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Juan Antonio Sánchez |
Los sentimientos humanos necesitan palabras. Dependen de
la lengua. Con ella se solucionan los problemas y se expresan
los deseos y las inquietudes. |
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Juan Antonio Sánchez |
La magia de las palabras logra hasta entender lo que está
oculto. |
Conversaciones robadas
Humor, magia,
amistad y amor, se expresan a cada momento.
Claras diferencias
en el uso de la lengua de una generación a otra.
El habla
coloquial de la gente, en cuatro trozos de charlas.
Por
John
Saldarriaga
"Ese Darío dijo que esperó una hora, pero
¡yo que lo conozco! ¡Ah!".
Tres hombres, al parecer jubilados, departen en una de las bancas
de madera del Pasaje Junín. Están en su oficio,
mirando niñas y charlando. El que habla es a todas luces
algo menor que los otros dos. Es como si él llevara en
ese tiempo de júbilo -la jubilación-, unos tres
años, en tanto que los otros ya deben superar los seis.
"¿Y qué hay de él, vos?" -inquiere
uno de los otros dos, quien, como sus compañeros, conversa
sin dejar de mirar a las personas que pasan frente a él.
"¡Ah, no. ¡Ese lo que vive es muy bueno! Vive
en un apartamento con su hija, la beatica, en todo Laureles.
Vive muy bueno, pa qué. Con dos pensiones que se gana
no le duele una muela. Y le mandan platica de todo lado. ¡Once
hijos que tiene y regaos por toda parte!"
"¡¿Once?!"
"El menor vive en España y está por aquí.
Le van a hacer una fiesta mañana pa despedirlo..."
"¡¿Once?! -volvió a exclamar uno,
mirando a dos estudiantes que pasan riendo de los chascarrillos
de esta mañana en la clase de álgebra. Justo frente
al trío de viejos, una de ellas les regala la sutil escena
de subirse los calcetines blancos levantando por turno sus piernas.
"Ay boba te imaginás a Pau, con lo gordita que
es, cayéndole encima al profe. Y el pobre sin poderse
mover. Yo creí que me iba a estallar de la risa".
"Ay, sí. Yo nunca había tirado tanta caja
en el colegio como hoy cuando me contaron. Yo dije: ¡La
puta madre! Nunca me he perdido un minuto de esa clase tan peye
y justo cuando pasa algo así ¡estar yo en el baño!
¡Pero me reí tanto en descanso!"
Y para dar fin a ese tema que había deleitado su camino,
antes de separarse en la esquina de Maracaibo, la otra dijo:
"Ahora vamos a ir con Pau a la Piloto".
Lo leyó
Cerca de esa esquina, una gitana ataviada como suelen ellas
estarlo -pañoleta, falda larga, aretes grandes- lee la
mano a una mujer. Un hombre, de pie frente a ellas, atiende
divertido. Al rato, la mujer y el novelero se van juntos y se
acerca un gigante vestido con uniforme gris de vigilancia privada.
Sin cruzar palabras, recibe un billete de la adivina, lo guarda
doblado en el bolsillo del corazón y sigue su ronda.
"No, no es que yo le pague a ese hombre por no molestarme
ni ahuyentarme de aquí -me explica- es que le encargué
una cosa y se la pagué".
La gitana usa el español para comunicarse con los demás,
claro, de una manera corriente. Pero también para los
asuntos mágicos, de una forma poco usual. A un hombre
de patillas largas y bigote tupido, como un mejicano, le dice
al paso, sin moverse de la banca: "Déjeme que lea
su mano, buen hombre, y le adivine su buena ventura. Déjeme
ver lo que el futuro le deparará -el hombre vacila, sonríe,
se detiene-. ¿Qué son unos cuantos pesos, a cambio
de conocer su destino?"
"Nada se pierde", responde él con acento paisa;
no mejicano. Le entrega su diestra, que ella recibe con las
dos manos, como si le estuvieran entregando una ancha y pesada
bandeja y temiera que con una sola mano no pudiera sostenerla.
"Déjeme decirle lo que el tiempo le tiene guardado
-sigue diciéndole, como si aún tratara de convencerlo
o quizás por hacer tiempo mientras el Libro de la Existencia
se abre ante ella-. Le hablaré del arcano... A ver...
usted tiene una línea de vida larga y una línea
de dolor corta. La Diosa del Amor le sonreirá muy pronto.
No desespere que va a llegar. La salud se le verá estropeada
por una enfermedad amarilla... pero no se asuste, hombre, que
tampoco lo llevará a la tumba. La parca le llegará
de viejo, muy viejo... ¡Ah, no puede ser! Tengo una noticia
que no es tan buena. Dinero no va a tener jamás. Pero
descuide, que nunca pasará hambre y siempre tendrá
techo y abrigo... Y esto es lo importante. ¿Usted ha
oído hablar de nosotros, lo gitanos? Somos una raza fuerte
que vive en cualquier parte y casi con cualquier cosa. Por eso
le digo que pan y cobijo son las cosas fundamentales..."
Los transeúntes voltean a mirar a la gitana, con curiosidad.
Hasta hace unos años era común verlas por ahí,
ofreciéndose a leer la suerte, pero en los tiempos que
corren, son escasas.
Contexto
Dos formas y una misma lengua
"¡Eh! ¡Y esta zorra por qué tiene mi celu!"
La chica, dependiente de un almacén de santos de yeso,
bromea con su compañera. Ríen.
"Es para que estés más pila -respondió
la otra, sin dejar de limpiar con un trapo blanco, curtido,
figuras de vírgenes- Eres muy desatinada". "Ah,
no, pues habló la Niña Pilera. Y Cata es que se
cree más chimbita todavía... -Y casi sin terminar
la frase, se dirige a una mujer que novelerea estampas en la
vitrina-. Señora, a la orden. Bien pueda mirar sin compromiso.
¿Busca alguna imagen en especial?"
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