|
Los
embera poco necesitan la modernidad
EL COLOMBIANO, al lado del Comité Internacional de la Cruz
Roja, Cicr, visitó una comunidad indígena aislada
por la guerra. Allí se vive con lo mínimo y con
el temor al marginamiento por la confrontación armada.
Una unidad de salud es, tal vez, la única ayuda para preservar
esta etnia.
El alma en un segundo
El viejo guerrero indígena, pintado con la fruta
milagrosa, rinde un tributo a la luna llena, que ilumina cada
rincón de aquella milenaria aldea embera, donde los hombres,
como los lobos, rayados por la tierra y las fieras, se rinden
en la noche a la contemplación del astro y a la adoración
de la salibosa sustancia de caña que les embriaga sentidos
e instintos. Los embera también tienen su propia historia,
igual de trágica, pero también llena de triunfos.
Han resistido el tiempo y los intentos de los ejércitos
por apoderarse de sus tierras, perdidas en lo profundo de las
selvas del Atrato.
La luna es su adoración perpetua porque entre sus sombras
crecen los secretos que sustentan los saberes de los jaibanás
para descifrar el mundo.
Los indígenas generalmente no se dejan fotografiar, pues
piensan que a través de una imagen se les roba el alma,
sin embargo, Manuel
Saldarriaga logró fotografiar a esta comunidad
embera. Sobre este trabajo opina que efectivamente con su lente
les robó el alma por un segundo; segundo que refleja el
olvido pero también el disfrute por los pequeños
detalles de la vida.
Para ampliar las fotografías
haga clic sobre las imágenes:
|