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La encrucijada del Golfo Pérsico

La encrucijada no es pequeña, ni para los árabes ni para los extranjeros. No contaban con verse arrastrados a una guerra entre enemigos acérrimos y sin embargo allí están, convertidos en víctimas.

hace 3 horas
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  • La encrucijada del Golfo Pérsico

La ofensiva militar iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero está dejando estampas inéditas en el Golfo Pérsico.

Ciudades que se preciaban de ser un oasis de estabilidad, como Doha y Dubái, se han convertido de la noche a la mañana en escenario de una guerra de consecuencias imprevisibles. Todo el esfuerzo diplomático y de imagen que realizaron durante años se han borrado en un instante. Los expatriados que se habían refugiado en estos paraísos lujosos para no pagar impuestos en sus países de origen ahora huyen despavoridos.

En el Golfo, nadie se ha salvado de las represalias de Teherán, que al sentir amenazada su supervivencia, ha respondido con todo lo que tiene a la operación Furia Épica. Los iraníes se han cebado con Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, monarquías a las que consideran aliadas de Estados Unidos, y han lanzado misiles y drones contra todo tipo de infraestructuras civiles.

Fuera de la sed de venganza, existe la hipótesis de que Irán busca llevar a sus vecinos del Golfo a una situación límite, dañando su economía e imagen internacional, con el fin de que intensifiquen la presión sobre la Casa Blanca para poner fin a las hostilidades. Y las petromonarquías están en shock. Pasan por el dilema de decidir qué es lo mejor para sus intereses: ¿apostarle al diálogo con la esperanza de reconducir la crisis y recuperar la normalidad cuanto antes? ¿O alinearse abiertamente con Israel y EE.UU. en su operación militar, para erradicar de una vez para siempre la amenaza iraní?

El modelo de modernización que estas monarquías intentaron construir en las últimas décadas se puede ver seriamente afectado si el conflicto se prolonga unas semanas más. El caso de Emiratos Árabes Unidos, del que hacen parte Dubái y Abu Dabi, es el más extremo. Decenas de miles de residentes y turistas, que generan alrededor de 30 mil millones de dólares cada año, han abandonado su territorio desde que Estados Unidos e Israel comenzaron a bombardear Irán hace dos semanas, dejando vacíos hoteles, bares de playa y centros comerciales.

Convertido en santuarios del consumismo, el “sueño de Dubai” que tantos extranjeros habían comprado se está resquebrajando. No importa que más del 90% de los 1.700 proyectiles iraníes hayan sido rechazados por los sistemas de defensa de los Emiratos Árabes Unidos. Ese 10% restante ha alcanzado objetivos significativos, incluidas bases militares, complejos industriales y el aeropuerto de Dubai. Esto ha sido suficiente para que quienes pueden, hayan emprendido la huída, que no es el caso de la gran población de trabajadores migrantes de la ciudad que no tiene ese privilegio.

Los gobiernos del Golfo deben medir con atención sus reacciones. Si eligen la neutralidad, evitando involucrarse en las maniobras ofensivas contra el régimen de los ayatolas, pueden acabar chocando con Estados Unidos, que es el principal garante de su defensa. Pero si se suman a la escalada, el asunto puede resultar más contraproducente aún. Si ahora Teherán tiene bloqueado el estrecho de Ormuz y está bombardeando refinerías y plantas de gas, fácilmente podría pasar a destruir infraestructuras críticas como por ejemplo, las desalinizadoras. En lugares como Kuwait, estas proporcionan hasta el 90% del agua potable que consumen.

Pero también hay que tener en cuenta que a estas monarquías no les interesa parecer que están al servicio de Washington y Tel Aviv, sobre todo cuando el objetivo de esta guerra no está definido. Y aunque los países árabes siempre han visto con suspicacia al régimen iraní, tampoco buscan del todo su colapso por el temor a que esa caída genere el caos en la región y desequilibre las fuerzas en Medio Oriente.

La encrucijada que se presenta en la región del Golfo Pérsico no es pequeña, ni para los árabes ni para los extranjeros. No contaban con verse arrastrados a una guerra entre enemigos acérrimos y sin embargo allí están, convertidos en víctimas. Sea cual sea la decisión que tomen, hay riesgos y lo único seguro es que su paraíso se ha desdibujado.

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