
Archivo EL COLOMBIANO | Ancón convocó por lo menos
5 mil personas, entre curiosos y hippies.

Archivo EL COLOMBIANO | Esta es una de las imágenes históricas
de Ancón, en la que estuvieron presentes hippies de Europa
y América.

Archivo EL COLOMBIANO | Una caseta metálica fue el escenario
para que los grupos tocaran sus canciones.

Archivo EL COLOMBIANO | Los días de Ancón fueron
de un fuerte invierno. Este puente era el paso obligado a las
mangas del Parque.

Archivo EL COLOMBIANO | En carpas los hippies pasaron los días
y las noches de Ancón.

Archivo EL COLOMBIANO | El Parque de Bolívar fue el punto
de encuentro de los hippies que llegaron a Medellín para
participar en el Festival de Ancón.
Vea más fotos de Ancón 71 |
Ancón
71, el festival hippie
del amor y la paz
Durante tres días cientos de jóvenes se reunieron en
las mangas de La Estrella para cantarle a la vida.
Ancón, organizado
por Carolo, fue el festival músical más grande realizado
en Antioquia.
El alcalde de la
época, Alvaro Villegas, fue apodado de hippie.
Por
Juan José García Villegas
Medellín
La década de lo 60, caracterizada por la liberación
sexual, los hippies, la minifalda, las manifestaciones antibélicas,
la guerra de Vietnam y los llamamientos a un mundo lleno de amor y
paz, concluyó con el Festival de Woodstock.
Woodstock, el icono de la generación del 60, es recordado
como el mayor festival de música y arte celebrado en toda
la historia de la humanidad. La cita tuvo lugar en Bethel, New York,
Estados Unidos, del 15 al 18 de agosto de 1969 y contó con
la asistencia de por lo menos 400 mil almas, que bailaron y vibraron
con las interpretaciones de leyendas como Jimi Hendrix, Bob Dylan,
Carlos Santana y Janis Joplin. Una ocasión única e
irrepetible que dejó huella en los amantes del rock.
Eran días de agitación y transformaciones sociales.
Medellín no fue la excepción. Influenciados por los
vientos del norte, un grupo de jóvenes paisas, liderado por
Gonzalo Caro, conocido como Carolo, tuvo la idea, en 1971, de organizar
un festival similar al de Woodstock. Carolo, promotor de Ancón,
se convirtió en el evangelizador del movimiento hippie en
Medellín y, tras tres intentos fallidos, logró su
fin: realizar el Festival.
¡A bailar!
El Festival se celebró del 18 al 20 de julio de 1971, en
el Parque de Ancón, localizado al sur de Medellín,
en un gran lote del municipio de La Estrella, con capacidad para
10 mil personas. Para llegar al espacio había que tomar un
carro, que se demoraba 20 minutos. La idea de Carolo y su gente
era que los asistentes disfrutaran de un fin de semana purificador,
con mensajes de amor y paz.
En el duelo de bandas, provenientes de todo el país, participaron,
entre otras, Riders, Los Mosters, Conspiración del Zodiaco,
La Banda Universal del Amor, Terrón de Sueños, Los
Flippers, Galaxia y Gran Sociedad del Estado. Las agrupaciones se
caracterizaron por su calidad, especialmente Los Laser y Free Stone,
de Medellín, así como Columna de Fuego, de Bogotá.
Las boletas del encuentro, promocionado como el Primer Festival
de Rock Latino, se vendieron rápidamente en Cartelan Día,
en el Pasaje Junín y en el Tijuana de Itagüí.
Los hippies llegaron a Medellín al Parque Bolívar
y allí a punta de dulzaina, guitarra y trova esperaron calmados
la hora cero para partir al Parque de Ancón, en La Estrella.
Extraños de pelo largo
Ancón sirvió para que decenas de curiosos paisas asistieran
en sus camperos al Parque Ancón Sur para mirar a esos seres
"extraños", provenientes de varias regiones de
Colombia, Ecuador, Perú, Argentina, Chile, Brasil, Estados
Unidos y Suecia, a quienes calificaban de hippies, con sus melenas
largas, flautas, camisetas ajustadas, pantalones descaderados y
plataformas blancas.
Casi todos los asistentes entraron al Parque con boleta. Sin embargo,
algunos se arriesgaron y se "colaron" y atravesaron a
nado el río Medellín. Un pequeño puente era
el paso para llegar al paraíso del rock, la marihuana, los
hongos, la paz y el amor: el territorio hippie, Ancón, ya
tenía habitantes.
La lluvia, el intenso frío y lo agreste del terreno no fueron
barrera para que los "mechudos" disfrutaran del buen rock.
Allí, en ese parque que reunía a los incomprendidos
de la época, cientos de jóvenes armaron sus carpas
en las laderas para pasar los tres días que duraba el Festival.
No obstante, ante la escasez de plata algunos ingeniosos se refugiaron
en los guayabos y otros, más conservadores, optaron por hospedarse
en los hoteles del centro de Medellín. Y desde allí,
se desplazaban cada mañana hasta las mangas de Ancón.
El menú de los asistentes, amenizado por los sonidos del
rock, no fue muy variado: jugo, pan y salchichón. Y hasta
leche condensada para conservar la energía.
Y se hizo la música...
La inauguración del Festival de Ancón fue a las una
de la tarde y a las tres de la tarde ya no cabía una alma
más. El centro de las actividades fue una gran caseta metálica,
en donde actuaron los grupos. Esas 72 horas ininterrumpidas de música
fueron la oportunidad para que muchos hippies de otras regiones
de Colombia conocieran a Medellín. A punta de 50 centavos,
"tirar dedo" y una que otra donación de comida
pasaron los tres días del festival.
Uno de los aspectos que más preocupaba era tener a "tanto
loco suelto" en un sólo lugar. Por ello, las autoridades
reforzaron la vigilancia, que estuvo a cargo del Distrito de Policía
de Itagüí, que debió trasladar la estación
de Pueblo Viejo a la Autopista Sur para poder atender cualquier
eventualidad con la inmediatez requerida.
El cómplice de la idea de Carolo fue el alcalde de Medellín,
Álvaro Villegas Moreno, a quien bautizaron "el alcalde
hippie", debido al apoyo incondicional que prestó al
festival y sus organizadores. Al respecto, el burgomaestre precisaba
a EL COLOMBIANO: "En la misma forma como se permite un festival
de tango se debe permitir el de música pop".
Precisamente ese apoyo, cuentan, le valió a Villegas el
cargo, pues contó con las criticas de una sociedad conservadora,
que veía el festival como una ofensa contra la moral, la
juventud y las buenas costumbres. Este movimiento fue abanderado
por monseñor Tulio Botero Salazar, arzobispo de Medellín
y la Asociación de Colegios Privados de Antioquia.
Incluso, Villegas tuvo que enfrentarse al director del Departamento
Administrativo de Seguridad (DAS), Oscar Alonso Villegas, por su
decisión de echar a los hippies de Medellín, tras
una tregua de 48 horas. Según el funcionario los hippies
"estaban creando problemas, fomentando la indecencia y atentando
contra la salubridad", reseñó en EL COLOMBIANO
el periodista Pedro Nel Córdoba Laverde.
El cierre del festival, el domingo 20 de junio, estuvo acompañado
de Luna, oraciones de fraternidad y 5 mil personas, que lentamente
apagaron la llama de Ancón. El antes y después de
Medellín comenzaba. La leyenda nacía. Hoy, 34 años
después, la ciudad vuelve a vibrar con los sonidos del rock,
la trova y los años 60, en la versión de Ancón
2005, una nueva conquista de Carolo, quien se resiste a que se apague
la llama y la magia de Ancón. |