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Y las reinas para qué

El mes de noviembre trae consigo a las reinas y la polémica.
El Concurso Nacional de Belleza tiene tantos amigos como enemigos.
Sus críticos dicen que es un derroche de imágenes equívocas.



Por
Gloria Edith Gómez
Medellín

"El reinado de belleza es una feria de yeguas", sentencia Florence Thomas. Radical como siempre, la escritora no oculta su disgusto por un evento que, a su modo de ver, es una exhibición innecesaria de derroche y lujo dentro del contexto de pobreza y desesperanza del país. Aunque cada año deja sentir su contundente opinión acerca del tema, sabe que nada ni nadie puede contener la avalancha de noticias sobre el concurso de belleza, ni la devoción de muchos colombianos por sus reinas.

"Yo ya lo tomo como un ritual de la cultura colombiana frente al que no hay nada qué hacer. Lo que no deja de impresionarme es cómo estas mujeres permiten el mal trato de la prensa y del público, soportando críticas sobre su celulitis y otros asuntos físicos, pero finalmente ése es su problema", comenta Florence.

Su opinión no es la única en contra del reinado. Un poco más mesurada -pero no menos enemiga de la fiesta cartagenera- la artista Clemencia Echeverry, considera que el certamen es, "el evento más inútil que tiene el país". Para esta escultora y ex reina de Caldas, el argumento de hacer una pausa en medio de las malas noticias diarias, no es válido. "Si se trata de divertirse, en Colombia tenemos una gran fortaleza para la distracción en términos musicales, artísticos y de otras manifestaciones de la cultura. Decir que el reinado es un descanso, es tener una mirada muy superficial de lo que es la diversión".

Algunos más, como el escritor Héctor Abad Faciolince, consideran que el tema es tan insulso que ni siquiera resiste una opinión. Mientras los detractores del concurso hacen oír sus voces, las reinas han sobrevivido a más de seis décadas de tradición alcanzando siempre niveles de sintonía comparables a los de las finales de fútbol o las noticias más graves del país. Con artilugios de canutillos y lentejuelas viven sus quince minutos de fama, ajenas a las pasiones encontradas que desatan.

Nostalgias monárquicas
Hay muchas teorías para explicar por qué Colombia es un país de reinas, con más de 100 reinados al año en todo el territorio y actitudes reverenciales eternas para quienes han sido sus soberanas. "La tradición de los reinados en Colombia puede obedecer a ciertas nostalgias monárquicas. En nuestra cultura quedan huellas históricas de las antiguas monarquías españolas y de esa vida especial llevada por seres humanos que son tratados de forma distinta por su condición. En el inconsciente colectivo muchos quisieran ser como ellos", explica el médico psiquiatra Alfredo de los Ríos.

La teoría del trato privilegiado podría comprobarse con un vistazo rápido al rumbo laboral que toman las vidas de las reinas de belleza después del concurso. Muchas candidatas han saltado de Cartagena a la fama, incluso sin haber alcanzado la corona. Para la muestra hay presentadoras, actrices y modelos que empezaron su desfile en la fiesta novembrina.

Belleza equivocada
Carlos Mario González, profesor de Ciencias Humanas en la Universidad Nacional, asegura que el reinado promueve un concepto de belleza femenina erróneo. "Le enseña a la gente que la belleza se puede conseguir en el quirófano o en el gimnasio", sostiene el docente, para quien lo bello es lo singular, lo que resulta conmovedor y distinto. Por eso no le convencen las bellas del reinado. "La belleza femenina cautiva desde la condición enigmática de la mujer y en las reinas no hay nada nuevo por descubrir".

Florence Thomas opina además que, "el reinado sigue reforzando la dictadura de la belleza, lo que afecta especialmente a las adolescentes y mujeres jóvenes".

La discusión sobre la utilidad del concurso acaba siempre por tocar el tema del intelecto de las candidatas, que parece ser el platillo fuerte para sus detractores, convencidos de que el certamen promueve la estupidez. "Las reinas exhiben su ignorancia sin pudor y al país parece bastarle con que una muchacha tenga un cuerpo acorde al estereotipo creado por la publicidad, para autorizarla a hablar de los grandes problemas del Estado", dice Carlos Mario González.

Para quienes no gustan del Concurso Nacional de la Belleza ni nada que se le parezca, no valen los argumentos de la caridad y las obras sociales que ejecutan las reinas. Tampoco los motivan los empleos que genera el certamen, porque para ellos no es más que un carnaval de lo efímero, o dicho en palabras de Florence Thomas, "el reinado sirve para darle algo de circo al pueblo. En vista de que no hay pan, bueno es un poco de circo".

Contracara
Voces a fabor de la fiesta cartagenera

Claudia Elena Vásquez, quien fue Señorita Colombia en 1996 y una de las reinas más recordadas, según una encuesta de EL COLOMBIANO en internet; defiende el certamen, como algo propio de la cultura de Colombia. "Es importante y se realiza una sola vez al año, como un respiro, algo distinto". Asegura también que el concurso no estereotipa la belleza, "de eso se encarga la publicidad, que cada vez es más agresiva imponiendo modelos estéticos de extrema delgadez, patrón que no siguen las reinas". Claudia admite que el reinado abre puertas. "La decisión de seguir en los medios es muy personal. Yo me alejé porque me encanta mi carrera, la ingeniería química y sé que no se puede vivir eternamente de la belleza. La educación es clave".

Al estilista y preparador de reinas Javier Murillo no le sorprende que el reinado sobreviva al tiempo y a las críticas puesto que "la belleza es lo que más vende no sólo en Colombia sino en el mundo". Para Murillo, el reinado genera empleos en diversos sectores de la economía y considera que es "un descanso para este país tan estremecido por la guerra y así la gente lo critique no se lo pierde y está pendiente de él, lo que ocurre es que cuando se es radical en las ideas, machista o feminista, es fácil criticar este tipo de eventos", concluye el experto en belleza.



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