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EL COLOMBIANO.COM | ANCÓN 2005


Archivo EL COLOMBIANO | Aspecto general del Parque Ancón, durante los días del Festival.


Archivo EL COLOMBIANO | Los hippies escandalizaron a la sociedad medellinense de la época.


Archivo EL COLOMBIANO | Nuestro diario hizo un amplio cubrimiento del Festival de Acón 1971.


EL COLOMBIANO | Juan José García Posada vivió de cerca el Festival de Ancón 1971. Hoy, 34 años después nos cuenta sus impresiones.
La prensa, testigo de Ancón


Juan José García Posada narró en sus crónicas para EL COLOMBIANO las incidencias de Ancón.


Por
Redacción elcolombiano.com

Medellín

Hoy, 34 años después de Ancón, son muchos los recuerdos y anécdotas que permanecen en quienes vivieron aquel fin de semana del 71 en las mangas del municipio de La Estrella. Muchos de los hippies de aquella época hoy son respetados profesionales, amas de casa y hasta abuelas.

Del movimiento de los "mechudos" poco queda, lo único que sobreviven son los recortes de prensa, algunas fotos y la música de Jimi Hendrix, Bob Dylan, Carlos Santana y Janis Joplin, esas leyendas de Woodstock, quienes con sus voces inspiraron la realización de Ancón.

La prensa del 71, especialmente EL COLOMBIANO, fue testigo de esos tres días de "amor y fraternidad", de una Medellín diferente, llena de trova, dulzaina y poesía.

El actual defensor del lector de EL COLOMBIANO, Juan José García Posada, fue uno de los periodistas que tuvo a su cargo el cubrimiento informativo del Festival de Ancón 1971, a continuación sus impresiones y recuerdos.

¿Cómo fue el cubrimiento periodístico de Ancón?
"Estuvimos varios redactores y reporteros gráficos. Durante los tres días del Festival llegamos al escenario desde las seis y media de la mañana y permanecíamos hasta las cinco o seis de la tarde. Hicimos entonces un tratamiento en dos ritmos: El de la noticia y el de la crónica. A mí me tocó escribir crónicas.

Entrevistaba y encuestaba, tomaba apuntes sobre el ambiente y al regresar a la Redacción, al atardecer, escribíamos nuestros trabajos, con buen despliegue fotográfico y entrada desde la primera página. Nuestro enfoque era descriptivo, no exento de un tono crítico.

Escribíamos unas diez o catorce cuartillas por página, que eran levantadas en tamaño de ocho puntos. Entregábamos el material hacia las ocho de la noche, para la edición que estaba cerrándose. Pero días antes del Festival y días después hicimos también un cubrimiento de previsiones y de repercusiones".

¿Por qué hubo tanto escándalo en la ciudad?
"El rock era una novedad. Sobre todo el rock duro, que fue el que más se oyó en el espacio de Ancón. Pero además la atmósfera cargada de marihuana era no sólo escandalosa sino insoportable. Era un olor que rara vez se había sentido en el aire de Medellín, sobre todo tan extendido y en un espacio tan amplio. De la presencia de los hippies se tenían apenas noticias y ejemplos muy pasajeros.

En Ancón buena parte de los "residentes", por así decirlo, era de hippies, de aquí y de todas partes. Pero además de esos dos elementos, no creo que el Festival haya sido, como se ha dicho en tono un poco maximizador, toda una expresión de protesta. El mensaje ideológico era demasiado simple. Y los hippies, los que estaban allá, tomaron el asunto más como un paseo, como un "camping" a su modo, que como una demostración de inconformidad o un espectáculo contestatario. Se exagera cuando se cita el Festival de Ancón como una suerte de punto de referencia histórica.

Fue un espectáculo musical multitudinario. Fue una expresión escandalosa por el desbordamiento en el consumo de marihuana. No se por qué se permitió, o si la autoridad competente fue incapaz de contenerlo. Pero no creo que haya sido el punto de partida de un movimiento que hubiera partido en dos la historia de la ciudad, como han dicho algunos panegiristas".

¿Fueron los jóvenes de aquella época unos incomprendidos?
"No. Yo creo que los jóvenes nunca han sido incomprendidos. Por el contrario, me inclino a pensar que eran ellos y han sido los jóvenes de todas las épocas los que todavía, en su adolescencia y en su minoría de edad no han tenido la suficiente madurez intelectual para comprender a los demás.

La marca de incomprendidos la han grabado los vendedores de complejos y los dueños de tiendas de confecciones donde ofrecen camisetas con eslóganes e ilustraciones contestatarios. La incomprensión juvenil ha sido un negocio, a costa de los mismos jóvenes, que tardan para comprender que se les pone en la condición de objetos del mercado y seres manipulables".

¿Por qué el alcalde Villegas se la jugó toda por el Festival?
El Alcalde Villegas fue calificado de "Alcalde Hippie", en un titular aplicado por el Jefe de Redacción de EL COLOMBIANO. Creo que ese título fue muy a pesar del mismo Alcalde. Él sólo autorizó un espectáculo. Es probable que no hubiera medido ciertas consecuencias. Cumplió con su deber. Sí tuvo el valor civil de defender su decisión.

Escogió la permisividad a la restricción. De todos modos el "hippismo" era una corriente de la época. Aquí estuvo representada con sus virtudes y sus defectos, con sus cualidades y sus vicios: El lema de paz y amor y el desafuero, la contradicción. Que la decisión del Alcalde haya sido insólita fue algo que dependió mucho más de quienes se escandalizaron que del mismo factor de escándalo".

¿Cómo cambió la ciudad tras Ancón?
"No. Yo no creo que la ciudad haya cambiado por el Festival de Ancón. Con o sin Ancón, Medellín ha sido siempre una ciudad que, a pesar de todo, se ha mantenido muy al tanto de las corrientes de actualidad, de las modas, de los últimos gritos del llamado mundo civilizado, de lo que sucede en Europa y Estados Unidos.

La gente de Medellín, pese al encierro, al constreñimiento montañoso, ha tenido siempre una tendencia muy marcada al cosmopolitismo. En Ancón lo que se pretendió fue verificar, ver in situ, comprobar en vivo y en directo, lo que ya se había visto en las películas, se había oído por radio, se había leído en la prensa o se había anunciado por televisión.

Lo de Ancón no tomó por sorpresa a nadie, o a casi nadie en Medellín. Y como dije al comienzo, es un error maximizar un espectáculo musical multitudinario y tratar de convertirlo en un punto de llegada y de partida de la historia. Ni Carolo ni los demás organizadores del Festival aceptarían la condición que algunos les han atribuido, la de líderes ideológicos generacionales.

Carolo y Cancho y sus demás colegas en la organización del Festival eran muy conocidos en el ámbito universitario como hábiles y simpáticos organizadores de espectáculos, como empresarios de artistas, como promotores de fiestas y como buenos negociantes (creo que a Carolo le iba muy bien con su almacén de bolsos y mochilas en el pasaje Junín Maracaibo, donde supo aprovechar el interés general por la indumentaria hippie y por todos los demás fetiches del hippismo), muy enterados de cuál ha sido la música de cada momento para buscar quién la interpretara con sentido de oportunidad. No creo que ellos hayan querido arrogarse la categoría de profetas de los nuevos tiempos, ni nada por el estilo".

Galería Relacionada

Primeras páginas de EL COLOMBIANO durante Ancón 1971


 




 
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