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¿Qué significan? 50 términos sobre la conversación de género

  • Encuentre aquí el significado de algunos términos sobre mujeres y equidad de género. ILUSTRACIÓN SSTOCK
    Encuentre aquí el significado de algunos términos sobre mujeres y equidad de género. ILUSTRACIÓN SSTOCK
ADRIANA LUCÍA PUENTES | Publicado el 24 de noviembre de 2020

Conozca las definiciones de estas 50 palabras, claves en la conversación sobre mujeres y equidad de género.

Para hacer este glosario fueron consultados la Secretaría de las Mujeres de la Alcaldía de Medellín, sentencias de la Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional, el Instituto Nacional de las Mujeres de México, Profamilia, Amnistía Internacional, el glosario de género y salud de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, ONUAA; el Índice de Desigualdad de Género del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo; el Diccionario Electoral, Tomo I, del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, IIDH; el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar; el Centro Nacional para el Desarrollo de la Mujer y la Familia de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, Usaid; la Agencia Suiza para el desarrollo y la cooperación, Cosude; la guía metodológica para integrar la perspectiva de Género en programas y proyectos de Desarrollo Emakunde, Instituto Vasco de la Mujer; la consultora latinoamericana Inclusión y Equidad; el Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia, Unicef; información del proveedor de servicios de salud reproductiva en Estados Unidos Planned Parenthood; el Diccionario de estudios de Género y Feminismos publicado por Mujeres en Red; información del programa de educación sexual de la Universidad de Chile; la guía para un uso no sexista del lenguaje de la Fundación ONCE con colaboración de la Fundación Cermi Mujeres; la Real Academia Española; la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres de México; la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México; información del colectivo Caribe Afirmativo; el glosario de términos igualdad entre hombres y mujeres: “100 palabras para la igualdad”; la Organizaciòn Internacional del Trabajo; Naciones Unidas; el Ministerio de Salud de Colombia; el Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales de España y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Además, se consultaron varios textos como: Dominación masculina, Pierre Félix Bourdieu (2000); La aplicación de la cuota mínima de participación de las mujeres: ¿ficción o realidad? Un diagnóstico para Costa Rica; “Hembrismo, como la evolución de un síntoma a través de generaciones” (2014); La mujer posmoderna y el machismo de Daros, William Roberto (2014); Una breve historia de la misoginia de Anna Caballé; Sistemas sexo/género “matriarcales” de la Universidad de Vigo; El patriarcado: una estructura visible de Luisa Montero García y Mariano Nieto Navarro (2002); Estudio Memoriales de mujeres: la sororidad como experiencia de empoderamiento para resistir a la violencia patriarcal de Universidad Católica de Córdoba; Revisión teórica del concepto de victimización secundaria publicado por la Universidad Cooperativa de Colombia.

Vea aquí el especial sobre violencia contra la mujer: Ellas soy yo

Contexto de la Noticia

¿QUÉ SIGNIFICAN? GLOSARIO

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Abuso sexual: la Corte Suprema de Justicia dice que es cuando se consuman los deseos del agresor a través de violencia física o mental contra hombres, mujeres y personas de las comunidades LGBTIQ. En otras palabras, un caso de acoso puede dar vía a uno de abuso, en la medida en que el acosador realice sus amenazas. En Colombia el abuso sexual tiene una condena de entre 8 y 16 años de cárcel.

Acoso: el que en beneficio suyo o de un tercero y valiéndose de su superioridad manifiesta o relaciones de autoridad o de poder, edad, sexo, posición laboral, social, familiar o económica, acose, persiga, hostigue o asedie física o verbalmente, con fines sexuales no consentidos, a otra persona según el Artículo 210-A de la Ley 599 de 2000. Los tipos más reconocidos de acoso son: el acoso laboral, el acoso moral o psicológico y el acoso sexual. En Colombia el acoso sexual es castigado con una pena de entre 1 y 3 años de prisión.

Análisis de género: proceso teórico-práctico que analiza de forma diferenciada roles, espacios y atributos que la construcción social adjudica a las personas y los visualiza dentro de un sistema de relaciones de poder. Permite detectar “la política de las relaciones de género” y los ajustes que han de realizarse por parte de las instituciones para alcanzar la equidad entre hombres y mujeres.

Androcentrismo: según el Instituto Nacional de las Mujeres de México es una visión del mundo que tiene como centro o eje principal a los hombres, sus actividades y los valores asociados a la masculinidad como parámetro de lo humano. La visión “androcéntrica” segmenta a mujeres y hombres y refuerza estereotipos de unas y otros, según los papeles (roles) que deben cumplir en diversos ámbitos de la vida pública y privada. Es importante considerar que esta visión androcéntrica no sólo minimiza o desvaloriza a las mujeres, también impone un tipo de masculinidad para los hombres y anula el reconocimiento de otras formas de vivirla, ya que el “modelo masculino” que aparece como representación de la humanidad reúne un conjunto de atributos caracterizados por la condición social, preferencias sexuales, credos religiosos y apariencia física y que como ideología sexista estigmatiza a las mujeres y los hombres que no correspondan con los estereotipos que rigen el “deber ser” de las personas, según su sexo.

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Brechas de género: son los diferenciales en el acceso, participación, acceso y control de recursos, servicios, las oportunidades y los beneficios del desarrollo. El análisis de las brechas de género permite ver el alcance de las desigualdades en todos los ámbitos. El Índice Global de Brecha de Género tiene como objetivo medir esta brecha entre hombres y mujeres en cuatro áreas clave: salud, educación, economía y política. Según el informe global de Brecha de Género del Foro Económico Mundial para 2020 que hace de 153 países ninguna nación ha logrado la plena paridad de género. Colombia se ubica en el puesto 22 a nivel global y marca 0,758 en un margen sobre 1 que es igual a paridad en este índice.
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Círculo de violencia: fue descrito por la psicólogo estadounidense Leonor Walker en 1978 tras trabajar en un refugio para mujeres maltratadas y observar que muchas describían patrones similares en el proceso de maltrato. Inicia con la fase de tensión que se caracteriza por una escalada gradual de tensión en la pareja y ahí inician las agresiones, comúnmente de baja intensidad, luego se pasa a la fase de agresión: en la que estalla la violencia (física, psicológica y/o sexual) y los actos de violencia son más severos y frecuentes para llegar a la fase de conciliación (luna de miel) donde el agresor pide perdón y se dice arrepentido de haber violentado a la víctima.

Coeducación: consiste en educar a los humanos superando los roles de género que la sociedad prescribe para unas y otros en función del sexo de pertenencia. Su finalidad es propiciar el desarrollo integral de las alumnas y los alumnos, para lo cual se presta especial atención a la aceptación de sí misma/o, el reconocimiento de la otra persona y la valoración positiva de las diferencias a través de una convivencia enriquecedora. El modelo coeducativo organiza todo el quehacer educativo de una institución educativa tomando como eje referencial a la persona, tiene como fin su crecimiento integral y como procedimiento el desarrollo de todas sus capacidades y potencialidades. Afecta tanto a los contenidos curriculares como a los espacios educativos, además de las relaciones, los materiales didácticos, las actitudes y expectativas del profesorado, los recursos y actividades, la escala de valores que transmite la escuela y la estructura organizativa de los centros. Según información de la Secretaría de las Mujeres de Medellín.

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Derechos sexuales y reproductivos: son derechos humanos y su finalidad es garantizar que todas las personas puedan vivir libres de discriminación, riesgos, amenazas, coerciones y violencia en el campo de la sexualidad y la reproducción. Según detalla Profamilia son: Derecho a tener una vida sexual libre, segura y placentera; derecho a decidir si tener o no tener relaciones sexuales, derecho a expresar y ser respetado por la orientación sexual y/o identidad de género; derecho a que se respete la intimidad sexual y confidencialidad; derecho a acceder a métodos anticonceptivos que se adapten a las necesidades y deseos; derecho a decidir si se quiere o no tener hijos, así como el número y el espacio que transcurre entre cada uno; derecho a decidir si conformar o no una familia y el tipo de familia que se desea; derecho a obtener información clara, científica, objetiva y accesible sobre el cuerpo y la salud sexual y reproductiva; derecho a acceder a servicios de salud sexual y salud reproductiva que se adapten a las necesidades; derecho a recibir apoyo y que se realicen ajustes para poder tomar decisiones libres e informadas sobre el cuerpo, la sexualidad y reproducción.

Derechos de las mujeres: Según Amnistía Internacional las mujeres tienen derecho a no sufrir discriminación ni violencia por el hecho de haber nacido mujeres. Tienen derecho a no ser maltratadas ni asesinadas por sus parejas o ex parejas, a no vivir con el miedo constante a ser agredidas sexualmente con impunidad, a no ser discriminadas en el trabajo ni en el acceso a los recursos económicos y de producción, a vestirse como quieran, a estudiar lo que quieran, a decidir sobre su cuerpo, su sexualidad y su reproducción sin coacción ni presiones. Tienen derecho a expresarse libremente, a hablar alto y reclamar sus derechos sin miedo a ser encarceladas, perseguidas o asesinadas por ello. Y aunque el 10 de diciembre de 1948 las naciones del mundo adoptaron el compromiso de fomentar los derechos humanos y libertades sin distinción de sexo, raza, idioma y religión desde entonces se han puesto en marcha numerosos mecanismos y leyes, a nivel internacional, regional y nacional, para asegurar que dichos derechos y libertades lleguen de manera efectiva a esa mitad de la población, las mujeres como en 1979 cuando se aprobó la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, instrumento clave de Naciones Unidas en la protección de los derechos de las mujeres o en Europa, en 2011 se aprobó el Convenio de Estambul, con el objetivo de abordar todas las formas de violencia hacia las mujeres.

Desarrollo con enfoque de género: según la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional en su glosario de género y salud este concepto se refiere a la construcción de relaciones de equidad y solidaridad entre géneros como condición para la realización personal y el desarrollo integral. Parte de la idea central de que mujeres y hombres son actores del desarrollo, por lo que ambos deben tener acceso a los recursos, los beneficios que genere y sobre todo el acceso compartido a las decisiones. Sin embargo, es importante recordar que las personas tienen necesidades y expectativas diferentes que el desarrollo debe proveerles, por lo tanto las políticas de desarrollo que se impulsen tienen que responder además a esas necesidades específicas del género, y en esa medida diseñar las estrategias adecuadas para asegurarles las oportunidades de acceso a los recursos y beneficios de los géneros.

El fundamento de este concepto propone que para que haya desarrollo con enfoque de género, se debe trabajar en la sustentación de la equidad como principio generador de oportunidades para mujeres y hombres.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, ONUAA, o más conocida como FAO, establece que se refiere a que los planificadores y formuladores de política deberán tener en cuenta los principales aspectos relativos a las funciones asignadas socialmente a mujeres y a hombres y a sus distintas necesidades específicas. En efecto, si se desea alcanzar el desarrollo sostenible, las políticas de desarrollo deberán tener presente las disparidades existentes entre hombres y mujeres en el campo del trabajo, la pobreza, la vida familiar, la salud, la educación, el medio ambiente, la vida pública y las instancias de decisión.

Desigualdad de género: es un fenómeno social que supone la aparición de una discriminación entre personas como consecuencia de su género. Según el Índice de Desigualdad de Género del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo las desventajas que experimentan las niñas y las mujeres son una causa importante de desigualdad. “Con demasiada frecuencia, sufren discriminación en la salud, la educación, la representación política y el mercado de trabajo, entre otros ámbitos, lo que tiene repercusiones negativas para el desarrollo de sus capacidades y su libertad de elección”, se lee.

El Índice de Desigualdad de Género es un indicador que mide las desigualdades en tres aspectos importantes del desarrollo humano: 1) la salud reproductiva, que se mide por la tasa de mortalidad materna y la tasa de fecundidad entre las adolescentes; 2) el empoderamiento, que se mide por la proporción de escaños parlamentarios ocupados por mujeres y la proporción de mujeres y hombres adultos de 25 años o más que han cursado como mínimo la enseñanza secundaria; 3) la situación económica, expresada como la participación en el mercado laboral y medida según la tasa de participación en la fuerza de trabajo de mujeres y hombres de 15 años o más.

Mide el costo que supone la desigualdad de género para el desarrollo humano; así pues, cuanto más alto sea el valor del Índice de Desigualdad de Género, más disparidades habrá entre hombres y mujeres y también más pérdidas en desarrollo humano. Latinoamérica y el Caribe marcaron un puntaje de 0.383 en el índice de 2019 versus el 0.531 del Mundo árabe, Asia Oriental y el Pacífico marcan 0,310; Europa y Asia Central tienen 0,276 y Asia meridional tiene 0,510.

Discriminación positiva: es el establecimiento de normas que buscan, intencionadamente, favorecer a un determinado sector de la población que hasta el momento se consideraba minoritario, realizando una acción afirmativa de derechos de las minorías, según el Diccionario Electoral, Tomo I, del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, IIDH. Esta legislación de protección es un mecanismo que intenta revertir una discriminación existente en algún lugar o país, imponiendo limitaciones y reservando espacios de acción para personas o sectores que se han mantenido hasta entonces excluidos.

Para hacer viable la discriminación positiva, ésta se materializa creando una representación especial o en arreglos “consociacionales” que reservan un número de bancas o escaños a un sector de la sociedad.

Un ejemplo en América Latina de este método de corrección electoral es Colombia, donde la Constitución de 1991 creó circunscripciones especiales para la minoría indígena y para las llamadas negritudes. En el caso de los indígenas pueden postularse en las elecciones quienes hayan tenido algún tipo de autoridad tradicional-tribal. Para cada grupo se previó dos escaños en el parlamento, y después se ha ampliado a tres para los indígenas. Otras formas de implantar la discriminación positiva lo constituyen la aplicación de normas legales, una política pública, una decisión judicial o un lineamiento oficial vía decreto, que busque la igualdad de oportunidades ya sea para las mujeres, los pueblos indígenas, afrodescendientes, adultos mayores, niños “de” y “en” la calle u otros grupos discriminados socialmente. Por eso, la acción afirmativa responde a una necesidad concreta, en determinado tiempo y lugar que es moralmente obligatoria y a la vez legal, y sirve como mecanismo para neutralizar los desequilibrios derivados del género, la etnia o las exclusiones socioeconómicas, entre otras causas de discriminación.”

Diversidad sexual: según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar la diversidad sexual y de género son conceptos que se utilizan para identificar todas las manifestaciones de la sexualidad humana y su identidad de género, incluyendo las no heterosexuales, que comúnmente se denominan LGBTIQ (lesbianas, gays, bisexuales, transgeneristas, intersexuales y queer). Para Profamilia hablar de esta diversidad exige entender la diferencia entre los elementos que la componen: sexo biológico, características biológicas y físicas usadas típicamente para asignar el género al nacer como son los cromosomas, los niveles hormonales, los genitales externos e internos y los órganos reproductores. Género: construcción social, cultural y psicológica que determina el concepto de mujer, hombre y de otras categorías no binarias o normativas. Es la conceptualización de nuestra identidad y comportamientos. Y la identidad de género o identidad sexual: es la percepción y manifestación personal del propio género. Es decir, cómo se identifica alguien independientemente de su sexo biológico. La identidad de género puede fluir entre lo masculino y femenino, no existe una norma absoluta que lo defina.

Dominación de género: según el Centro Nacional para el Desarrollo de la Mujer y la Familia de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, Usaid, es la capacidad de controlar y decidir sobre la vida del otro género. Se conoce como una estructura que eterniza las relaciones asimétricas entre los géneros, de la cual son partícipes tanto los hombres como las mujeres. Agregan que “en un sistema de género, donde el dominio es patriarcal, se establecen relaciones no equitativas entre hombres y mujeres. Además, se asegura el monopolio de poderes de dominio al género masculino y a los hombres, mientras el género femenino y las mujeres, quedan sujetas al dominio masculino. Por eso los hombres suelen normar a las mujeres, dirigirlas y controlarlas, casi de manera incuestionable”.

El sociólogo francés Pierre Félix Bourdieu asegura en su libro “Dominación masculina” (2000) que la diferencia biológica entre los sexos, especialmente la distinción anatómica de los órganos sexuales, aparece como la justificación natural de la diferencia socialmente establecida entre los sexos y de la relación arbitraria de dominación de los hombres sobre las mujeres, que se inscribe de esta manera tanto en aspectos objetivos como subjetivos. Agrega que es a partir de la violencia simbólica que se estructuran las relaciones desiguales entre los géneros: un conjunto de hábitos, percepciones y esquemas de relación que producen y reproducen las asimetrías en las relaciones entre hombres y mujeres. Se trata por tanto de una estructura de relaciones de dominación en la que están atrapados por las concepciones del dominador no sólo los subordinados, sino también los mismos dominadores. La dominación masculina se perpetúa así en todas las relaciones e instituciones sociales, puesto que es producto de una violencia simbólica invisible para sus propias víctimas. Las relaciones de dominación no se sustentan en decisiones conscientes, sino que están ocultas tanto para los dominantes como para dominados, y se expresan en percepciones y hábitos duraderos y espontáneos. Los dominados contribuyen, sin saberlo, a su propia dominación al aceptar las concepciones sobre los límites entre categorías sociales.

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Empoderamiento: es un proceso que contribuye a que las personas y sus organizaciones puedan ser, hacer y decidir por sí mismas según la Agencia Suiza para el desarrollo y la cooperación, Cosude. El concepto de empoderamiento surge desde la lucha feminista, como un término orientado a identificar mecanismos y condiciones para que las mujeres equilibren su poder frente a los hombres. Según el glosario de términos sobre género del Centro Nacional para el Desarrollo de la Mujer y la Familia de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, Usaid, el término empoderamiento puede entenderse como el “proceso que experimentan individual y colectivamente los seres humanos que sufren la discriminación, entre ellos las mujeres, en el cual adquieren valoración de sí mismos, conocimientos, destrezas y habilidades que les permiten, gradualmente, decidir su propio destino...”. Este proceso de empoderamiento, tiene como referente u objetivo central, que los individuos “amplíen su poder relativo frente al hombre”. Esta última acepción, significa que el empoderamiento en términos operacionales se inicia mediante un proceso de capacitación que permite el desarrollo de las capacidades, destrezas y habilidades que hagan a la persona participar activamente en los procesos económicos, sociales y políticos. También “ha sido acuñado para describir el proceso de toma de conciencia de género, así como para la toma de posición con respecto al poder en sociedades patriarcales y el accionar personal y colectivo que les conduzca a diseñar formas alternativas para su ejercicio.

La guía metodológica para integrar la perspectiva de Género en programas y proyectos de Desarrollo Emakunde, Instituto Vasco de la Mujer, lo define como el “concepto central de la perspectiva de género. Incluye el fortalecimiento de la posición social, económica y política de las mujeres. Su objetivo es reducir o eliminar las relaciones de poder entre los sexos. Es importante destacar que el término poder se utiliza en el sentido de “poder para”, —por ejemplo, el reconocimiento de las propias capacidades y habilidades para ejercer influencia, poder y liderazgo en algunas o todas las relaciones sociales, y actuar en función de este reconocimiento— y no en el sentido de poder sobre otras personas. Empoderarse es , en este sentido, el paso de cada mujer de ser objeto de la vida, la política, la cultura, y de los otros, a ser sujeta de la propia vida. Empoderarse es para las mujeres, como categoría social, ser sujetas sociales, económicas, jurídicas, judiciales, o políticas. Ser sujetas de la cultura significa pensar y sentir legitimidad para, nombrar, decir, comunicar, actuar, experimentar, tener derecho a... Darse la autoridad y confiar en la capacidad de lograrlo. La autoridad se produce cuando se genera autoconfianza y seguridad subjetiva y hay una aceptación de ser legítima para... Por eso, desde la perspectiva feminista, empoderarse es algo que le sucede a cada quien. Una se empodera, no la empoderan.

Existen diferentes visiones sobre este término, estos son algunos: “El empoderamiento se relaciona, (...), con el poder, cambiando las relaciones de poder en favor de aquellos que con anterioridad tenían escasa autoridad sobre sus propias vidas” (Romano, 2002). Según Rappaport (1990), la noción subyacente al empoderamiento es la conflictividad, la percepción de una sociedad conformada por grupos separados, cada uno de los cuales posee diferentes niveles de poder y control sobre los recursos. El empoderamiento se interesa en las personas excluidas de la sociedad. Como dice Carlos Acuña (2002): “Si hablamos de producir poder, de contribuir a la construcción de un poder para un actor que hoy no lo tiene, estamos hablando de la inclusión de ese actor con autonomía en un proceso de toma de decisiones del que hoy está excluido. Este proceso es netamente político”. Para Iturralde (2005) el empoderamiento está enfocado en la transformación de las relaciones de poder asimétricas. De esta manera el empoderamiento cobra dos formas: una intrínseca, inspirada en la psicología y otra externa, vinculada al mundo social.

Enfoque de género: es la forma de observar la realidad con base en las variables sexo y género y sus manifestaciones en un contexto geográfico, étnico e histórico determinado. Este enfoque permite visualizar y reconocer la existencia de relaciones de jerarquía y desigualdad entre hombres y mujeres, expresadas en opresión, injusticia, subordinación y discriminación según el glosario de términos sobre género del Centro Nacional para el Desarrollo de la Mujer y la Familia de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, Usaid.

La consultora latinoamericana Inclusión y Equidad precisa que desde la mirada del género se ha ido construyendo un nuevo paradigma para comprender y actuar en las dinámicas sociales y desde allí se aporta a enriquecer la explicación y cambio del comportamiento diferencial de hombres y mujeres. La incorporación del enfoque de género aporta, además, a transformar el sistema sexo-género, lo que se explica a través de dos mecanismos: a nivel micro (por los efectos que se comienzan a producir en comportamientos, valoraciones y estereotipos culturales masculinos y femeninos, así como en las relaciones sociales entre hombres y mujeres en los “micro” espacios de poder) y a nivel macro porque intenta producir efectos en la división sexual del trabajo y la valoración diferencial asignada a esas actividades, así como en el acceso al “macro” poder”.

Equidad de género: es dar a cada cual lo que le pertenece, reconociendo las condiciones o características específicas de cada persona o grupo humano (sexo, género, clase, religión, edad). Es el reconocimiento de la diversidad...” sin que esto implique razones para discriminar. De esta forma la equidad de género, entendida como el conjunto de características o rasgos culturales que identifican el comportamiento social de mujeres y hombres, lo mismo que las relaciones que se producen entre ellos, deben basarse sobre relaciones de equidad; es decir, que cada cual reciba en su justa proporción lo que como seres humanos les corresponde de acuerdo con las necesidades y condiciones que les impone determinado contexto social y temporal según el libro La aplicación de la cuota mínima de participación de las mujeres: ¿ficción o realidad? Un diagnóstico para Costa Rica.

Agregan que la equidad es, como principio, una condición indispensable y necesaria para lograr la igualdad de género por eso se le considera elemento complementario de esa igualdad. La equidad pone en perspectiva tanto la diversidad y la desigualdad ya sea en el plano social, económico, político y cultural. Por lo mismo, trabaja sobre la base de que tanto las mujeres y los hombres tienen derecho a “acceder a las oportunidades” que les permita en forma individual y colectiva alcanzar una mayor igualdad y mejorar su calidad de vida. De este modo, la equidad se traduce en un eje transversal que trasciende la condición de género como tal, para proyectarse al desarrollo humano y social como máxima aspiración”.

Unicef asegura que Colombia ha avanzado en materia de equidad de género, especialmente en la creación de un marco legal y de política pública que busca garantizar los derechos humanos de las mujeres.

El Plan de Acción para la Igualdad entre los Géneros 2018-2021 de Unicef es uno de los principales lineamientos de la organización para la promoción de entornos libres de discriminación en el que las personas tengan los mismos derechos y oportunidades. Este plan está alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 (ODS). ¿Qué hacen? Unicef Colombia brinda asesoría técnica a cada área programática, socios implementadores y entidades y organizaciones aliadas, de forma que se identifiquen las maneras de mitigar y transformar las desigualdades, violencias y discriminaciones de género en aquellos proyectos que emprende la organización o en aquellas políticas públicas o programas de los gobiernos nacional y locales.

Estereotipo: es un prejuicio o criterio ampliamente aceptado sobre una persona o sobre un grupo, si bien es una simplificación excesiva y no siempre es preciso. Los estereotipos de género pueden ocasionar un trato desigual e injusto por el género de una persona. Esto se denomina “sexismo”. Según Planned Parenthood existen cuatro tipos básicos de estereotipo de género: rasgos de personalidad: por ejemplo, se espera que las mujeres sean complacientes y emocionales, y que los hombres sean seguros y agresivos. Comportamiento doméstico: por ejemplo, algunas personas esperan que las mujeres se encarguen de los niños, cocinen y limpien la casa, mientras que los hombres se encargan de las finanzas, del automóvil y de las reparaciones. Ocupaciones: algunas personas asumen rápidamente que quienes se ocupan de la docencia y la enfermería son mujeres, mientras que quienes se dedican a la medicina, a la ingeniería o a pilotar aeronaves son hombres. Aspecto físico: por ejemplo, se espera que las mujeres sean delgadas y elegantes, mientras que se espera que los hombres sean altos y musculosos. También se espera que los hombres y las mujeres se vistan y se arreglen de forma estereotipada según su género (los hombres con pantalones y pelo corto; las mujeres con vestidos y maquillaje).

Agregan que los estereotipos extremos de género son dañinos porque no permiten que las personas expresen completamente lo que piensan ni sus emociones. Por ejemplo, es dañino para las personas masculinas considerar que no deberían llorar o expresar emociones sensibles. A su vez, es dañino para las personas femeninas sentir que no deberían ser independientes, inteligentes o firmes. Romper con los estereotipos de género les permite a las personas mostrar su mejor faceta.

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Feminismo: “proviene del vocablo francés féminisme, que significa “mujerismo”, el que fue establecido a inicios del siglo XIX y que hacía referencia a quienes defendían los derechos de la mujer.

Según el “Diccionario de estudios de Género y Feminismos” publicado por Mujeres en Red, algunas autoras ubican los inicios del feminismo a fines del siglo XIII, cuando Guillermine de Bohemia planteó crear una iglesia de mujeres. Otras rescatan como parte de la lucha feminista a las predicadoras y brujas, pero es recién a mediados del siglo XIX cuando comienza una lucha organizada y colectiva. Las mujeres participaron en los grandes acontecimientos históricos de los últimos siglos como el renacimiento, la revolución Francesa y las revoluciones socialistas, pero en forma subordinada y que es a partir del sufragismo cuando reivindican su autonomía.

En el s. XIX, Flora Tristán vincula las reivindicaciones de la mujer con las luchas obreras. Publica en 1842 La Unión Obrera, donde presenta el primer proyecto de una Internacional de trabajadores, y expresa “la mujer es la proletaria del proletariado [...] hasta el más oprimido de los hombres quiere oprimir a otro ser: su mujer”. Sobrina de un militar peruano, residió un tiempo en Perú, y su figura es reivindicada especialmente por el feminismo latinoamericano.

El denominado “nuevo feminismo”, comienza a fines de los sesenta del último siglo en los EE.UU. y Europa, y se inscribe dentro de los movimientos sociales surgidos durante esa década en los países más desarrollados. Los ejes temáticos que plantea son, la redefinición del concepto de patriarcado, el análisis de los orígenes de la opresión de la mujer, el rol de la familia, la división sexual del trabajo y el trabajo doméstico, la sexualidad, la reformulación de la separación de espacios público y privado -a partir del eslogan “lo personal es político”- y el estudio de la vida cotidiana. El nuevo feminismo asume como desafío demostrar que la Naturaleza no encadena a los seres humanos y les fija su destino: “no se nace mujer, se llega a serlo” (S. de Beauvoir).

Dentro del feminismo contemporáneo existen numerosos grupos con diversas tendencias y orientaciones por lo cual es más correcto hablar de movimientos feministas.

Feminicidio: es el asesinato de una mujer por su condición de mujer o por motivos de su identidad de género. En Colombia el feminicidio fue tipificado como un delito autónomo por la ley 1761 del 6 de julio de 2015, ley Rosa Elvira Cely, para garantizar la investigación y sanción de las violencias contra las mujeres por motivos de género y discriminación y dice que quien causare la muerte a una mujer, por su condición de ser mujer o por motivos de su identidad de género incurrirá en prisión de doscientos cincuenta (250) meses a quinientos (500) meses.

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Género: Profamilia lo define como la construcción social, cultural y psicológica que determina el concepto de mujer, hombre y de otras categorías no binarias o normativas. Es la conceptualización de nuestra identidad y comportamientos. También es definido como el conjunto de ideas, creencias y atribuciones sociales, que se construyen en cada cultura y momento histórico con base en la diferencia sexual. Y sus rasgos se han ido moldeando a lo largo de la historia de las relaciones sociales, según el programa de educación sexual de la Universidad de Chile. Agregan que ha sido conceptualizado como elemento estructurador de un conjunto de relaciones sociales (las relaciones de género) que determinan las interacciones de los seres humanos en tanto personas sexuadas. Las relaciones de género son socialmente construidas y, por lo tanto, son transformables; no proceden de la biología ni son necesariamente armoniosas, al contrario, pueden ser de oposición y conflicto.
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Heteronormatividad: remite a que lo heterosexual es la norma imponiendo así el sistema binario jerárquico de lo que es considerado correctamente femenino y masculino (Hedlin, 2010:25). Wenersson (2010:401) explica que la heteronormatividad es un término que se usa para aclarar la hegemonía heterosexual, esto es que, otro tipo de relación amorosa que no sea entre un hombre y una mujer es vista como anormal e indeseable. Todo aquello que no sigue la norma conforma una otredad.

Hembrismo: se entiende como un conjunto de actitudes y prácticas sexistas de prepotencia y discriminación contra los varones. Alude a una actitud de prepotencia de las mujeres respecto de los hombres, o bien un parcialismo discriminatorio claramente favorable a la mujer en acciones u opiniones. Como se puede observar, su significación es contraria a la de machismo aunque caminan en un mismo sentido, por lo que también puede incluirse dentro del fenómeno del sexismo y la discriminación sexual, lo que se traduce en una violencia de género según el trabajo “Hembrismo, como la evolución de un síntoma a través de generaciones” (2014) publicado en la Federación psicoanalítica de América Latina. El hembrismo utilizaría entonces, al igual que el machismo, medios coercitivos para lograr su objetivo. Quienes defienden su existencia, postulan que al igual que como hoy se reconoce la violencia ejercida en base al género como un problema importante y que traspasa las clases sociales, esta misma violencia sería ejercida por parte de las mujeres hacia los hombres.

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Identidad sexual o de género: es la percepción y manifestación personal del propio género. Es decir, cómo se identifica alguien independientemente de su sexo biológico. La identidad de género puede fluir entre lo masculino y femenino, no existe una norma absoluta que lo defina, Según Profamilia. Agregan que algunas identidades de género son: Trans (término que engloba a todas aquellas personas que se identifican con un género diferente al asignado al nacer o que expresan su identidad de género de manera no normativa: transexuales, transgéneros, travestis, queer, género fluido, género no binario, entre otros), transexual (persona en la que su identidad de género difiere del género asignado al nacer. Existen muchas maneras de vivir y sentir la transexualidad, algunas personas transexuales consideran necesario transformar su cuerpo a través de tratamiento hormonal y/o cirugías de reasignación sexual), transgénero (persona que cuestiona los roles masculino y femenino impuesto desde el nacimiento y que decide construirse de forma opuesta o diferente a lo establecido socialmente, en algunos casos, este proceso de transito se da mediante la transformaciones corporales y procesos hormonales), transformistas (personas que ocasionalmente asumen roles del género opuesto. Hombres que tienen conductas, atuendos y estilos femeninos, contrarios a su propio género; mujeres que disfrutan con conductas, atuendos y estilos masculinos), travestis (personas que expresan su género, de manera permanente, a través de la utilización de prendas de vestir y actitudes social y culturalmente consideradas propias del otro género. Hombres o mujeres, no todas las personas travestis son necesariamente homosexuales).

Ideología de género: la separación entre sexo y género constituye una de las principales características de la denominada ideología de género, para la cual el ser humano nace sexualmente neutro y luego es socializado con un género. Por ello, se proponen diversas formas de género que dependen de la orientación sexual como el ser homosexual, lesbiana, bisexual o transexual, equiparándolas al ser heterosexual. Por consiguiente, según las preferencias personales, cada persona se construye a sí misma a lo largo de su biografía con independencia de su sexo biológico y del contexto sociocultural en el que vive.

Invisibilización de las mujeres: desvalorización que hace la sociedad de las actividades realizadas por las mujeres, considerándose como actividades naturales o propias de ellas. “Un ejemplo es el concepto generalizado que tiene la sociedad sobre los oficios domésticos y el cuidado de niños, adultos mayores o de animales, que son percibidos como parte de los roles de la mujer.”

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LGBTIQ: es una sigla que se usa como término colectivo para referirse a las personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, transexual, travesti, intersexual y queer. La denominación “comunidad LGBTI”, con el uso de una sigla que incluye a las personas intersexuales (I), aparece ya en la Sentencia de la Corte Constitucional T-314 de 2011. Recientemente ha sido agregada la Q para referirse a “queer”, una palabra que describe una identidad de género y sexual diferente a la heterosexual y cisgénero. Según información de Planned Parenthood, organización sin fines de lucro que brinda atención de salud reproductiva en los Estados Unidos y en todo el mundo, sls personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero pueden llegar a identificarse con la palabra “queer”. Se utiliza a veces para expresar que la sexualidad y el género pueden ser complicados, cambiar con el tiempo, y no encajar ordenadamente en una identidad o la otra, como ser hombre, mujer, gay o hetero.

Lenguaje sexista: es el uso discriminatorio del lenguaje por razón de sexo, bien por los vocablos escogidos o bien por el modo de estructurarlos. Por ejemplo, en la frase “los trabajadores de la organización fueron invitados a un ágape”, se incide en sexismo lingüístico, que deriva de la masculinización de la expresión. Dicho con otras palabras, discrimina a las mujeres que no se ven representadas en el vocablo masculino “trabajadores”. Según la guía para un uso no sexista del lenguaje de la Fundación ONCE con colaboración de la Fundación Cermi Mujeres, el español en sí no es una lengua sexista, pero sí lo pueden ser tanto las y los hablantes como las y los oyentes, dependiendo de sus interpretaciones. No es necesario tener mala intención para que una frase contenga una carga sexista y se hace un uso sexista del lenguaje cuando: discrimina o invisibiliza a las mujeres al hablar o al escribir, ya que se expresa en masculino exclusivamente con valor genérico; sobrevalora lo masculino e ignora o minimiza la presencia de las mujeres; insiste en identificar “Humanidad” con “hombre”. El término “hombre” funciona como genérico y sinónimo de “personas”; cuando hay vacíos léxicos: la ausencia de palabras para referirse a ciertas cualidades en las mujeres que sí tienen vocablo para los hombres; chistes y refranes que patentan el sexismo.

Las fundaciones recomiendan en la guía que para detectar el sexismo lingüístico con facilidad y rapidez se puede emplear la regla de la inversión. Esta estrategia consiste en sustituir la palabra dudosa por su correspondiente género opuesto. Es decir, poniendo a las mujeres en el lugar de los hombres, y viceversa. Si la frase resulta inadecuada, es que el enunciado es sexista y, por lo tanto, hay que hacer un esfuerzo por hacerla más inclusiva.

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Machismo: de acuerdo a la Real Academia Española, el machismo es una “actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres”. Se compone de ciertas conductas, comportamientos y creencias que promueven, reproducen y refuerzan diversas formas discriminatorias contra las mujeres. Se construye a través de la polarización de los roles y estereotipos que definen lo masculino de lo femenino. Su principal característica es la degradación de lo femenino; su mayor forma de expresión, la violencia en cualquiera de sus tipos y modalidades en contra de las mujeres, definición de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres de México.

Según el texto La mujer posmoderna y el machismo de Daros, William Roberto (2014) el machismo, como construcción cultural, es un modo particular de concebir el rol masculino, modo que surge de la rigidez de la mayor parte de las sociedades del mundo contemporáneo, para establecer y agudizar las diferencias de género entre sus miembros. Es así como se generan expectativas de comportamiento en torno del varón que incluyen valores y actitudes, conformando de este modo una concepción ideológica asentada en la superioridad del macho en relación con la hembra, superioridad que se ha pretendido fundamentar desde distintas perspectivas ideológicas a lo largo de la historia del pensamiento. Todo ello genera una jerarquización cultural y social de las características masculinas en desmedro de las femeninas.

Agregan que el machismo es una vertiente del sexismo o prejuicio sexual que se expresa, por lo regular, de manera inconsciente en la mayoría de las sociedades humanas. Este sistema de creencias o ideología clasifica por grados de superioridad e inferioridad a los seres humanos según el grado en que actúan; esta clasificación se hace de acuerdo a las expectativas supuestamente «esenciales», «naturales» o «biológicas» de lo que representa ser un «verdadero hombre» o una «verdadera mujer». Las personas son vistas y juzgadas con base en las características «biológicas», o «naturales» o «verdaderas» del grupo sexual al que pertenecen, sin tener en cuenta las diferencias que puedan darse entre ellos y dentro de ellos. El aprecio por la subjetividad, por la decisión libre de las personas ha puesto en cuestión esa forma tradicional de clasificación. Desde hace tiempo, se distingue genitalidad de sexualidad, lo cultural de lo psicológico y social. Se advierte ahora que las formas de categorizar a las personas son fuertemente ideológicas, esto es, encubridoras de ciertos valores que benefician a ciertos grupos que ejercen o ejercieron el poder social. En esas categorizaciones, se manifiesta frecuente y más o menos solapadamente, una actitud de desprecio y discriminación hacia la mujer.

¿Cómo se ve el machismo? En el texto dicen que el machismo se sigue expresando en actitudes más sutiles, como pagar mejores salarios a los varones por desempeñar funciones similares o iguales a las de las mujeres, o conceder a los hombres los mejores accesos a puestos de responsabilidad gerencial, política o religiosa. También se observa en mensajes publicitarios que de un modo u otro denigran a la mujer o la relegan a funciones como el hogar y la familia.

De acuerdo a la investigadora colombiana Mara Viveros-Vigoya, el machismo ha sido definido como la obsesión masculina con el predominio y la virilidad, que tiene expresión en la posesividad respecto de la propia mujer y en actos de agresión y jactancia en relación con otros hombres (Viveros-Vigoya, 2006).

En una línea afín, se distingue entre machismo tradicional y caballerismo. El machismo tradicional muestra una actitud negativa hacia las mujeres, exalta los rasgos masculinos y acentúa la creencia de superioridad del hombre sobre la mujer. El caballerismo muestra una actitud positiva hacia la mujer y está centrado en los roles tradicionales de crianza y familia. El machismo tradicional es independiente del caballerismo, pudiendo dar lugar a la aparición de ambos rasgos en una persona, a lo que se denomina sexismo ambivalente (Arciniega, Anderson, Tovar-Blank y Tracey, 2008).

Misoginia: está formado por la raíz griega “miseo”, que significa odiar, y “gyne” cuya traducción sería mujer, y se refiere al odio, rechazo, aversión y desprecio de los hombres hacia las mujeres y, en general, hacia todo lo relacionado con lo femenino. Ese odio (sentimiento) ha tenido frecuentemente una continuidad en opiniones o creencias negativas sobre la mujer y lo femenino y en conductas negativas hacia ellas.

Anna Caballé, especialista en géneros biográficos, profesora de literatura española e hispanoamericana en la Universidad de Barcelona, recogió en su antología Una breve historia de la misoginia la representación literaria de la misoginia desde la edad media hasta el siglo XVI, el periodo barroco, el siglo XVIII, el XIX y el XX y se leen testimoniales del desprecio, odio y descalificación de las mujeres en obras y autores clásicos y no sólo por parte de los hombres sino también de las mismas mujeres. André Glucksmann, filósofo francés, dice que “el odio más largo de la historia, más milenario aún y más planetario que el del judío es el odio a las mujeres”.

Cualquier forma de ideología que pretenda privar de derechos a las mujeres, por el mero hecho de serlo, es misógina, sin importar cuál sea el pretexto que para ello se utilice (económico, social, teórico ensalzamiento de la mujer para la que se reservan mejores destinos....) según el Centro de Estudios Jurídicos de Gran Canarias en su Curso de Formación de Fiscales Mujer e Igualdad.

Agregan que históricamente, las teorías que sostienen la superioridad del hombre sobre la mujer han sido base de las tres grandes religiones monoteístas. Y así (sin perjuicio de la diferenciación en cuanto al grado y la intensidad) la fe cristiana, la musulmana y la judía se han puesto de acuerdo para ofrecer un trato diferenciado por sexos, con el que privilegian a los hombres en el ejercicio de sus libertades, al tiempo que limitan la vida de las mujeres. Relegan, estas tres religiones, a las féminas. Para ellas. reservan los cuidados del hogar, a los que acompañan estrictas restricciones en los códigos de conducta o vestimenta. Religiones enmarcadas en relatos y escrituras con designios de grandeza reservados para los hombres, que, curiosamente, son los que ejercen el poder en ellas. Así, sostiene Juan José Tamayo, director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid, que “las religiones son uno de los lugares donde las mujeres sufren una de las más radicales experiencias de silenciamiento, discriminación e invisibilización.”

Masculinidad: se define como el conjunto de atributos, valores, comportamientos y conductas que son característicos del hombre en una sociedad determinada. Actualmente se cuestiona la presencia de un hombre universal, ya que actuar como hombre varía de acuerdo con el contexto histórico, social, cultural, etcétera. Reconociendo que cada persona aprende de manera distinta a ser hombre o mujer, es válido afirmar que existen muchas formas de ser hombre. Debido a que el concepto de “lo masculino” deriva de una construcción social, su significado se modifica en consonancia con los cambios culturales, ideológicos, económicos e incluso jurídicos de cada sociedad, en una época determinada.

Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México hay masculinidad hegemónica, en la que sus integrantes se caracterizan por ser personas importantes, independientes, autónomas, activas, productivas, heterosexuales, y a nivel familiar, proveedoras y con un amplio control sobre sus emociones. También existe la masculinidad subordinada en la que algún o algunos rasgos de la masculinidad dominante están ausentes; se trata de hombres que no son tan fuertes, cuya capacidad económica no es grande, no comparten rasgos como el autocontrol emocional, pertenecen a una minoría, y no se identifican con el estereotipo o prototipo masculino hegemónico. Y masculinidades alternas que se da en algunos hombres que al analizar las masculinidades anteriormente señaladas han llegado a la conclusión de que no desean ejercer ninguna de ellas; que, por el contrario, están dispuestos a analizar y elegir otras conductas, características y actitudes nuevas. De ahí que actualmente haya hombres que toman lo bueno de una y otra forma, obteniendo la posibilidad de elegir cómo relacionarse con otros; reconociendo que la relación no debe ser necesariamente violenta ni implicar atracción sexual; respetar el derecho a definir la preferencia sexual; asumir que los hombres tienen derecho a experimentar los mismos sentimientos que las mujeres y de igual forma evaluar positivamente la amistad entre hombres.

Matriarcado: alude a las sociedades en las que la mujer ocupa la autoridad preponderante en aspectos fundamentales de la vida pública y privada. La palabra deriva del latín māter, madre, y del griego archein, gobernar.

En 1961 el político, antropólogo sociólogo y filósofo suizo, teórico del matriarcado, Johann Jakob Bachofen demostró en el “El derecho de la madre” que en las sociedades primitivas habían existido otras formas familiares diferentes al patriarcado. En el libro presentó una visión radicalmente nueva del papel de la mujer en una amplia gama de sociedades antiguas. Bachofen no habló en su obra de matriarcado, ya que la entrada en escena del concepto de matriarcado y los grandes debates en torno al mismo se produjeron en la segunda mitad del siglo XIX.

Sin embargo la idea de un matriarcado, o ginecocracia, formaba parte de la tradición cultural occidental, al menos, desde la antigüedad. Historiadores griegos ya habían hablado de sociedades gobernadas y compuestas únicamente por mujeres como las míticas amazonas que fueron descritas en los relatos de Hecateo de Mileto, Herodoto y Jenofonte, desde el siglo V y VI. Herodoto hablaba de la existencia de una ginecocracia entre las amazonas o hacía referencias a la inversión de los roles de género en Licia o en antiguo Egipto.

Dice el texto Sistemas sexo/género “matriarcales” de la Universidad de Vigo, España que según la antropología, el matriarcado no ha existido nunca. Se han encontrado lugares donde la mujer goza de ciertas cuotas de poder que favorecen la igualdad entre ambos sexos. Entre los inuit norteamericanos; en el antiguo Dahomey en África, en zonas de Bali, los ibo de Nigeria; en algunos pueblos de la Amazonía americana, en los semang de la península malaya; en los ashanti de África occidental; en los lepcha del Himalaya, o entre los kung del desierto del Kalahari, entre otros. En la actualidad se mantienen supuestos matriarcados entre los nagovisi de la isla de Bouganville frente a Papúa Nueva Guinea; los minangkabau en el oeste de Sumatra en Indonesia; los khasi, garo y jaintia que habitan en el estado de Menghalaya al norte de la India; los machiguenga de Perú; los mosuo, en el estado de Yunann de China; los bijagó de Guinea Bissau o los zapoteca del Istmo de Tehuantepec en México (Ortner 1979, Heritier 2002, Moore 1991, Mérida 2002).

Existe en China una comunidad de unos veinticinco mil habitantes, en la que mandan las mujeres: los Mosuo, uno de los pocos matriarcados que sobreviven con fuerza en el siglo XXI.

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Necesidades de género: este concepto reconoce que las mujeres tienen necesidades particulares que son distintas a la de los hombres, dada su posición subordinada y al papel que esté asignado a los géneros en un contexto concreto. La división entre las distintas necesidades forma parte de la estrategia de Género en el Desarrollo. Está asociado con las necesidades estratégicas que se derivan del análisis de las relaciones de dominio / subordinación entre los géneros en una sociedad, y expresan un conjunto de objetivos relacionados con una organización más igualitaria de la sociedad. Varían según el particular contexto social, económico y político en el que se formulan.
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Orientación sexual: se refiere a la atracción erótico afectiva hacia personas del mismo sexo, sexo contrario o de ambos sexos según el colectivo Caribe Afirmativo. Según información de Planned Parenthood, organización sin fines de lucro que brinda atención de salud reproductiva en los Estados Unidos y en todo el mundo, hay varios tipos de identidad relacionados con la orientación sexual: las personas que se sienten atraídas a un género diferente (por ejemplo, mujeres que se sienten atraídas por hombres, y hombres que se sienten atraídos por mujeres) por lo general se consideran “heterosexuales”; las personas que sienten atracción por personas del mismo género se suelen considerar “homosexuales” o “gais”. Las mujeres gay prefieren el término “lesbiana”; las personas que sienten atracción tanto por hombres como por mujeres se suelen autodenominar “bisexuales”; las personas que sienten atracción por diferentes posibilidades de identidad de género (hombre, mujer, transgénero, intergénero, intersexual, entre otras) pueden autodenominarse “panasexuales” o queer; las personas que no están seguras de su orientación sexual pueden decir que están “en duda” o que son “curiosas”; las personas que no sienten ningún tipo de atracción sexual por nadie suelen llamarse “asexuales” a sí mismas. Precisan que algunas personas no se sienten exactamente representadas por ninguna de estas etiquetas y otras no les gusta la idea de las etiquetas en absoluto.
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Patriarcado: diversos autores (Huberman et al, 2012; Montero García y Nieto Navarro, 2002) designan patriarcado como una estructura social jerárquica, un sistema sociocultural basada en un conjunto de ideas, prejuicios, símbolos, costumbres e incluso leyes en la que se considera que los varones son superiores a las mujeres y como consecuencia han de tener el poder y el control tanto en la familia, el trabajo como en todas las instituciones de la sociedad.

Su origen como sistema sociocultural se vincula a la acumulación de bienes y de excedentes del trabajo agrícola que sucedieron en forma lenta en la historia cuando los seres humanos dejaron atrás la recolección, la caza y en cierta medida la vida nómada. Los cambios en la manera de vivir transformaron la organización de los miembros de dichos grupos; variaciones en el control del grupo familiar fueron uno de los primero efectos: tener la certeza sobre el padre biológico de la descendencia se volvió crucial con el propósito de heredar los bienes acumulados; surge así la preponderancia del varón, del patriarca y del patriarcado con todas sus consecuencias. A los varones se les consideró como propietarios de la tierra, el ganado, los productos agrícolas, las mujeres y la descendencia. Se esperaba que el patriarca fuera un ser fuerte, procreador, polígamo sin castigo alguno, acumulador de riqueza y capaz de controlar la conducta de sus descendientes; entre otros. A las mujeres se les fue relegando a los espacios domésticos y se les asignaron las tareas de madre-esposa con la procreación, crianza de hijos-hijas y el cuidado como labores esenciales.

Montero García y Nieto Navarro (2002) hacen la diferencia entre machismo y patriarcado. Consideran al machismo una actitud y conducta individual o colectiva y al patriarcado como una estructura social generalizada que se manifiesta y actualiza según los contextos históricos.

Perspectiva de género: implica reconocer que una cosa es la diferencia sexual y otra cosa son las atribuciones, ideas, representaciones y prescripciones sociales que se construyen tomando como referencia la identidad sexual. Todas las sociedades estructuran su vida y construyen su cultura en torno a la diferencia sexual.

Prejuicio: juicio previo no contrastado con la realidad: predisposición a adoptar un comportamiento negativo hacia un grupo o hacia sus miembros. Según la perspectiva de género, los prejuicios se configuran como el conjunto de actitudes o comportamientos que llevan a tener una opinión negativa, errónea y rígida de las personas del sexo opuesto, así como a reiterar estereotipos en relación con el género. Pueden ser contra mujeres o contra hombres. Según Casas Martínez, María de la Luz en Prejuicios, estereotipos y discriminación (2008) el prejuicio no es solamente una declaración de opinión o de creencia, sino una actitud que incluye sentimientos tales como desprecio, disgusto o total repudio. Donde esté latente el prejuicio, los estereotipos muy rara vez quedan atrás. El término “estereotipo” hace referencia a reproducciones mentales de la realidad sobre las cuales se generaliza acerca de miembros u objetos de algún grupo. Tanto el prejuicio como las generalizaciones pueden poseer contenido positivo o negativo; en esta reflexión analizaremos solamente su contenido negativo. El prejuicio, el estereotipo y la discriminación con frecuencia se presentan juntos. Después de la Segunda Guerra Mundial, Theodor Adorno concluyó que la clave del prejuicio se atribuía a lo que él llamó una “personalidad autoritaria”. Describe este tipo de personalidad en sujetos de pensamiento rígido que obedecen a la autoridad, miran al mundo como blanco y negro e imponen un apego estricto a las reglas sociales y jerarquías.

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Roles de género: son los papeles asignados según el sexo de cada cual. Un conjunto de funciones, tareas, responsabilidades y prerrogativas que se generan como expectativas/exigencias sociales y subjetivas: es decir, una vez asumido el rol por una persona, la gente en su entorno exige que lo cumpla y pone sanciones si no se cumple. La misma persona generalmente lo asume y a veces construye su psicología, afectividad y autoestima en torno a él. Planned Parenthood, organización sin fines de lucro que brinda atención de salud reproductiva en los Estados Unidos y en todo el mundo, precisa que cada sociedad, grupo étnico y cultura tiene expectativas en relación con los roles de género, pero estos pueden variar mucho entre un grupo y otro, y también pueden cambiar con el tiempo dentro de la misma sociedad. Por ejemplo, en los Estados Unidos, el rosa era considerado un color masculino, y el celeste, un color femenino.
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Sistema de género: se entiende como el conjunto de estructuras socioeconómicas y políticas que mantiene y perpetúa los roles tradicionales de lo masculino y femenino, así como lo clásicamente atribuido a hombres y a mujeres. Este término también se puede homologar con el de contrato social de género, el cual alude a un conjunto de pautas implícitas y explícitas que rigen las relaciones entre hombres y mujeres, y se les atribuyen a unas y otras distintos trabajos y distinto valor, responsabilidades y obligaciones. Lo anterior se sustenta en tres niveles: a) la superestructura cultural (normas y valores de la sociedad), b) las instituciones (sistemas de protección de la familia, la educación y el empleo, etc.), y c) los procesos de socialización (aquí destaca la familia). Esto según el Glosario de términos igualdad entre hombres y mujeres: “100 palabras para la igualdad”.

Este enfoque teórico es nuevo en las ciencias sociales. Se produjo a partir de los años setenta como parte de un proceso de revisión en las ciencias sociales sobre la forma como se había abordado en sus investigaciones y elaboraciones conceptuales la utilización de la variable sexo. El sexo era una variable que estaba presente en la mayoría de los estudios, sea como variable independiente o como variable dependiente. Sin embargo, nunca se había conceptualizado en qué consistía exactamente.

El concepto “sistema sexo/género” es utilizado por primera vez por Gayle Rubin en su artículo “El tráfico de mujeres: notas sobre la economía política del sexo”, publicado en 1975. Para esta autora, “un sistema sexo/género es un conjunto de acuerdos por el cual la sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana y en las cuales estas necesidades sexuales transformadas, son satisfechas”.

Sexismo: se designa la discriminación de personas de un sexo por considerarlo inferior a otro. “El sexismo abarca todos los ámbitos de la vida y el lenguaje es uno de ellos”, Calero Fernández M. A. (1999): Sexismo lingüístico, análisis y propuestas ante la discriminación sexual en el lenguaje.

Sexo: conjunto de características biológicas de las personas, determinadas antes del nacimiento y básicamente inmodificables, que las identifican como femenino y masculino.

Sororidad: viene del latín soror, sororis, hermana y se utiliza para referirse a una nueva forma de relación entre mujeres, como hermanas iguales al propiciar la confianza, el apoyo mutuo, el reconocimiento recíproco de la sabiduría y la autoridad, para muchas mujeres la sororidad es una experiencia profundamente positiva en su vida.

La política, académica, antropóloga e investigadora mexicana, Marcela Lagarde y de los Ríos, lo define como una dimensión ética, política y práctica del feminismo contemporáneo. Una experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y la alianza existencial y política, cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con otras mujeres, para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas las formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío genérico de todas y al empoderamiento vital de cada mujer.

Lagarde señala que no se trata necesariamente de que nos amemos, aunque lo hagamos más de una vez. No se trata tampoco de concertar siempre, compartiendo una fe común, ni de coincidir en cosmovisiones que terminan siendo impuestas. Se trata, en cambio, de pactar con cada vez más mujeres algunas cosas, más de una vez de manera limitada y puntual; de sumar y crear vínculos.

La sororidad busca, y ya es al mismo tiempo, la concreción de formas de empoderarse de las mujeres, en orden a aprovechar las capacidades, los bienes, las oportunidades, los recursos a favor de una misma y, por ser una experiencia colectiva, a favor de muchas. Al afirmar la autoidentidad y la autoestima de género, potencia la fortaleza y la confianza en una misma y en el colectivo de mujeres, en las habilidades y capacidades propias, así como el acceso a recursos necesarios para regir, resignificar y enriquecer la propia vida.

En el estudio Memoriales de mujeres: la sororidad como experiencia de empoderamiento para resistir a la violencia patriarcal de Universidad Católica de Córdoba, Argentina resalta como un movimiento sororial a las Madres de Plaza de Mayo en Argentina, una asociación formada durante la dictadura de Jorge Rafael Videla inicialmente con el fin de recuperar con vida a los detenidos desaparecidos. Luego se volcaron en establecer quiénes fueron los responsables de los crímenes de lesa humanidad y promover su enjuiciamiento.

Sexualidad: según Planned Parenthood la sexualidad es quienes somos como personas, y cambia y crece a lo largo de nuestras vidas. La sexualidad incluye comportamientos sexuales, las relaciones sexuales, y la intimidad; cómo elegimos expresarnos como hombres y mujeres (incluyendo la forma en que hablamos, vestirnos y relacionarnos con los demás); orientación sexual (heterosexual, homosexual, bisexual), valores, creencias y actitudes como se relacionan con ser barón o hembra; cambios que pasan a nuestros cuerpos como las etapas de la pubertad, el embarazo o la menopausia; si y cómo escogemos tener niños; el tipo de amigos que tenemos; cómo sentimos con respecto a la manera en que vemos; quienes somos como persona; y la forma en que tratamos a los demás.

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Techo de cristal: es una metáfora que designa un tope para la realización de la mujer en la vida pública, generado por los estereotipos y las construcciones culturales de las sociedades a través del tiempo. Este límite detiene la ascensión piramidal de las mujeres hacia puestos de alta jerarquía e impide su realización personal en la esfera del reconocimiento público. La Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres en México agrega que el techo de cristal se refiere al conjunto de normas no escritas al interior de las organizaciones que dificulta a las mujeres tener acceso a los puestos de alta dirección. Su carácter de invisibilidad es resultado de la ausencia de leyes y códigos visibles que impongan a las mujeres semejante limitación. Desde un principio se utilizó para hacer referencia a las barreras que la mujer tiene para avanzar en la escala laboral, que no son fácilmente detectables, pero suelen ser la causa de su estancamiento.

El término ‘techo de cristal’, o ‘Glass Ceiling Barriers’ en el original en inglés, apareció por primera vez en un artículo del Wall Street Journal en 1986 en los Estados Unidos. El artículo describía las barreras invisibles a las que se ven expuestas las mujeres trabajadoras altamente calificadas que les impedía alcanzar los niveles jerárquicos más altos en el mundo de los negocios, independientemente de sus logros y méritos .

Transversalización del enfoque de género: es el proceso de valorar las implicaciones que tiene para los hombres y para las mujeres cualquier acción que se planifique, ya se trate de legislación, políticas o programas, en todas las áreas y en todos los niveles. Es una estrategia para conseguir que las preocupaciones y experiencias de las mujeres, al igual que las de los hombres, sean parte integrante en la elaboración, puesta en marcha, control y evaluación de las políticas y de los programas en todas las esferas políticas, económicas y sociales, de manera que las mujeres y los hombres puedan beneficiarse de ellos igualmente y no se perpetúe la desigualdad. El objetivo final de la integración es conseguir la igualdad de los géneros. Esto según el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC) que definió el concepto en julio de 1997.

La Organización Internacional del Trabajo dice que la idea de integrar las cuestiones de género en la totalidad de los programas sociales quedó claramente establecida como estrategia global para promover la igualdad entre los géneros, en la Plataforma de Acción adoptada en la Cuarta Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, celebrada en Pekín en 1995. Dicha Plataforma resaltó la necesidad de garantizar que la igualdad entre los géneros es un objetivo primario en todas las áreas del desarrollo social.

Especifican que las intervenciones para la igualdad pueden orientarse a las mujeres exclusivamente, a las mujeres y a los hombres al mismo tiempo o únicamente a los hombres, con el fin de que puedan participar en la labor de desarrollo y se beneficien de ella por igual. Se trata de medidas provisionales necesarias, concebidas para luchar contra las consecuencias directas e indirectas de la discriminación en el pasado.

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Víctima: según Naciones Unidas se entenderá por “víctimas” las personas que, individual o colectivamente, hayan sufrido daños, inclusive lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o menoscabo sustancial de los derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u omisiones que violen la legislación penal vigente en los Estados Miembros, incluida la que proscribe el abuso de poder.

Victimario: es la persona que inflige cualquier tipo de violencia a otra. Si bien esta definición no distingue que la persona agresora puede ser mujer u hombre, la evidencia estadística en el mundo muestra que los principales agresores de las mujeres son los hombres, tanto en el ámbito público como privado, mientras que para las niñas y los niños son las mujeres adultas según el Instituto Nacional de las Mujeres de México.

Victimización: maltrato o trato diferenciado hacia una persona debido a que ha presentado una denuncia o porque apoya la denuncia de alguien más. La victimización primaria ocurre cuando se ha sido víctima de un delito. La Victimización secundaria hace referencia a la mala o inadecuada atención que recibe una víctima por parte del sistema penal, e instituciones de salud, policía, entre otros (Garcia-Pablos, 1993; Campbell, 2005). Según el trabajo Revisión teórica del concepto de victimización secundaria publicado por la Universidad Cooperativa de Colombia este fenómeno, pese a los efectos perjudiciales que ocasiona en las víctimas, no es un tema de debate y atención especial, que podría prevenirse o reducirse con medidas simples a nivel social, político, económico y psicológico.

Montada (1991; 1994) y Albarrán (2003) consideran que la victimización secundaria es una reacción social negativa generada como consecuencia de la victimización primaria, en la que la víctima reexperimenta una nueva violación a sus derechos legítimos, cuando la policía, las instituciones sociales y gubernamentales intervienen con el fin de repara la situación de la víctima, a nivel económico, social, físico y psicológico. Así mismo, Berril y Herek (1992) añaden que este tipo de victimizaciones ocurren cuando los otros (que no han sido víctimas) responden de forma negativa a la víctimas, por su condición sexual, racial, étnica o religiosa.

Para Albertin (2006), la victimización secundaria se deriva de las relaciones entre la víctima y las instituciones sociales (servicios sociales, sanitarios, medios de comunicación, jurídicos, etc.), quienes en algunas oportunidades brindan una mala o inadecuada atención a la víctima (Beristain, 1999)

El término victimización secundaria recibe distintas denominaciones entre ellas revictimización o doble victimización: se trata de repetidas situaciones por las que tienen que pasar las víctimas después de haber sido afectada por algún delito (especialmente aquel como el abuso sexual), ante los organismos judiciales, viéndose obligadas a testificar un número infinito de veces, perjudicandose psicológica y emocionalmente de manera más profunda y traumática a la víctima. “A partir de la denuncia, las víctimas de cualquier delito, deben enfrentar numerosas situaciones en el ámbito de la justicia, que las hace sufrir. Largas esperas en pasillos, interminables recorridos por diversas oficinas, nuevas citaciones que con frecuencia las llevan a arrepentirse de haber hecho la denuncia”. Rozanski, (2003)

La revictimización también incluye la mala intervención psicológica terapéutica o médica que brindan profesionales inescrupulosos y mal entrenados para atender situaciones que revisten características particulares. Rozanski, (2003)

Cabe aclarar que el término revictimización en ocasiones se utiliza para referirse a múltiples victimizaciones producidas por el mismo agresor o diferentes agresores en diferentes momentos, estas situación se describe especialmente en delitos como la agresión sexual (generalmente por parte del conyugue o pareja, o en casos como el incesto) (Campbell y Raja, 2005; Risser, Hetzel-Riggin y Thomsen, 2006) y la violencia conyugal, donde la víctima es una y otra vez agredida por su compañero, padre o padrastro.

Violencia de género: las violencias de género corresponden a cualquier acción o conducta que se desarrolle a partir de las relaciones de ​poder asimétricas basadas en el género, que sobrevaloran lo relacionado con lo masculino y subvaloran lo relacionado con lo femenino según el Ministerio de Salud de Colombia. Agregan que son un problema de salud pública por las graves afectaciones físicas, mentales y emocionales que sufren las víctimas; por la gravedad y magnitud con la que se presentan y porque se pueden prevenir.

El Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales de España especifica que este tipo de violencia se basa y se ejerce por la diferencia subjetiva entre los sexos. En la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer AG ONU, 1993, dice que “todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada”.

Y es el concepto “violencia de género” da nombre a un problema, que incluso hace poco, formaba parte de la vida personal de las personas; era considerado un asunto de familia que no debía trascender de puertas para fuera y, por lo tanto, en el que no se debía intervenir, según la Secretaría General de Igualdad de la Xunta de Galicia.

El Minsalud de Colombia establece que abordar integralmente las violencias de género es importante en la medida que permite prevenirlas, atenderlas y garantizar el acceso a la justicia para que de esta manera se pueda avanzar en la transformación de las relaciones inequitativas de poder por razones de género y hacer real la garantía y el restablecimiento de los derechos de las víctimas. La atención integral y oportuna desde los enfoques de derechos, género y diferencial, favorece intervenciones con calidad que respeten la dignidad de las víctimas.

Violencia sexual: la Organización Mundial de la Salud (OMS) define la violencia sexual como: “todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de ésta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo”.

Adriana Lucía Puentes

Una bailarina barranquillera que terminó siendo periodista. Amante de las novedades tecnológicas y el periodismo digital.


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¿Cómo se imagina un mejor país?

  • Valentina Rosas y Claudio Fuentes de Tenemos que hablar de Chile, visitan Colombia. FOTO Edwin Bustamante Restrepo
    Valentina Rosas y Claudio Fuentes de Tenemos que hablar de Chile, visitan Colombia. FOTO Edwin Bustamante Restrepo
Por Miguel Bernal | Publicado hace 1 hora

Contexto de la Noticia

Paréntesis Hay que hablar de Colombia

Esta iniciativa que se inspira en la Chilena es un trabajo continuo entre las universidades EAFIT, Nacional de Colombia, Los Andes, del Valle, Uninorte e Industrial de Santander, con el impulso de la Fundación Ideas para la Paz y el Grupo SURA en alianza con Bancolombia. Buscan garantizar la inclusión de todo el país. Júlder Alexander Gómez Posada, miembro del equipo, afirma que este espacio brinda información a los ciudadanos para evaluar las propuestas de los candidatos a las próximas elecciones, le ofrece información a los candidatos para elaborar sus propuestas, y ayuda a los medios de comunicación a priorizar los temas de discusión relevantes para esas elecciones.

Miguel Bernal Carvajal

Periodista y magíster en Escrituras Creativas. Buzo de corazón, amante de los viajes, el arte y las buenas historias. También escribo cuentos.

Batman tendrá película en 2022, hay nuevo tráiler

  • “The Batman”, de Warner Bros, se estrenará el 4 de marzo de 2022. FOTO TRÁILER.
    “The Batman”, de Warner Bros, se estrenará el 4 de marzo de 2022. FOTO TRÁILER.
EFE - EL COLOMBIANO | Publicado el 17 de octubre de 2021

Esta noche habrá nuevo rey de la Leyenda Vallenata

  • Cinco acordeoneros están en la competencia y en la noche de este domingo se conocerá al ganador. Foto: Colprensa
    Cinco acordeoneros están en la competencia y en la noche de este domingo se conocerá al ganador. Foto: Colprensa
Colprensa | Publicado el 17 de octubre de 2021

¡Se casan! Mike Bahía le pidió matrimonio a Greecy Rendón durante un concierto

  • Durante la gira de Greecy Rendón por Estados Unidos, Mike Bahía le pidió, en pleno escenario, matrimonio. Foto: Tomada de redes sociales
    Durante la gira de Greecy Rendón por Estados Unidos, Mike Bahía le pidió, en pleno escenario, matrimonio. Foto: Tomada de redes sociales
EL COLOMBIANO | Publicado el 17 de octubre de 2021

¿Le suena la mezcla de queso francés con bocadillo?

  • Ambas gastronomías, la europea y la colombiana, se hacen con delicadeza y cuidado. Foto: Jaime Pérez
    Ambas gastronomías, la europea y la colombiana, se hacen con delicadeza y cuidado. Foto: Jaime Pérez
  • Foto: Jaime Pérez
    Foto: Jaime Pérez
  • Foto: Jaime Pérez
    Foto: Jaime Pérez
Publicado el 17 de octubre de 2021
Jaime Horacio Arango Duque

Periodista, apasionado por el cine, la televisión y el fútbol. Egresado de la U. de A, y envigadeño de nacimiento y residencia.

¿El universo le envía señales? Estas son algunas

  • Este es un ejemplo de una antena de radio de la Agencia Espacial Europea ubicada en Malargüe, Argentina. FOTO Cortesía ESA
    Este es un ejemplo de una antena de radio de la Agencia Espacial Europea ubicada en Malargüe, Argentina. FOTO Cortesía ESA
  • Interpretación de artista de las señalas del mes pasado. Foto: Centro de Astronomía de la Universidad de Sydney.
    Interpretación de artista de las señalas del mes pasado. Foto: Centro de Astronomía de la Universidad de Sydney.
Vanesa de la Cruz Pavas | Publicado el 17 de octubre de 2021
Vanesa de la Cruz Pavas

Periodista de la UPB. Amante de las historias y de las culturas. Estoy aprendiendo a escuchar y a escribir.

Los humanos se están comiendo el planeta. Esto puede hacer para evitarlo

  • Más de 811 millones de personas se encuentran en inseguridad alimentaria en todo el planeta. Foto: Edwin Bustamante
    Más de 811 millones de personas se encuentran en inseguridad alimentaria en todo el planeta. Foto: Edwin Bustamante
Vanesa de la Cruz Pavas | Publicado el 16 de octubre de 2021
Vanesa de la Cruz Pavas

Periodista de la UPB. Amante de las historias y de las culturas. Estoy aprendiendo a escuchar y a escribir.

Las novelas más recordadas del actor Abel Rodríguez

  • Abel Rodríguez se graduó en la Escuela Nacional de Arte de La Habana. Foto: Colprensa
    Abel Rodríguez se graduó en la Escuela Nacional de Arte de La Habana. Foto: Colprensa
EL COLOMBIANO | Publicado el 16 de octubre de 2021

Hidrógeno, otra alternativa “verde”

  • Fabricantes como Toyota y Hyundai trabajan para que los tanques sean prácticamente irrompibles. FOTO SSTOCK.
    Fabricantes como Toyota y Hyundai trabajan para que los tanques sean prácticamente irrompibles. FOTO SSTOCK.
Por Juan Moreno | Publicado el 16 de octubre de 2021

Contexto de la Noticia

Paréntesis El futuro cercano

Toyota ya está comercializando la segunda generación del Mirai y Hyundai trabaja en una ampliación de su portafolio, de hecho, presentó en el pasado Salón del Automóvil de Múnich los avances para abaratar los costos de la pila de hidrógeno que se estrenará en 2023, con la promesa de que sea un 50 % más barata que las actuales.

También anunciaron la fabricación de otros vehículos impulsados por esta tecnología, como un tractor, un vehículo comercial de seis metros de largo, un camión autónomo, entre otros.

El cinturón, una garantía de vida

  • En los asientos traseros también es obligatorio y el no utilizarlo puede traer multas. FOTO SSTOCK.
    En los asientos traseros también es obligatorio y el no utilizarlo puede traer multas. FOTO SSTOCK.
El cinturón, una garantía de vida
Por Andrés Felipe Uribe V. | Publicado el 16 de octubre de 2021

Fintech, una alternativa de crédito educativo

  • Algunas plataformas cuentan con convenios con las universidades. ILUSTRACIÓN SSTOCK
    Algunas plataformas cuentan con convenios con las universidades. ILUSTRACIÓN SSTOCK
Por Sebastián Aguirre Eastman | Publicado el 03 de octubre de 2021
Notas de la sección