del relleno, algunos de ellos se fueron enfermos en ese 2016: Rodrigo Arias perdió el oído por la exposición a gases, y Fabio Rendón casi se muere por una bacteria que adquirió por trabajar con la basura.

Guillermo Silva, tecnólogo forestal explica que “Los factores de pudrición de basura son exceso de agua, aire y materia orgánica. Si la temperatura supera los 60°C se produce amoníaco, el cual en los ojos, se vuelve ácido nítrico. Este acido es tan fuerte que disuelve el vidrio, como quedan lo ojos. Si la humedad de la basura es muy alta se produce Ácido sulfhídrico, con olor a huevos podridos. Este gas presenta una posibilidad de intoxicación muy alta, es tóxico a partir de siete partes por millón.”

Un parangón con otros

Actualmente se estipula en la norma colombiana (de diciembre del 2019) que a los vertederos solo deben llegar la última etapa de la cadena productiva, es decir los residuos que no se puedan recuperar. No obstante, en La Pradera, por ejemplo, el botadero de Medellín y de 40 municipios más de Antioquia, la basura biodegradable de la ciudad, como la de muchas poblaciones en Colombia, está entre el 55 y el 60 % de los residuos sólidos urbanos (RSU), dice Santiago González Echeverry, jefe del área de disposición final de Emvarias Grupo EPM de Medellín. Ubicado en Don Matías, a 57 kilómetros de la capital de Antioquia, este vertedero inició operaciones en 2003, cuando el antiguo relleno de la Curva de Rodas alcanzó su máxima capacidad.

Al día llegan 3.200 toneladas de basura a La Pradera. Un 60 % de eso son orgánicos y material de poda. González Echeverry argumenta que el porcentaje es alto debido a que “el aprovechamiento de los orgánicos no es fácil”, y que requiere de voluntad política.

Varios municipios del Oriente antioqueño sugieren que solo falta voluntad conjunta, compromiso y pensar en las necesidades de la población para cambiar la situación. El mismo Santiago dice conocer de cerca el caso de La Ceja, en el que hay recolección selectiva. Hoy 20 de los 26 municipios antioqueños en la jurisdicción de la autoridad ambiental Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare (Cornare) tienen un carro que recoge selectivamente el orgánico de los usuarios. Solo que no en todos se procesan y terminan en los rellenos. Cinco localidades del Oriente depositan en La Pradera, entre ellos Rionegro y El Retiro, que según Cornare dispusieron allí en un 80 % y 83 % de sus residuos, aprovechando solo el 1 % y 8 % de sus orgánicos respectivamente. Entre los poblados bajo la observación de Cornare está Argelia, que aunque pequeño, logró posicionarse como el municipio que más porcentaje de recuperación reporta en la región.

Otros municipios que se consideran ejemplo como La Ceja o El Carmen de Viboral aprovechan el 45 % y el 17 % del total de sus residuos, muestran reportes oficiales de esta autoridad.

El jardín de mariposas

Desde hace tres años en el relleno de Argelia ya no se ven aves carroñeras en manada. Tal vez unas tres asentadas en los árboles, como extrañando su anterior reino de podredumbre. Tampoco perros despedazando bolsas o los pilones de compostaje, porque la dirección de La Mina entregó a sus usuarios canecas de doble compartimento y pedal que les permite a los encargados tirar al carro de la ruta el residuo directamente, sin intermediación de bolsas plásticas. En esos días de recogida selectiva no se sienten los olores que anunciaban, tan fuerte como campanas, que era el día de basuras. “El municipio pasó de tener un relleno lleno de gallinazos a un jardín de mariposas”, dice Camilo Sánchez, el gerente del lugar.

Al ingresar se ven largos tallos de auyamas que contra todo pronóstico emergieron de la tierra de algunas de las primeras Pacas Digestoras Silva que se comenzaron a hacer allí en 2018. Esta idea que es similar al reciclaje en el bosque fue parte de la solución que Camilo aceptó explorar para solventar el problema de salubridad de sus empleados y los alrededores. Con una genuina curiosidad les consultó a sus empleados.

Toño, el fontanero, ante la posibilidad de exponer su opinión, dijo que había visto en YouTube a un señor canoso y barbado que hacía unos cubos de residuos orgánicos prensados, un tipo de compostaje y decía que de esta forma no producía olores. Receptivo, Camilo los animó a probar la idea del señor de los videos, Guillermo Silva. No les resultó bien las primeras veces, un detalle clave se les pasó. Les faltó usar la cobertura vegetal en forma de nido para bordear en la medida justa los residuos de comida.

Guillermo, quien por mucho tiempo trabajó en el campo, luego se hizo promotor de reciclaje orgánico a través de su desarrollo que es una especie de mimética del bosque. Él explica que esta es un procesador biológico fermentador que funciona con los mismos organismos recicladores del bosque nativo. Para hacerla se dispone de un molde sobre tierra natural, no es necesario cavar. En la infografía se detalla cómo cuatro tableros que se anclan en cuadrado permiten la compactación de los residuos. Un buen colchón de desechos de jardín deben sostener las capas de orgánico de cocina y hojarasca que le sigan. Esta puede contener restos de comida: el arroz que se le vinagró, servilletas, huesos del pollo y hasta hojas de periódico aceitado mojado o sucio. Luego de cubrir con más hojarasca se pisa el contenido como en una vendimia, y se hace otra capa.

Un año y medio después de estar haciendo pacas con la técnica adecuada, gracias a formaciones que tuvieron con Edgar Córdoba, tecnólogo en sistemas de gestión ambiental egresado del Sena y discípulo de Guillermo, Cornare les sumó 18 composteras de aireación convectiva (ver Para saber más), módulos hechos con madera plástica, material inorgánico aprovechable para el reciclaje de orgánicos, porque este abunda y su personal es limitado (tienen de 3 a 6 empleados). Ahora solo hacen un paca digestora semanalmente, que le tarda máximo dos horas y media a un trabajador. Para cubrir las cinco toneladas de residuos orgánicos a la semana, se necesitan unas 20 Pacas Digestoras cada ocho días. Tienen el terreno, pero no el personal.

Córdoba aclara que “en las pacas digestoras a diferencia de las composteras, se compactan los residuos para que se fermenten en cambio en el compostaje la aireación los pudre”.

Para comprender este reciclaje innovador, cada vez se le hace más investigación que permita entender sus propiedades físicas y químicas. La Mina, a través del programa Mejor Agro apoyado por la Gobernación de Antioquia, mandó a hacer pruebas químicas a su abono orgánico y el grupo Giem de la U. de A., certificado por el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), lo destacó como el mejor del Oriente Antioqueño.

“Tal vez su debilidad es que aún no están estandarizadas como otros métodos, pero lo que sí se sabe es que es un proceso limpio”, agrega Ossa. Por su parte Guillermo repunta diciendo que en el caso del relleno La Mina usan bolsas de cementeras –que el constructor entrega organizadas y sacudidas, confirma Camilo–, como una adecuación al proceso. “El papel les ayuda a hacer nido cuando no hay suficiente material de poda. Eso indica que en cada lugar se pueden hacer adaptaciones del método, de acuerdo a las condiciones particulares”.

Aunque la idea inicial con las pacas era brindarle salud y dignidad al trabajador del reciclaje en el campo, ahora Guillermo no puede contar con sus manos el número de pacas que se hacen también en las ciudades. La red de Huerteros de la capital antioqueña reporta un mapa digital con más de 70 puntos en los que se hacen pacas entre Medellín, Bogotá y dos municipios de Cundinamarca, así como en otros países: México, Argentina y Francia.

Silva asesta un proyectil de datos que generan preguntas, ya que hace unos años le ha echado cabeza a la posibilidad de tratar los residuos orgánicos dentro de la ciudad: “Si cada habitante de Medellín hiciera media Paca digestora al año se podría procesar todo el orgánico en la ciudad porque una paca digestora aloja el volumen de residuos de 2 personas al año. La basura de Medellín tiene 1.000 toneladas diarias de orgánicos y la ciudad tiene más de 1.000 hectáreas de zonas verdes. Una tonelada/ diaria de residuos en PDS, solo ocupa el 6% de cada Hectárea, lo cual permite reducir gran cantidad de conminación por basura y por transporte de basura”.

La tesis de pregrado de Catalina Ossa, otra pupila de Guillermo, exploró uno de los primeros pasos que pretenden entenderla fue reconocida como Meritoria en 2016. Ahora está adelantando nuevas publicaciones científicas más afinadas.

Sobre Argelia, Catalina, que hoy es ingeniera ambiental de la U. de A. e integrante del Laboratorio del Grupo de Ingeniería y Gestión Ambiental (LabGIGA) expresa: “Eso que están desarrollando podría ser copiado en todas partes, por ejemplo el Suroeste de Antioquia, que es fuerte y organizado en separación, pero es muy débil en disposición final y en plantas de tratamiento o aprovechamiento. Allá incluso hay instituciones explorando las pacas digestoras”.

Catalina dice que Guillermo fue su maestro, y que tal vez por la sencillez de la técnica, su idea ha sido poco receptiva a gran escala. Ella proyecta que sus estudios científicos ayuden a estandarizarla científicamente para promover su uso. Para ella Guillermo es un “sembrador, de jardines, árboles e ideas”.

Vea aquí la infografía de cómo se construyen una paca digestora:

(Si no puede ver el gráfico de clic aquí)

55 %
de los orgánicos de Argelia se recuperan en el relleno sanitario.
13 %
es el porcentaje recuperado en Marinilla. El menor en el oriente antioqueño
en definitiva

El municipio de Argelia pudo aprovechar gran cantidad de sus orgánicos con la voluntad de varios líderes de la región. El relleno se limpió y la comunidad hace parte de la solución.

Contexto de la Noticia

PARA SABER MÁS composteras con madera plástica

Construidos en madera plástica proveniente de posconsumo, los módulos de compostaje aportados por Cornare funcionan con un sistema de aireación convectiva para la transformación de material orgánico en abono. Cuentan con perforaciones de 10 milímetros para mejorar el flujo de oxígeno. Soporta 1600 kilogramos de aserrín y residuos orgánicos.

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