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Hay gobiernos que comenzaron con tragedias (los de Europa después de la segunda guerra), y lo primero que hicieron fue reconstruir, poner campo y fábricas a funcionar y usar lo que quedó en pie, sin desviarse hacia otros intereses.
Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com
Estación Hervidero, a la que llegan los que siguen calientes por haber perdido y andan de termómetro en la boca, los que ganaron y no saben en qué se metieron ni en qué consiste el cargo que ya ocupan, los que creían en una cosa y les salieron con otra que les cayó encima, los investigados que no pudieron camuflarse y ahora alegan persecución política, los que se quieren tirar atrás y resisten guardando las apariencias, los arrepentidos que buscan quien les perdone y no les hacen caso, los que quieren usar la caja china para tapar una situación con otra y el asunto no resulta, los que dicen que en los peores momentos se debe estar de vacaciones con la familia (diciendo que Dios lo ha dicho), los que ya reciben órdenes que no cuestionan y a todo dicen que sí en inglés, los que miran como búhos sabiendo que no hay país a dónde irse, los que hablan de economía con la certidumbre de quien juega a los naipes, sin que falten los que dicen que hay carros nuevos a los que les falla el motor cuando por primera vez lo encienden (falta de aceite, algún cable flojo, no haber revisado los bornes de la batería). Y bueno, ahí vamos, no sabemos si empujando o empujados.
Es claro que todo cambio de gobierno lleva a que haya retortijones, en especial cuando el Estado es de los que come de todo lo que es dañino. Y más cuando el nuevo gobierno no empalma para saber de dónde arrancar y qué frenar, qué revisiones y cambios hay que hacer, y cuáles se sostienen porque no están averiados. Ya se sabe: una nueva gobernanza es una estructura que debe saber en qué sostenerse (ya el sistema básico operativo existe) y, a la par, presentar un plan que aclare por dónde se va a mover para obtener crecimiento: los tres sectores de la economía, la función social, las relaciones internacionales. Y no comenzar a operar por que sí, toreando (con más propaganda que hechos) lo que aparezca en el camino.
Que un gobierno sufra de síndrome de Adán (partiendo de cero y despreciando lo que ya funciona) tiene el problema de que las cosas intenten moverse más por deseos que por planeación debida. Y el deseo, como toda idea falsa, emociona, pero afecta la lógica razonable, es decir, la capacidad de saber qué se gobierna y hasta dónde llegan los recursos para lograr con estos lo mejor posible. Para esto es la inteligencia, no para diluirse en el circo.
Acotación: hay gobiernos que comenzaron con tragedias (los de Europa después de la segunda guerra), y lo primero que hicieron fue reconstruir, poner campo y fábricas a funcionar y usar lo que todavía quedó en pie, sin desviarse hacia otros intereses. Primero la sociedad y el trabajo, la educación y luego lo demás. Y se rehicieron, despacito.