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Salud mental, un factor clave para proteger el corazón

El estrés, la ansiedad o la depresión pueden agravar las enfermedades cardíacas. Estas son algunas recomendaciones.

  • Salud mental, un factor clave para proteger el corazón
23 de febrero de 2024
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Por Andrés Felipe Uribe

El cuerpo humano está compuesto por diversos sistemas y aparatos que están interconectados entre sí. Por consiguiente, en su operatividad entran en juego aspectos físicos y mentales que deben mantenerse en armonía para que las personas disfruten de un buen estado de salud. Por ejemplo, lo que se experimenta a nivel físico puede afectar las emociones y pensamientos. De igual manera, los estados mentales tienen una influencia significativa en el funcionamiento del organismo.

Así es como la salud mental puede incidir en las enfermedades del corazón, puesto que el cerebro está ligado a sistemas corporales como el circulatorio, respiratorio y endocrino.

“Hemos olvidado que nuestro cuerpo está conectado con nuestro cerebro. En la actualidad hay distintas investigaciones que han demostrado que el estrés, altas cargas laborales y académicas, e incluso situaciones emocionales complejas repercuten directamente en la salud cardíaca”, dice Alejandra Segura Cardona, psicóloga, epidemióloga y coordinadora de la Maestría en Psicología de la Salud de la Universidad CES.

Una de las repercusiones que pueden traer estas patologías son la alta producción de sustancias específicas en nuestro organismo. Por ejemplo, el estrés estimula la producción de cortisol, una hormona que ayuda a controlar la presión arterial, lo que produce un comportamiento diferente en el cerebro. De esta manera, el corazón se puede ver obligado a trabajar a un ritmo más acelerado y aumentar la frecuencia cardíaca.

Esta situación afecta la irrigación sanguínea y puede conducir a una vasoconstricción, estrechamiento de vasos sanguíneos, o inflamación crónica en diversas áreas corporales. Así el estrés, ansiedad o episodios depresivos pueden exacerbar enfermedades cardíacas existentes o incluso desencadenar nuevas condiciones médicas.

“La exposición a un agente estresor activa reacciones neuroendocrinas y hace que se liberen hormonas, que pueden conducir al aumento de la glucosa, la frecuencia cardíaca y otros cambios en el cuerpo que repercuten en la fisiología normal”, afirma Claudia Marín, pisquiatra de la Clínica Medellín, y agrega que se ha encontrado que hasta 60 % de pacientes con enfermedad coronaria ante situaciones de estrés emocional pueden presentar defectos en la movilidad cardíaca, aparición de arritmias y miocardiopatías.

Una situación de alarma

Según la Organización Mundial de Salud, entre 20 y 25 % está la probabilidad de padecer un episodio ansioso o depresivo a lo largo de la vida y según un estudio de la Sociedad Americana de Psiquiatría de 2022, el porcentaje aumenta a 40 % en personas con enferemedades cardíacas y cardiovasculares.

Esta cifra reafirma la correlación entre las emociones y el corazón, además valida la importancia del cuidado y manejo de la enfermedad cardíaca, puesto que puede afectar la salud mental. Así, quienes padecen estas patologías deben estar atentos a sus emociones y sentimientos, y quienes presenten episodios ansiosos, de estrés o tengan depresión chequear constantemente su corazón.

El sueño permite que nuestro cerebro descanse y con él también lo hacen los demás órganos, por lo que la frecuencia del corazón vuelve a su estado normal. Si el cuerpo no está siendo capaz de descansar, ni de llegar al estado de relajación total se recomienda acudir a un profesional de salud.

La sudoración, mareos o vértigos son otros signos de alarma. Con estos síntomas, la psicóloga Alejandra Segura recomienda consultar siempre con un cardiólogo. Al igual que cuando se presente ansiedad, depresión o problemas de sueño sugiere acudir a servicios de psicología o psiquiatría.

¿Cómo prevenir?

Un factor importante es la identificación temprana de síntomas emocionales, es decir, hacer una autoanálisis de los niveles de estrés. También hacer ejercicio regularmente y no solo por cuestiones estéticas o musculares, sino que la actividad física produce endorfinas en el cerebro lo que mejora la salud mental y cardíaca.

Los ejercicios de respiración básicos o guiados ayudan a que el cerebro se oxigene y baje la aceleración en la que están trabajando todos los órganos promoviendo de esta manera una mejoría. Además, Marín recomienda: “practicar la meditación de forma periódica, estar en espacios silenciosos, practicar la respiración y establecer vínculos con personas que traigan bienestar”.

Alejandra Segura coordinadora en la maestría en Psicología de la Salud de la Universidad CES sugiere: “Algunos alimentos que consumimos pueden hacer que nuestro cerebro se active más de lo normal. Por ejemplo, las carnes rojas al metabolizarse producen sustancias en nuestro cerebro que nos hacen sentir bien. Los frutos secos ayudan al funcionamiento cerebral así como las verduras, en especial las verdes estimulan sustancias que pueden no estar produciendo cuando estamos deprimidos o ansiosos. De esta manera, podemos cuidar nuestra salud mental y cardíaca”.

Según la Organización Mundial de Salud, entre 20 y 25 % está la probabilidad de padecer un episodio ansioso o depresivo a lo largo de la vida y según un estudio de la Sociedad Americana de Psiquiatría de 2022, el porcentaje aumenta a 40 % en personas con enferemedades cardíacas y cardiovasculares.

Esta cifra reafirma la correlación entre las emociones y el corazón, además valida la importancia del cuidado y manejo de la enfermedad cardíaca, puesto que puede afectar la salud mental. Así, quienes padecen estas patologías deben estar atentos a sus emociones y sentimientos, y quienes presenten episodios ansiosos, de estrés o tengan depresión chequear constantemente su corazón.

El sueño permite que nuestro cerebro descanse y con él también lo hacen los demás órganos, por lo que la frecuencia del corazón vuelve a su estado normal. Si el cuerpo no está siendo capaz de descansar, ni de llegar al estado de relajación total se recomienda acudir a un profesional de salud.

Es uno de los factores importantes, es decir, hacer una autoanálisis de los niveles de estrés. También hacer ejercicio regularmente y no solo por cuestiones estéticas o musculares, sino que la actividad física produce endorfinas en el cerebro lo que mejora la salud mental y cardíaca.

Ayudan a que el cerebro se oxigene y baje la aceleración en la que están trabajando todos los órganos promoviendo de esta manera una mejoría. Además, Marín recomienda: “practicar la meditación de forma periódica, estar en espacios silenciosos, practicar la respiración y establecer vínculos con personas que traigan bienestar”.

Alejandra Segura coordinadora en la maestría en Psicología de la Salud de la Universidad CES sugiere: “Algunos alimentos que consumimos pueden hacer que nuestro cerebro se active más de lo normal. Por ejemplo, las carnes rojas al metabolizarse producen sustancias en nuestro cerebro que nos hacen sentir bien. Los frutos secos ayudan al funcionamiento cerebral así como las verduras, en especial las verdes estimulan sustancias que pueden no estar produciendo cuando estamos deprimidos o ansiosos. De esta manera, podemos cuidar nuestra salud mental y cardíaca”.

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