Jaime Pérez |
El escritor antiqoueño Luis Fernando Macías explica que en 1913, el bar Pilsen, congregó a uno de los más importantes grupos literarios de Antioquia: Los Panidas. Este emblemático lugar hace parte de un recorrido literario propuesto a partir de la Guía Literaria de Antioquia, de Editorial Aguilar.
Recorrido con ojos de escritor

Así lo propone la Guía Literaria de Medellín y lo sigue el escritor Luis F. Macías.
A la luz de los escritores que la han relatado en sus novelas y poesías.
A Medellín se le puede recorrer de otra manera, desde el mundo literario.


Por
Natalia Estefanía Botero
Medellín

Un pequeño grupo de transeúntes se congrega en torno al bar Pilsen, en la esquina de la iglesia La Candelaria, y escucha como un hombre de mediana edad, de barba entrecana y una boina blanca empieza a hablar de Los Panidas.

El guía toma un tono reverencial y se remonta a 1913 cuando ese bar albergó el primer grupo de envergadura de la literatura antioqueña, el conato de grandes autores y artistas, entre los que figuran Fernando González, Ricardo Rendón, Pepe Mexía y León de Greiff, entre otros.

Y aunque nadie sabe de qué se trata la reunión espontánea, escuchan embelesados como el escritor antioqueño Luis Fernando Macías, quien hace las veces del guía del recorrido literario, relata que al parecer Tomás Carrasquilla pagaba el alquiler de este sitio que convocó artistas y pintores en pleno despunte del siglo XX.

Ruta a pie
Pero este lugar legendario, en el centro de ciudad, es apenas uno de los puntos que toca Macías en el recorrido temático que sigue a la luz de la Guía Literaria de Medellín (Editorial Aguilar), una cartografía que propone descubrir la ciudad literaria bajo cuatro rutas diferentes: atmósferas, andares, episodios y personajes.

La propuesta de Macías, una de tantas que se pueden seguir, incluye algunos de los espacios en los que algún escritor fijó su mirada como la ventana del hospital San Vicente de Paúl, desde la que Antonio, el personaje de Rosario Tijeras, observa la ciudad que duerme mientras intentan resucitar a Rosario.

Más que lugares, es un recorrido en el tiempo, señala Macías, lo que se sustenta en la selección de textos que incluyen desde las visiones de Epifanio Mejía sobre las montañas que rodean el Valle de Aburrá (De aquí de este inmenso cerro/ yo contemplo tus llanuras: miro tus frescas verduras/Como esmeraldas lucir), hasta las alusiones que hace Fernando González de ese "gusano veloz", como llama al Metro, en su obra El desbarrancadero.

En esta propuesta de recorrer la ciudad con otros ojos, con los del escritor, se puede trazar un mapa interno de lo que subyace, agrega Macías, y aún más, de lo que se pierde el ciudadano común cuando camina impávido por la cuadra de siempre, para ir a su trabajo, sin mirar siquiera por dónde camina.

Y esa otra mirada que trastoca la rutina de la vida, sin duda, hace falta.

La ciudad se mira a través de la literatura

En la selección de textos de escritores que citan a su ciudad en la Guía Literaria de Medellín, se encuentra este del cronista costumbrista León Zafir, seudónimo de Pablo Restrepo López.

"En Medellín los secretarios del amor levantan sus bufetes a manera de tiendas en los lugares más concurridos y se avisan con letreros como el que puso hace tiempos un hombre que existió en Antioquia que se llamó Ramón García Álvarez, quien vestido de fraile y llamándose a sí mismo ´Fray Rodrigo Villalobos´, recorrió todos los pueblos de América, letrero que García colocó frente a una tolda que levantó en mitad de la plaza de Cisneros: ´se escriben cartas, misivas de amor, como las pidan los clientes y a precios convenientes...¡se incendian corazones! ¡Se apagan volcanes de celos!".



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