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Mario Burgos: ¿quién es el fiscal que convirtió los estrados en espectáculo?

Tras 12 años en la Fiscalía, Mario Burgos renunció a la entidad dejando atrás una carrera atravesada por algunos de los casos más mediáticos y explosivos que ha conocido el país.

  • Mario Burgos atendió casos mediáticos como los asesinatos del estilista Mauricio Leal y el fiscal Marcelo Pecci, así como el caso de Nicolás Petro, hijo del presidente. Foto: Captura de video.
    Mario Burgos atendió casos mediáticos como los asesinatos del estilista Mauricio Leal y el fiscal Marcelo Pecci, así como el caso de Nicolás Petro, hijo del presidente. Foto: Captura de video.
hace 1 hora
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A Mario Burgos le gusta verse impecable. Antes de dormir deja listo el traje del día siguiente, escoge la corbata, revisa que las medias combinen y acomoda los zapatos Ferragamo como si estuviera preparando una ceremonia.

Tiene un gusto evidente por las marcas, por la estética y por la idea de proyectar autoridad apenas entra a una sala de audiencias. También le gusta hablar de sí mismo en términos grandes. Alguna vez se comparó con James Rodríguez. “Yo soy el 10, un crack”, dijo sin pudor. Incluso asegura que el futbolista le escribe mensajes.

Así es Mario Burgos, el fiscal que durante años se convirtió en una de las caras más visibles de la Fiscalía General de la Nación. Un hombre que despierta admiración y fastidio en partes iguales. Seguro de sí mismo hasta rozar la arrogancia. Vanidoso. Competitivo. Incómodo para muchos colegas. Convencido de que en el derecho penal hay que imponerse antes de siquiera abrir la boca en un juicio.

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Esta semana renunció a la Fiscalía después de 12 años dentro de la entidad. Lo hizo mediante una carta de dos páginas que puso punto final a una carrera atravesada por casos de altísimo impacto nacional.

Su salida marca el cierre de una etapa para un funcionario que durante el periodo del exfiscal Francisco Barbosa se convirtió casi en una celebridad judicial y que en la administración de Luz Adriana Camargo terminó perdiendo el peso que alguna vez tuvo.

Burgos es pastuso, abogado y especialista en derecho penal. Entre 2008 y 2014 trabajó en la Rama Judicial, hasta que llegó a la Fiscalía.

Su ascenso comenzó a acelerarse cuando conoció a Martha Mancera, ex vicefiscal general, en la Unidad Especial de Investigación. Desde entonces se volvió uno de los hombres cercanos al círculo de poder de la Fiscalía de Barbosa.

Tenía casos grandes, exposición mediática y una relación directa con las cabezas de la entidad. Pero si algo terminó definiendo su carrera fue la capacidad de convertir procesos judiciales en espectáculos públicos seguidos por millones de personas.

Los casos que lo llevaron a la “fama”

El primer proceso que le dio exposición fue el crimen del estilista Mauricio Leal y su mamá, Marleny Hernández. El país entero siguió la historia del peluquero de los famosos, hallado muerto en su casa en La Calera en noviembre de 2021.

Durante semanas circularon hipótesis de suicidio, robo y conspiraciones familiares hasta que la investigación apuntó a Jhonier Leal, hermano de Mauricio. Burgos tomó protagonismo absoluto durante las audiencias.

El momento en que Jhonier aceptó cargos se volvió viral. Millones de colombianos siguieron la transmisión en vivo viendo cómo el fiscal relataba con detalle la teoría del crimen. “Míreme a los ojos”, le exigía Burgos a Leal mientras le imputaba cargos y buscaba su confesión.

Después vino la retractación de Jhonier y el proceso se volvió aún más mediático. Finalmente fue condenado a más de 55 años de prisión. El entonces fiscal Barbosa felicitó públicamente a Burgos y dijo que el país había podido ver en directo el trabajo de la Fiscalía. Desde ahí comenzó a consolidarse la imagen del “fiscal estrella”.

Otro expediente que marcó su carrera fue el caso de Sergio Urrego, el adolescente que se suicidó tras sufrir discriminación por ser homosexual en el colegio Gimnasio Castillo Campestre. Burgos lideró durante años el proceso contra la rectora Amanda Azucena Castillo. No fue un caso rápido ni sencillo. Hubo apelaciones, críticas y una batalla jurídica extensa. Finalmente, en 2021, la justicia concluyó que la institución educativa y su rectora tuvieron responsabilidad en el acoso que vivió Sergio. El caso se convirtió en símbolo de la lucha contra la discriminación y el bullying en Colombia.

Después apareció otro expediente gigantesco. El asesinato del fiscal paraguayo Marcelo Pecci en una playa de Barú mientras estaba de luna de miel. El crimen estremeció a América Latina.

Pecci era uno de los investigadores más importantes contra el narcotráfico y el crimen organizado en Paraguay. Burgos asumió el caso en Colombia y rápidamente se anunciaron capturas. La Fiscalía logró judicializar a varios de los involucrados en la logística y ejecución del homicidio. Aunque todavía quedaron preguntas abiertas sobre los autores intelectuales, el caso volvió a ponerlo en titulares internacionales.

Otros procesos

La madrugada del 13 de septiembre de 2021, en el sector de Gaira, en Santa Marta, el político y empresario Enrique Vives Caballero embistió con su camioneta a un grupo de jóvenes que caminaba por la vía y provocó la muerte de seis de ellos. Vives conducía en estado de embriaguez y el caso desató indignación nacional desde las primeras horas, ocupando de inmediato las portadas del país.

Las víctimas eran muchachos humildes que caminaban por la carretera después de una fiesta. Burgos impulsó una investigación rápida que terminó con condena en menos de un año, algo poco común en procesos de esa magnitud.

No todos sus expedientes terminaron rodeados de aplausos. Uno de los que más críticas le dejó fue el de Santiago Murillo, el joven muerto durante el paro nacional de 2021 tras recibir un disparo presuntamente efectuado por el mayor Jorge Mario Molano. Sectores de derechos humanos cuestionaron el manejo del caso y la manera en que avanzó la acusación.

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El gran reto

Pero ningún expediente lo puso tan cerca del poder político como el proceso contra Nicolás Petro. El hijo del Presidente terminó capturado y procesado por presunto lavado de activos y enriquecimiento ilícito luego de que su exesposa revelara supuestos ingresos irregulares a la campaña presidencial de Gustavo Petro.

Ahí Burgos pasó de ser un fiscal famoso a convertirse en un actor político involuntario. El caso golpeó directamente al corazón del Gobierno. Desde entonces la tensión con el petrismo se hizo evidente. Él mismo ha dicho que Petro “no lo debe querer mucho” y ha insistido en que nunca se dejó intimidar.

En privado y en público mantiene una idea fija sobre sí mismo. Cree que está por encima de muchos de sus colegas. Dice que para ganar un caso hay que sentirse superior a la contraparte. Admite que lo llaman pedante y prepotente, pero lo interpreta como una consecuencia natural “de saber más que otros litigantes”.

Esa personalidad se traslada al estrado. Interrumpe, confronta y defiende sus teorías del caso con agresividad. Algunos abogados lo consideran brillante. Otros simplemente insoportable. Él parece sentirse cómodo en ambos papeles.

Por eso su renuncia no es la salida silenciosa de un funcionario más. Se va un fiscal que convirtió expedientes judiciales en fenómenos mediáticos, que disfrutó la fama, que entendió el poder de las cámaras y que construyó un personaje alrededor de sí mismo. Uno que nunca quiso pasar desapercibido y que, probablemente, tampoco sabría cómo hacerlo.

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