Los peligrosos efectos del mercurio en la salud

  • En algunas minas del Bajo Cauca antioqueño usan mercurio para extraer el oro. FOTO Manuel Saldarriaga
    En algunas minas del Bajo Cauca antioqueño usan mercurio para extraer el oro. FOTO Manuel Saldarriaga
ESTEFANÍA CARVAJAL RESTREPO | Publicado el 04 de noviembre de 2016

Dicen que en los pueblos donde sacan oro hay muchas brujas. Dicen que en Segovia, en el Norte de Antioquia, los mineros enyerbados empiezan a temblar, a sufrir de insomnio, a olvidar lo que les dijeron el día anterior. Están tristes, irritables y no razonan con claridad. Y lo peor de todo: el aparato de allá abajo no les funciona.

Otros brujos -los buenos- tratan de espantar el encantamiento con baños de ruda y velas a la Virgen María. Pero aunque los hombres y mujeres de los pueblos estén convencidos de las presencias demoníacas -”brujas, de que las hay las hay”-, la ciencia ofrece su propia explicación: los mineros están intoxicados con el mercurio -o azogue- que usan para separar el oro de los sedimentos.

La intoxicación por mercurio, o hidrargirismo, se produce cuando una persona inhala vapores de mercurio, un elemento metálico que a temperatura ambiente es líquido, pero se evapora con facilidad.

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Los síntomas físicos van desde temblores en la lengua y en los labios, náuseas, vómito, y diarrea, hasta problemas renales.

Pero el mayor peligro de la intoxicación por mercurio es el eretismo mercurial: alteraciones en el sistema nervioso que provocan síntomas similares a los de la depresión -tristeza, ansiedad, cansancio, miedo, pérdida de la memoria, excesiva timidez y sueño agitado-, o que incluso puede llegar a parecerse a la bipolaridad o a la esquizofrenia.

Tal vez el intoxicado por mercurio más famoso de la historia es el Sombrerero Loco de Alicia en el País de las Maravillas.

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“En el tiempo en que se escribió Alicia los sombrereros empleaban mercurio en el procesado de las pieles para hacer sombreros de fieltro. Como trabajaban en espacios cerrados, estos hombres inhalaban mercurio, lo que afectaba su sistema nervioso central y los volvía locos”, explica Ubier Gómez, médico especialista en toxicología clínica, toxicólogo del Hospital San Vicente Fundación y profesor de la Universidad de Antioquia.

Hoy, la historia de los sombrereros puede parecer lejana, pero no lo es para los habitantes del municipio de Aranzazu, en el departamento de Caldas, donde una mina de mercurio en los años setenta dejó secuelas graves en la población.

En un municipio de 12.000 habitantes, cerca de 800 personas sufren de problemas psiquiátricos y según el profesor Gómez, esta es la consecuencia palpable de la inhalación de mercurio. De hecho, a Aranzazu le dicen “el pueblo de los bipolares”.

Hasta 2018 estará permitido el uso del mercurio para extraer oro en Colombia. FOTO Manuel Saldarriaga
Hasta 2018 estará permitido el uso del mercurio para extraer oro en Colombia. FOTO Manuel Saldarriaga

Es diferente consumirlo

El profesor Gómez explica que no es lo mismo inhalar vapores de mercurio que consumirlo, por ejemplo, en una de las latas de atún contaminadas que el Invima encontró recientemente.

Por la actividad minera, los restos de mercurio van a parar a los ríos y, finalmente, al mismo océano. Allí, las bacterias especializadas transforman el elemento metálico en una partícula orgánica que se llama metilmercurio, este se pega al fitoplancton y los peces se alimentan de él.

El metilmercurio se acumula sobre todo en los peces grandes, como el atún, el bacalao, el pez espada o el tiburón, pues estos se alimentan de peces más pequeños que ya están contaminados con mercurio.

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Los mariscos como ostras, camarones y langostinos también pueden tener metilmercurio, así como el arroz que siembran en aguas contaminadas con este elemento, en algunas zonas de Sucre y el Bajo Cauca.

“Podemos estar consumiendo mucho más del que creemos, porque nadie le está haciendo una medición seria al mercurio de los peces que venden al detal en las plazas mayoristas y minoristas”, dice el profesor Gómez.

Esto, sin embargo, no representa necesariamente una amenaza. El médico explica que la ingesta de un miligramo de mercurio por kilogramo de alimento, que es el máximo permitido por el Invima, produce una contaminación transitoria que el mismo cuerpo elimina en cuestión de tres a cinco días.

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“O sea que una persona puede consumir hasta dos miligramos de mercurio por semana sin que su salud corra riesgo”, dice el experto.

El problema aparece cuando una persona o una comunidad basa su dieta en el consumo diario de pescados contaminados con mercurio. Entonces, a la larga, pueden manifestarse de a poco los mismos síntomas del Sombrerero Loco de Alicia en el País de las Maravillas.

En mujeres embarazadas y en niños el consumo de alimentos contaminados es aún más delicado, porque el metilmercurio tiene “especial preferencia por el sistema nervioso en formación”, explica el doctor Gómez.

Un estudio de la Universidad Nacional y la Universidad de Cartagena sobre los niveles de concentración de mercurio en el atún enlatado revelaron resultados alarmantes: el 34 por ciento de las muestras evaluadas excedió el límite del Invima (1.0 miligramos por kilo) y el 59 por ciento sobrepasó los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), de 0,5 mg/kg.

Según el estudio, si un niño que pesa 25 kilogramos ingiere 100 gramos diarios de atún, con valores de mercurio de 2,59 miligramos por kilo -un poco más de lo que se encontró en el lote de Carulla-, bastarían 54 días para que empezara a mostrar los efectos nocivos de la intoxicación.

En los fetos, las consecuencias pueden ser más graves. Entre 1932 y 1968, 81 toneladas de mercurio fueron vertidas en el río Minamata, que atraviesa la ciudad japonesa que lleva su mismo nombre.

Todo el pueblo se intoxicó con los peces contaminados por el metilmercurio. Por lo menos 111 personas murieron y otras 400 presentaron problemas neuronales. Lo más preocupante: madres sanas dieron a luz a niños con problemas motrices y conginitvos.

Por eso, mientras no haya un estudio serio sobre la presencia del mercurio en todas las especies de pescado que se consumen en Colombia, las mujeres embarazadas y los niños deberían evitar al máximo la ingesta de este tipo de alimentos y los adultos sanos, no comer más de dos porciones a la semana.

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Contexto de la Noticia

Estefanía Carvajal Restrepo

Soy periodista del área digital de El Colombiano. Si la vida no me hubiera arrastrado hasta el periodismo, tal vez habría sido bailarina.

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