| Reina
que vive y goza
Adriana Tarud está segura de que ya comenzó
Carnaval de Barranquilla.
Después de dormir tres horas, la Señorita
Colombia estuvo en la playa.
Muy cerca, su novio venezolano la observaba y admiraba.
Por
Beatriz
Arango Sepúlveda
Enviada especial, Cartagena
Lo mejor de sus primeras horas como reina es la aceptación
de la gente. Sentir que le regalan sonrisas hace que todo
sea gratificante, sostiene Adriana Cecilia Tarud Durán,
Señorita Colombia.
La reina saludó a los cartageneros en la plaza del
Centro de Convenciones y luego acudió al restaurante
La Enoteca a conversar con el jurado y darles las gracias
por su elección. Allí comenzó lo mejor
de su reinado: estar cerca de la gente.
Adriana, a quien su novio Tony Cocchiola llama chiquita,
está feliz, tiene la certidumbre de que su trabajo
le permitió llegar a dónde quería y
que aquella tarde en que regresó de Miami, recién
graduada como ingeniera industrial, a recibir el decreto
como Señorita Atlántico, era el principio
de un sueño.
Gustos y pasiones
Lee publicaciones científicas y de tecnología,
es fanática de la danza árabe y no se resiste
ante la música bailable latina, con Carlos Vives
a la cabeza de sus preferencias.
"Todos los días me sentí muy bien en
el reinado, me advirtieron que iba a tener muchos sube y
baja y no me pasó nada".
Adriana, quien se destaca por su elegancia y clase, siempre
consideró como sus más fuertes rivales a Antioquia,
Valle y San Andrés. Y tenía razón,
todas la acompañaron en el grupo de las finalistas,
junto a la representante de Norte de Santander.
Se supo favorita desde el comienzo, pero no se sobró.
Al contrario, trabajó cada día por este objetivo
que se planteó desde hace años.
"Todos vieron a una candidata que trabajó duro
y con amor por su departamento. Después de seis años
ya nos merecíamos la corona y creó que se
notó el trabajo que cumplí".
Adriana, sin duda, luce mejor en persona que en las imágenes
fotográficas, en las que registra, a veces, con facciones
duras.
Trabajar con las adolescentes madres solteras es una de
las iniciativas que Adriana quisiera liderar en su departamento,
aunque aclara que todo depende de las consideraciones del
Concurso.
Parafraseando el Carnaval de Barranquilla, la Señorita
Colombia dice que la frase "Quien lo vive es quien
lo goza" la identifica plenamente.
Todo el tiempo está feliz y asegura que no se amarga
por nada, excepto si es algo grave. "Sé coger
la vida con mucha suavidad", precisa con su cálido
acento costeño.
Un plan ideal para Adriana es irse a la playa, asolearse
todo el día y comer, comer y comer coctel de camarones
y chocolates. Claro que no olvida la comida árabe
en la casa de su abuela Elena, donde la consienten con una
deliciosa hojita de parra.
Un plan que seguramente aplazara varios meses para vivir
y gozar su reinado que apenas lleva 24 horas.
Un año prestado al servicio
del Concurso
A las reinas les conceden muchos derechos y privilegios,
como recibir tiquetes de avión, no pagar hospedaje
cuando viajan dentro del país o contar todo el año
con el presupuesto para vestuario, calzado, gimnasio y maquillaje.
Pero también tienen prohibidos otros asuntos: demostrar
afecto con los suyos en público, permitir que las
abracen cuando se toman fotos con algún admirador,
posar en actitudes provocativas o sensuales o con las piernas
muy abiertas. Ah, también están prohibidas
las imágenes de las bellas comiendo.
Esa es parte del trabajo de las chaperonas. Ellas velan
porque todas las condiciones se respeten. El Concurso Nacional
de Belleza imparte instrucciones a través de comunicados.
María Rocío Stevenson, ex virreina nacional,
recuerda que lo peor fue la separación de su familia
y su novio. Saber que ya no los podía ver cuándo
quería, sino cuando la agenda del Concurso lo permitiera.
"Debes entender que ya no le perteneces a tu familia
ni a tu novio. Ahora debes estar ligada a la organización
todo el año... Es un año prestado".
|