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Medellín en los sueños de Yo-Yo Ma

  • En Medellín, el chelista Yo-Yo Ma estuvo en mayo pasado como una de las ciudades elegidas dentro de su Bach Project (Proyecto Bach). FOTO esteban vanegas
    En Medellín, el chelista Yo-Yo Ma estuvo en mayo pasado como una de las ciudades elegidas dentro de su Bach Project (Proyecto Bach). FOTO esteban vanegas
  • Yo-Yo Ma es Mensajero de Paz, por la ONU. FOTO esteban vanegas
    Yo-Yo Ma es Mensajero de Paz, por la ONU. FOTO esteban vanegas
  • Medellín en los sueños de Yo-Yo Ma
  • Medellín en los sueños de Yo-Yo Ma
Por martha ortiz gómez | Publicado el 19 de noviembre de 2019
en definitiva

El chelista Yo-Yo Ma estuvo en Medellín para compartir su pasión por Bach y como una de las ciudades elegidas dentro del proyecto que busca darle salida a problemas locales y universales.

En sus viajes Yo-Yo Ma escucha a las personas, reflexiona sobre los problemas –algunos tan universales– canaliza salidas, lleva esperanza. El chelista lo hace con su proyecto Bach, con el que ha llegado a 12 de las 36 ciudades del mundo que se propuso recorrer durante dos años. Su mensaje va más allá de lo que transmite la música.

¿Qué es para usted la música y el silencio?

“Han cambiado con el tiempo, entonces puedo darte dos puntos de referencia. Escoge una edad, yo hablo del presente y tú de otra en la que estés interesada”.

Elijo sus 20 y comparemos con el ahora...

“La música es como la punta de un iceberg: lo que haces es el 10 %, que es visible; 90 % no lo es. ¿Cuál es el sentido de observar la parte superior de algo o comprenderlo todo? Me gusta pensar que para lograr esto último tienes que saber algo aparte de lo que ves. Hay que interpretar algo que está en la parte superior y después, de alguna forma, con algún tipo de mecanismo, puedes ver todo el iceberg completo. Es lo mismo que sucede con la música, porque tú usas la técnica para mostrar el todo. Tenemos muchas herramientas para hacer esto, por ejemplo, la cultura (...).

Cuando tenía 20 años buscaba hacer las cosas bien: tener un trabajo, explorar el mundo; en ese tiempo, la música era una forma de conocer el mundo. Después me casé, vinieron los hijos –eso cambia todo– y, de repente, tienes un nuevo punto de vista del mundo. Estás más centrado en la familia.

La música, entonces, se convirtió en una especie de versión oral o sonora para expresar lo que está ahí. Me acuerdo que cuando tenía 19 años, por primera vez, tuve que aprender el concierto de Shostakovich y leí el libro Testimonio de Shostakóvich, de Solomon Volkov. Este hombre se volvió un modelo, un referente de la música como testigo de quienes no podían hablar, que no tenían voz (en el símil del iceberg, esto es el 90 %). Cada vez que lo interpretaba, me volvía el defensor de esas voces y esto era realmente difícil porque tenía que hacerlo sin ponerle palabras (te podían matar por hacerlo). Todas las personas que conocían la situación sabían sobre este código. Y el poder de esto estaba en que yo podía estar en los dos lados; podía pasar más allá de los censores porque el realismo social era parte de esa era, pero al mismo tiempo, podía mostrar ese 90 % y todo el mundo lo entendía”.

Aproximarse a la verdad

Y ahora, ¿qué es para usted la música?

“Entonces, a los 20 la música era una reflexión de lo que aprendemos y de lo que experimentamos. ¿Y qué es para mí ahora? Yo la interpreto como parte de la cultura, y esta como todo lo que como humanos y especie hemos inventado para entender mejor lo que nos rodea, a nosotros mismos y a los demás; es aproximarnos en la mayor medida que podamos a la verdad. Ahora hay muchas verdades, disciplinas e identidades, así que siempre tratamos de construir sobre esto con el propósito de que podamos encontrar como especie un posible y prometedor futuro, pero para lograrlo tenemos que mirar el todo, el gran panorama y después llegar a un punto en específico y reconocerlo”.

¿Por esto rueda el proyecto Bach en seis continentes?

“Sí, tengo 63 años ahora y creo que probablemente todos estemos de acuerdo en que el mundo no está bien; se siente intranquilo y podemos usar palabras más fuertes y decir que hay fisuras o fracturas, pero ciertamente está más desestabilizado en este momento, y lo curioso es que Medellín lo está en menor medida”.

¡Oh no!, sí lo estamos...

“Sí lo sé, pero desde una escala lineal, Medellín es increíblemente importante para visitar.

Cada lugar es específico y local –bien sea un país o una ciudad–, y con esa especie de habilidad que tenemos para comunicar cualquier cosa instantáneamente, hay muchos lentes que ven cualquier lugar local, con una mejor o peor interpretación, al importarles más o menos lo que sucede. Sin embargo, esto también significa que cualquier cosa que sea buena que pase allí, no solo le pertenece a la persona que vive ahí, es decir, al local, sino que, de hecho, puede ser recibido y apreciado alrededor del planeta.

Eso es interesante porque cuando interpreto a Bach, que siempre ha sido un compositor que me ha tocado profundamente, siento que en cierta forma es un buen ejemplo de un compositor local cuya obra, en un período de centurias, ahora pertenece al mundo. No se piensa en Bach como un compositor local.

Estoy haciendo este tour como un experimento para expresar que en estos tiempo de desasosiego, como individuos, nos sentimos impotentes al hacer cualquier cosa. Por ejemplo, tú estás en una posición privilegiada, pero, a veces, puede que te sientas realmente impotente. Sin embargo, sabes que tienes una voz. ¿Cómo la usas?

En mi caso, como mi tiempo en este planeta es más corto que antes, quiero darle el mejor uso a lo que hago, entregar todo de mí para revelar lo que pienso acerca de la cultura(...). Trato de entender lo que la gente piensa, hace y dice; y ser parte de una conversación general para que podamos reconocernos el uno al otro así como la humanidad entre nosotros, porque ahora se le da demasiada atención a las diferencias entre las personas y poco interés en quienes de verdad están solucionando problemas. A veces se presentan las mismas dificultades en diferentes lugares, así ¿qué tal si juntamos a los que brindan soluciones y ayuda para encontrar estas cosas en común?

Medellín es un lugar perfecto para venir, porque –no lo sabía– desde finales de los ochenta la gente ha estado pensando culturalmente y en los peores momentos hubo una contraparte. No es que todos los problemas estén resueltos, pero parece ser que los esfuerzos en paralelo son increíbles y grandiosos (...)”.

El punto de partida

¿Qué es lo que está detrás de Bach y de su trabajo que es capaz de ser una iniciativa global que nos llega y toca a todos?

“No digo que es un trabajo global que todo el mundo debería amar, pero es mi tarjeta de presentación y es lo mejor que puedo hacer. Cuando voy como visitante, la gente comparte lo que tiene y lo que quiere mostrarme. A través de los años he aprendido que Bach es un compositor científico. ¿Recuerdas cuando hablamos de dos formas de mirar las cosas: analítica e hipotéticamente? Él hace las dos, él entiende completamente la naturaleza humana; todas las cosas de las que hemos estado hablando son las que él trata de representar en su trabajo. Puedes ver que en sus cantatas hay palabras específicas, motivos particulares e intervalos y variaciones rítmicas que son consistentes, y lo que me gusta de Bach, en particular, es que mientras él comprende tu tristeza, tu alegría y tu dolor, el otro lado es objetivo. Él es como ese tío favorito que tú puedes siempre ir y decirle que te sientes terrible y él te dice: ‘Ok entiendo. Ahora lo que debes hacer es lo siguiente’, y así te sientes mejor por haber hablado con él y no te está constantemente recordando que tiene la razón, porque ocasionalmente hace un comentario. Como compositor no está en el centro de todo, solo muestra lo que ha descubierto acerca de la naturaleza humana pero siempre como un comentarista; participa pero no es súper importante. Tal como estoy yo aquí”.

Con este proyecto plantó una semilla. ¿Cómo va a hacer para continuarlo?

“En la parte teórica, en la fase 1, preguntábamos, ¿es este un proyecto tonto? ¿Es viable? Estamos en la fase dos ahora. Con Medellín terminamos un tercio del tour, 12 lugares, y en esta etapa siempre hablamos de lo que aprendimos. Así, tenemos que tomar en cuenta las realidades de varias personas en cada edad: ¿Qué sabemos?, ¿cómo podemos transmitirlo?, ¿cómo podemos compartir lo que sabemos?, ¿cómo encontrar otras personas que estén interesadas en ideas similares de diferentes clases o grupos sociales?, ¿es esto algo que debemos mostrar con profesores, estudiantes, fundaciones o gobiernos? Pienso mucho en estas inquietudes desde que esto ha ido tomando forma. Somos un pequeño grupo de personas que realmente se ha esforzado para hacer algo y hemos encontrado experiencias humanas muy enriquecedoras. Nuestra intención es ser útiles, pero, ¿cómo mostramos esto? (...).

Después está Suramérica, como una región de verdad, que está pensando acerca de ella misma y de su historia desde una perspectiva única. Esto cambia la conversación porque hay un renacimiento del pensamiento sobre la identidad que es de hecho actual; estamos en medio del nacionalismo, y también hay algo adicional que sucede, liderado por los millennials, que ahora saben qué están haciendo los otros alrededor del globo; algo que un baby boomer como yo no podía saber cuando tenía 30, porque estaba ocupado tratando de explorar el mundo.

Después de la Segunda Guerra Mundial constituimos las Naciones Unidas y, ahora 70 años después, la gente dice que no funciona. Eso fue lo mejor que la gente pudo hacer y crear en ese entonces, así que podemos reconocerlo o destruirlo, ¿sabemos las consecuencias de cualquiera de los dos? Y es que tenemos acceso a tantas cosas estos días, por ejemplo, cómo funciona Facebook; tenemos nuevas generaciones que piensan distinto y quiero conocer qué es lo que están haciendo para construir el futuro próximo.

Lo emocionante acerca de Medellín es que ha habido tal agitación que esto da la oportunidad de reconstruir con la mente de un principiante. No es decir: ‘así es como hacemos las cosas’. Me interesa que esta gran creatividad y esperanza se esparzan, y siento eso en Chile, Ecuador o Perú, por lo que algo en el aire es esperanzador y espero que la gente no se canse 70 años después y vuelvan a sus viejos hábitos.

Tengo esperanza en la siguiente generación y en lo que ustedes tienen aquí, con esta variedad de personas y paisajes. Participar en reformar el concepto alrededor del planeta de lo que debemos ser como especie es la gran esperanza, y empezar desde ahí para aceptar que todos necesitamos una nueva situación. Renovación constante es lo que hacemos en la naturaleza y somos parte de ella (...)”.

Explorar salidas

Usted está absolutamente en lo correcto acerca de lo que sintió. Medellín, de verdad, tocó fondo. Sobrevivió porque los dueños de las compañías, que pertenecen a familias, en vez de irse del país en los peores momentos decidieron quedarse y trabajar por la ciudad. Ellos fueron la contraparte. Sin embargo, estoy un poco preocupada por la Democracia ahora, siento que está en peligro por los algoritmos de Google y Facebook, enfocados en la publicidad, y no en ser canales de comunicación.

Estoy preocupada porque cualquier movimiento popular (y por popular quiero decir de izquierda o de derecha) puede asumir el poder; aunque otras corrientes si bien están separadas, de alguna forma empujan hacia el mismo lado y en eso veo esperanza. Siento que la gente hace lo mejor que puede con las herramientas que tiene, trata de encontrar nuevos caminos y celebro eso. Cualquier cosa que podamos lograr –así como lo que usted hace para llevarlos a esa punta del iceberg y después ir hacia adentro– puede cambiar las cosas para las próximas generaciones.

“Sé que es complicado. Soy un visitante y no quiero decir una cosa o la otra, pero sí quiero reconocer que toda la industria del narcotráfico está impulsada por una cierta demanda en determinados lugares, por lo que hay mucha culpa para repartir. Solo deseo que de dónde venga la demanda, la gente se dé cuenta de que su deseo está solo a un paso de una realidad que no les agradaría conocer”.

El negocio del narcotráfico está generando decenas de muertes ....

“Andrés (Roldán, director de Parque Explora) me mostró algo increíble en las colonias de hormigas. Ellas toman toda la comida y después crean una propia que es como una especie de hongo que tiene químicos para que diferentes hormigas hagan varias cosas. Existen muchos niveles de eso que sucede en la naturaleza y crea orden. Todas esas demostraciones se pueden volver algoritmos y así comprender cómo del caos empiezan a salir cosas interesantes. Somos nuestro propio experimento, y a veces estamos conscientes de lo que hacemos y otras veces no. Esto nos puede llevar a un territorio filosófico aunque también se puede interpretar desde temas muy reales”.

Eso es lo que nos da un propósito, ¿cierto?

“Sí, estamos tratando de entenderlo. Desde que no nos convirtamos en arrogantes de la certeza. Esto es muy peligroso. Porque, ¿estás completamente segura de que estás en lo cierto? Es bueno tener un espacio para decir no sé y no deberíamos ser castigados por decir que no sabemos, pero en múltiples profesiones se te mira por debajo del hombro si dices que no sabes”.

De hecho sería honesto...

“Me acuerdo que les dije a los niños que –sin importar lo que hicieran y si se volvían exitosos en eso– se aseguren de nunca perder su poder”.

¿Cómo se hace eso?

“Al estar atento constantemente. Si eres un profesor, un psiquiatra o un conductor... todo el mundo tiene un poder, asegúrate de no perder el tuyo. Debes estar pendiente de ti porque es fácil decir: ‘No voy a poner atención; estoy ocupado’. Pon un recordatorio: esto no se trata solo acerca de mí, vale la pena pensar en esto”.

Contexto de la Noticia

PARA SABER MÁS Medellín es la ciudad número 12

El proyecto Bach es una ambiciosa propuesta del intérprete y su equipo de trabajo. Durante dos años visitarán 36 ciudades para escuchar los problemas de cada localidad con la música como un catalizador. En cada una de las urbes a las que llega (Medellín, en mayo pasado, fue la número 12), interpreta las Seis suites para chelo del compositor J.S. Bach, que ha estudiado por años.

Paréntesis una experiencia sensorial

“Lo que hacemos es un reflejo de nuestras experiencias y nuestra perspectiva es la lente con la que miramos todo. Yo no entendía y no sabía que nuestro lente va cambiando. Cuando toqué en el Museo Casa de la Memoria y los sobrevivientes entraron, no había interacción, solo música en vivo y sentí que era parte de esta experiencia muy pura porque es lo que la gente quería que fuera: ellos no vinieron por una experiencia musical y yo simplemente estaba ahí; era como un espacio sagrado, una experiencia sensorial y lo que sea que ellos sintieron en ese momento”.

(palabras tras su visita al Museo en mayo pasado).

PROTAGONISTAS la excelencia en la música

yo-yo MA
chelista
Desde los cuatro años, este norteamericano de ascendencia china, se enamoró del chelo y se hizo un maestro de este instrumento al estudiar en la prestigiosa escuela Julliard de música, en EE. UU. También es antropólogo de la Universidad de Harvard. Ha sido nominado al Grammy en 27 oportunidades, de las cuales ha ganado 19.

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