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Reapertura del Metropolitano con María Pagés

Basado en Carmen de Mérimée, el montaje de danza de María Pagés da al personaje la voz que no ha tenido.

  • Yo, Carmen, espectáculo de danza y canto, esta noche en el Metropolitano. FOTO Cortesía
    Yo, Carmen, espectáculo de danza y canto, esta noche en el Metropolitano. FOTO Cortesía
29 de noviembre de 2016
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Carmen, la novela de Prosper Mérimée, es la base del montaje de danza Yo, Carmen, de la compañía flamenca de María Pagés, aunque en este, la mujer deja de ser el personaje perverso creado por el francés.

En la novela, el personaje narrador, don José Lizarrabengoa, cuenta la historia de sus amores con Carmen (de Echalar), una gitana mal relacionada que lo llevó a convertirse en bandido. Por amor, don José aguanta que ella tenga esposo, un delincuente apodado “El Tuerto”, y hasta termina metiéndose en la banda de este y participando en emboscadas y cometiendo homicidio. Más tarde, Carmen se va con un torero. Esta traición no la tolera el personaje narrador y la mata a cuchilladas, crimen por el cual es condenado a muerte.

María Pagés es una bailarina sevillana, que nació en medio de la cultura del flamenco y, por supuesto, la novela era muy leída.

“Crecimos conociendo a Carmen, el personaje de Mérimée. Y quién no ha sido influenciado por la ópera de (George) Bizet”.

Mérimée, misógino

La artista fue descubriendo la misoginia de Mérimée.

“No exagero. Carmen es la invención de un hombre para expresar sus miserias y sus pasiones. Un personaje que viene de lo masculino. En la obra, Carmen no habla de sí. Obviamente, yo me acerqué primero a la obra popular”.

Por eso, para darle la voz a Carmen, la sevillana recurre a letras de María Zambrano, Akiko Yosano, Marina Tsvetáyeva, Marguerite Yourcenar, Margaret Atwood, Belén Reyes, Cécile Kayirebwa, Forug Farrojzad, Widdad Benmoussa, y de su autoría.

“Mujeres poetas de diferentes lenguas y culturas, que han hablado sobre las mujeres desde un punto de vista femenino”.

Esto lo hace porque en su concepción artística, el flamenco es una expresión popular que requiere evolucionar, alimentarse de otras artes y de las miradas de muchas partes del mundo, si quiere sobrevivir.

“Esa es la única posibilidad que tiene un arte tradicional para ser, sobrevivir y mantenerse actual”.

Por eso, en su espectáculo hay más que baile con sus movimientos y coreografías. En la escena convergen el teatro —de este son las representaciones, la escenografía y el vestuario—, el canto, la pintura y la literatura.

Desde aquí vemos el flamenco como una manifestación folclórica y popular de un pueblo. Parte de una cultura, expresión del modo de ser de un grupo humano. ¿Sigue existiendo eso?

“El flamenco es originario de la zona sur de España: Andalucía. Una zona caracterizada porque en ella conviven muchas culturas. Hay interlocución e intercambio de sentimientos y anhelos. De esto nació. Ahora es universal. Las fronteras culturales cada vez son menos y cada vez es más fácil ir a todas partes. El arte es más global. Ahora, el flamenco no identifica solo a Andalucía y así es como yo lo he visto, lo interpreto y siento”.

¿Por qué cree que se hizo bailarina? ¿Hay en su familia referentes?

“No tengo referentes en la familia, parientes que se hayan dedicado al arte y menos al baile, pero nací en un lugar donde el flamenco ha sido algo cotidiano. Por eso me llegó el flamenco. ¿Por qué bailo? Todos tenemos un bailarín adentro. Desde el niño pequeño, a quien se le ve siguiendo el ritmo de la música. Solo que algunos lo desarrollamos más y nos dedicamos a eso. Creo que si hubiera nacido en otra parte del mundo también hubiera bailado”.

¿Cuáles son sus influencias?

“Todos los maestros que he tenido, la curiosidad, los encuentros que he tenido en la vida. Hay encuentros que marcan y son importantes porque de ellos uno aprende o en ello también transmite ideas. La relación con otros seres humanos es esencial. Como el encuentro con quien es mi marido, el escritor árabe El Arbi El Harti, dramaturgo de Yo, Carmen y de otros montajes nuestros”.

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