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Moda, poder, dinero y otros excesos

El asunto dejó de ser cuestión de estilo o de moda para convertirse en un juego de poder.

hace 1 hora
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  • Moda, poder, dinero y otros excesos

Por Lina María Múnera Gutiérrez - muneralina66@gmail.com

Hay personajes que por más éxito que hayan conseguido en su profesión y por más millones que hayan acumulado no consiguen la aceptación social que su hambre de notoriedad exige. Cansados de contar sus enormes pilas de dinero, parecen desesperados por convertirse en figuras influyentes y culturalmente relevantes. Cada época ha tenido sus propios protagonistas y en la actual acabamos de presenciar ese ejercicio de exhibicionismo casi obsceno que parece ser inherente a algunos mil millonarios de la tecnología.

El escenario no podía ser más apropiado. La famosa gala del Met, una fiesta anual que se organiza en Nueva York con el fin de recoger fondos para el Instituto del Vestido del Museo Metropolitano de Arte de esa ciudad. Con ese fin, se propone a los invitados un tema que deben utilizar para su vestimenta, y se les exige un alto precio por cubierto que cubra su asistencia a la cena.

Con los años, y más en los últimos, el evento se ha convertido en emblema de la extravagancia de los superricos y famosos donde “más es más”, y lo que cuenta, más que la moda en sí, es llamar la atención. La celebrada el lunes pasado se ha superado en todos esos aspectos. La propuesta temática fue Costume Art, una invitación a reflejar en cada atuendo el vínculo entre el arte y el vestido. El precio de cada entrada era de 100.000 dólares y la recaudación rompió con todas las expectativas pues alcanzó los 42 millones de dólares.

Eso sí, para alcanzar semejantes cifras, los organizadores han tenido que ir haciendo concesiones al mal gusto y el exceso. Para empezar, han pasado de depender principalmente de casas de moda y marcas de lujo a incorporar cada vez más a patrocinadores estilo Amazon, Apple, Yahoo, TikTok e Instagram. Y ya este año aceptaron el financiamiento de una sola pareja, la conformada por Jeff Bezos y Lauren Sánchez, que entregó 10 millones de dólares para que esta última pudiera ser coanfitriona del evento.

El asunto dejó de ser cuestión de estilo o de moda para convertirse en un juego de poder. Los Bezos, como lo fueron en su momento los Vanderbilt y otros tantos que acumularon dinero, intentan que nadie pueda ignorarlos y claramente lo consiguen. Para la muestra otro botón: Georgina Rodríguez, pareja del futbolista Cristiano Rolando, llegó a la gala vestida como si fuera una virgen de Fátima sexy con un rosario en la mano que costaba 7 millones de dólares.

Tanto glamur y desenfreno económico chillan en un contexto de desigualdades cada vez más visibles. Y probablemente por ello la única herramienta que quede para combatirlos sea el humor. Unos días antes del gran evento, se estrenó la segunda parte de la icónica película El Diablo se viste de Prada, donde uno de los personajes es un multimillonario nerdo, sin estilo y con bronceado permanente, que está dispuesto a usar su dinero para comprarle a su novia un lugar en el mundo de la moda. Una broma precisa para ese momento y espacio en el que un traje se puede convertir en campo de batalla simbólico.

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