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Entre Abelardo

y Fajardo: Paloma

hace 3 horas
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Por Luis Guillermo Vélez Álvarez - opinion@elcolombiano.com.co

Durante meses sostuve que el Centro Democrático debía ir con candidatura propia a primera vuelta. El País no nos perdonaría que no hiciéramos el esfuerzo de tener un candidato único de todas las fuerzas democráticas, manifestó el presidente Uribe cuando le expuse mi tesis. Días después lanzó su llamado, “De Abelardo hasta Fajardo”, que no fue acogido por ninguno de los dos.

Uribe es el único líder con el prestigio político requerido para lanzar esa ecuménica convocatoria y el único con la sencillez republicana para acometer el arduo trabajo de hacerla realidad. A ello se entregó, con su habitual denuedo: invitaciones públicas, reuniones programáticas y, lo más harto a mi parecer, llamadas personales a dirigentes políticos de todas las tendencias, incluidos aquellos que le han dispensado el peor de los tratos.

El gobierno de Petro está destruyendo los fundamentos de nuestra democracia liberal y de la economía de mercado y propiedad privada. Bajo el gobierno del estalinista Cepeda se culminaría esa destrucción y Colombia se precipitaría por el abismo que conduce comunismo totalitario en su más cruda forma. La Gran Alianza se conforma para oponerse al totalitarismo comunista, sin que desaparezcan las diferencias existentes entre los participantes en cuanto a los énfasis y el grado de intervención del estado en la economía.

A causa de la demora en la definición de candidatura del Centro Democrático, la de Abelardo de la Espriella alcanzó mucha acogida entre sus militantes y simpatizantes y entre el pueblo uribista y la derecha en general. Su decisión de ir en solitario a primera vuelta es respetable, pero puede resultar equivocada: en el pasado, en más de una ocasión, las firmas no se tradujeron en votos. En cualquier caso, es claro que de la Espriella entiende plenamente lo que significa la apuesta de la Gran Alianza al manifestar, sin ambages, su disposición de apoyar en segunda vuelta, si fuere el caso, a cualquiera de sus miembros.

La posición de Fajardo es desatinada pero no sorprende: es continuación de su tortuosa carrera política guiada por un supuesto pragmatismo no doctrinario. La pretensión de estar por encima de las ideologías, que le reprochara Carlos Gaviria, lo ha llevado a plegarse, volens nolens, a las de sus aliados políticos de ocasión, incluidas las más nefastas en lo económico y lo social. Ojalá en esta ocasión entienda lo que está en juego y rectifique.

Por su parte, militantes y simpatizantes del CD deberían comprender que una votación masiva por Paloma en todos los certámenes presidenciales, empezando por la Consulta, es vital para la supervivencia misma del Partido, como fuerza política decisiva encargada de liderar la lucha contra el neocomunismo que no acaba con las próximas elecciones. Incluso, si à la rigueur, en una eventual segunda vuelta, para contener al estalinista Cepeda, hubiese que votar por Abelardo o Fajardo, es esencial que la votación de Paloma sea determinante en el resultado. Ya no es hora de distracciones ni de vanos escarceos: ¡Les jeux sont faits, rien ne va plus!

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