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La fiesta la vivió el pueblo
Un evento que congrega a todos los estratos sociales de
la ciudad.
El desfile de carrozas se disfruta también desde
las comparsas.
Por
Juliana
Correa Henao
Enviada especial, Cartagena
La rutina de Yasmín Chiquillo, habitante del barrio
El Socorro en Cartagena, varió ayer. En lugar de
levantarse a preparar las arepas de huevo para el desayuno,
madrugó para peinar y darle los últimos toques
del vestido a su hija Clara Muñoz, de 12 años.
Después de asegurarse de que el recogido que le
hizo a su hija había quedado en su lugar, partieron
juntas en buseta, como desde hace cinco años, desde
su casa hasta la sede de Comfenalco en Cartagena.
Allí, Clara se reunió con el resto de su
grupo de danzas. Todos lucían impecables sus uniformes
tricolores. Los hombres de pantalón y camisa, y las
niñas de un top brillante a la altura del ombligo,
una falda de boleros y tacones azules.
Y como desde hace cinco años, Yasmín siguió
de cerca el ritmo de la comparsa de su hija por toda la
Avenida Santander de Cartagena, una serpiente larga de asfalto
que bordea el mar y que ayer vio pasar cientos de danzarines,
muñecotas, zanqueros, chirimías y claro, a
las reinas.
El grupo de Clara, conformado por diez bailarines, bailaba
junto a la carroza donde las candidatas del Atlántico
y de Antioquia trataban de seguir el compás a pesar
del cansancio.
Laura trataba de conservar el equilibrio cada vez que frenaba
abruptamente la carroza sin perder nunca la sonrisa. Con
un biquini de lentejuelas plateadas y coronada por orquídeas,
despertó el cariño del pueblo cartagenero.
A su paso el nombre de Antioquia se coreaba sin cesar, le
gritaban: "¡vuelta, vuelta!", "¡esa
es esa es!".
Aunque Yasmín, una morena flaca y con la piel trajinada
por el sol, miraba de vez en cuando las carrozas de las
candidatas, su atención estaba puesta en los movimientos
de Clara. "Ella también baila en el Carnaval
de Barranquilla", dijo la madre con orgullo.
Una sucesión interminable de fandangos, porros y
cumbias no parecía cansar a la bailarina del uniforme
tricolor, porque cuando Yasmín le preguntaba como
iba, Clara respondía con un gesto de desdén.
Tenía energía para rato y el recogido del
pelo seguía en su lugar, intacto, a pesar del calor
y el sudor.
"La de Antioquia es divina, yo la tengo entre las
finalistas, se le ve el carisma", anotó Yasmín
con aire de experta. Claro que también mencionó
a Cartagena y a Bolívar, que aunque no figuran como
favoritas, si son dueñas del cariño del pueblo
cartagenero.
Contacto con la gente
El Desfile de Carrozas es una de las pocas oportunidades
que tiene la gente de tener de cerca a las candidatas, por
eso se goza la fiesta con toda la intensidad que el ron,
la maizena y los buscapiés le permiten.
Mientras que los estratos populares viven la rumba desde
lo alto y a la sombra, en la comodidad de los palcos (la
boleta cuesta mínimo 30.000 pesos), los estratos
bajos la viven apiñados en las calles y separados
por vallas, pero se goza igual y la maizena no distingue
clases sociales.
La de ayer fue una tarde que amenazaba lluvia y terminó
con sol, para fortuna de Clara y su mamá y todos
los presentes. Así, mientras la carroza de Laura
Montoya y Carolina Ruiz se perdía por la plaza del
Hotel Santa Teresa, la comparsa de Clara se dispersó
en un parque cercano.
El reinado sigue para las candidatas, casi terminó
para Yasmín y su hija, porque el día más
importante para ellas ya pasó y lo que sigue es prepararse
para volver a bailar el año que viene.
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