
Archivo EL COLOMBIANO | Aspecto general del Parque Ancón,
durante los días del Festival.

Archivo EL COLOMBIANO | Los hippies escandalizaron a la sociedad
medellinense de la época.

Archivo EL COLOMBIANO | Nuestro diario hizo un amplio cubrimiento
del Festival de Acón 1971.

EL COLOMBIANO | Juan José García Posada vivió
de cerca el Festival de Ancón 1971. Hoy, 34 años
después nos cuenta sus impresiones. |
La
prensa, testigo de Ancón
Juan
José García Posada narró en sus crónicas
para EL COLOMBIANO las incidencias de Ancón.
Por
Redacción elcolombiano.com
Medellín
Hoy, 34 años después de Ancón, son muchos
los recuerdos y anécdotas que permanecen en quienes vivieron
aquel fin de semana del 71 en las mangas del municipio de La Estrella.
Muchos de los hippies de aquella época hoy son respetados profesionales,
amas de casa y hasta abuelas.
Del movimiento de los "mechudos" poco queda, lo único
que sobreviven son los recortes de prensa, algunas fotos y la música
de Jimi Hendrix, Bob Dylan, Carlos Santana y Janis Joplin, esas leyendas
de Woodstock, quienes con sus voces inspiraron la realización
de Ancón.
La prensa del 71, especialmente EL COLOMBIANO, fue testigo de esos
tres días de "amor y fraternidad", de una Medellín
diferente, llena de trova, dulzaina y poesía.
El actual defensor del lector de EL COLOMBIANO, Juan
José García Posada, fue uno de los periodistas
que tuvo a su cargo el cubrimiento informativo del Festival de Ancón
1971, a continuación sus impresiones y recuerdos.
¿Cómo fue el cubrimiento periodístico
de Ancón?
"Estuvimos varios redactores y reporteros gráficos.
Durante los tres días del Festival llegamos al escenario
desde las seis y media de la mañana y permanecíamos
hasta las cinco o seis de la tarde. Hicimos entonces un tratamiento
en dos ritmos: El de la noticia y el de la crónica. A mí
me tocó escribir crónicas.
Entrevistaba y encuestaba, tomaba apuntes sobre el ambiente y al
regresar a la Redacción, al atardecer, escribíamos
nuestros trabajos, con buen despliegue fotográfico y entrada
desde la primera página. Nuestro enfoque era descriptivo,
no exento de un tono crítico.
Escribíamos unas diez o catorce cuartillas por página,
que eran levantadas en tamaño de ocho puntos. Entregábamos
el material hacia las ocho de la noche, para la edición que
estaba cerrándose. Pero días antes del Festival y
días después hicimos también un cubrimiento
de previsiones y de repercusiones".
¿Por qué hubo tanto escándalo en la
ciudad?
"El rock era una novedad. Sobre todo el rock duro, que fue
el que más se oyó en el espacio de Ancón. Pero
además la atmósfera cargada de marihuana era no sólo
escandalosa sino insoportable. Era un olor que rara vez se había
sentido en el aire de Medellín, sobre todo tan extendido
y en un espacio tan amplio. De la presencia de los hippies se tenían
apenas noticias y ejemplos muy pasajeros.
En Ancón buena parte de los "residentes", por así
decirlo, era de hippies, de aquí y de todas partes. Pero
además de esos dos elementos, no creo que el Festival haya
sido, como se ha dicho en tono un poco maximizador, toda una expresión
de protesta. El mensaje ideológico era demasiado simple.
Y los hippies, los que estaban allá, tomaron el asunto más
como un paseo, como un "camping" a su modo, que como una
demostración de inconformidad o un espectáculo contestatario.
Se exagera cuando se cita el Festival de Ancón como una suerte
de punto de referencia histórica.
Fue un espectáculo musical multitudinario. Fue una expresión
escandalosa por el desbordamiento en el consumo de marihuana. No
se por qué se permitió, o si la autoridad competente
fue incapaz de contenerlo. Pero no creo que haya sido el punto de
partida de un movimiento que hubiera partido en dos la historia
de la ciudad, como han dicho algunos panegiristas".
¿Fueron los jóvenes de aquella época
unos incomprendidos?
"No. Yo creo que los jóvenes nunca han sido incomprendidos.
Por el contrario, me inclino a pensar que eran ellos y han sido
los jóvenes de todas las épocas los que todavía,
en su adolescencia y en su minoría de edad no han tenido
la suficiente madurez intelectual para comprender a los demás.
La marca de incomprendidos la han grabado los vendedores de complejos
y los dueños de tiendas de confecciones donde ofrecen camisetas
con eslóganes e ilustraciones contestatarios. La incomprensión
juvenil ha sido un negocio, a costa de los mismos jóvenes,
que tardan para comprender que se les pone en la condición
de objetos del mercado y seres manipulables".
¿Por qué el alcalde Villegas se la jugó
toda por el Festival?
El Alcalde Villegas fue calificado de "Alcalde Hippie",
en un titular aplicado por el Jefe de Redacción de EL COLOMBIANO.
Creo que ese título fue muy a pesar del mismo Alcalde. Él
sólo autorizó un espectáculo. Es probable que
no hubiera medido ciertas consecuencias. Cumplió con su deber.
Sí tuvo el valor civil de defender su decisión.
Escogió la permisividad a la restricción. De todos
modos el "hippismo" era una corriente de la época.
Aquí estuvo representada con sus virtudes y sus defectos,
con sus cualidades y sus vicios: El lema de paz y amor y el desafuero,
la contradicción. Que la decisión del Alcalde haya
sido insólita fue algo que dependió mucho más
de quienes se escandalizaron que del mismo factor de escándalo".
¿Cómo cambió la ciudad tras Ancón?
"No. Yo no creo que la ciudad haya cambiado por el Festival
de Ancón. Con o sin Ancón, Medellín ha sido
siempre una ciudad que, a pesar de todo, se ha mantenido muy al
tanto de las corrientes de actualidad, de las modas, de los últimos
gritos del llamado mundo civilizado, de lo que sucede en Europa
y Estados Unidos.
La gente de Medellín, pese al encierro, al constreñimiento
montañoso, ha tenido siempre una tendencia muy marcada al
cosmopolitismo. En Ancón lo que se pretendió fue verificar,
ver in situ, comprobar en vivo y en directo, lo que ya se había
visto en las películas, se había oído por radio,
se había leído en la prensa o se había anunciado
por televisión.
Lo de Ancón no tomó por sorpresa a nadie, o a casi
nadie en Medellín. Y como dije al comienzo, es un error maximizar
un espectáculo musical multitudinario y tratar de convertirlo
en un punto de llegada y de partida de la historia. Ni Carolo ni
los demás organizadores del Festival aceptarían la
condición que algunos les han atribuido, la de líderes
ideológicos generacionales.
Carolo y Cancho y sus demás colegas en la organización
del Festival eran muy conocidos en el ámbito universitario
como hábiles y simpáticos organizadores de espectáculos,
como empresarios de artistas, como promotores de fiestas y como
buenos negociantes (creo que a Carolo le iba muy bien con su almacén
de bolsos y mochilas en el pasaje Junín Maracaibo, donde
supo aprovechar el interés general por la indumentaria hippie
y por todos los demás fetiches del hippismo), muy enterados
de cuál ha sido la música de cada momento para buscar
quién la interpretara con sentido de oportunidad. No creo
que ellos hayan querido arrogarse la categoría de profetas
de los nuevos tiempos, ni nada por el estilo".
Galería Relacionada
Primeras
páginas de EL COLOMBIANO durante Ancón 1971
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