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Descubren el alma del hierro

La forja del metal llegó a la ciudad traída por arquitectos que copiaron estilos europeos.
El declive del oficio coincidió con el de la construcción. Hoy renace con tema de seguridad.



Por
Catalina Montoya Piedrahíta
Medellín





La historia empieza en un pueblo. Cualquiera. Con la cara al rojo de algún fulano, contagiada por el calor de tizones de raíz de carbonero, "que son los que calientan más", y el ruido de la almádena contra el yunque, cuyos golpes moldean por encargo herraduras para cascos de todas las tallas.

Y sigue, aquí en Medellín, con los hijos de los herreros que llegaron de Sonsón o San Jerónimo, o de algún otro municipio, y que armaron fraguas con fuelles reemplazados por ventiladores eléctricos, para hallar lo que ellos llaman "el alma del metal".

La encontraron. En forma de corroscos, pitorros, apliques y botones que colonizaron, en principio, una ciudad que quería vestirse "o enrejarse" con ropajes europeos sofisticados, y entonces el ánima del hierro estuvo, a principios del siglo pasado, custodiando mausoleos en el cementerio de San Pedro, o riquezas de los potentados del barrio Prado. Muchas obras quedaron, otras se mezclaron con los escombros de tantas demoliciones. Pero se sabe quién las hizo...

...Un tal Pedro Benítez
Que dicen, fue el primer forjador de hierro que llegó a la ciudad, en 1935. De su existencia da fe otro fraguador: Germán Benítez, el hijo. "No me obligaba, pero yo sí le sacaba el cuerpo al oficio, así como mi papá a enseñarme", porque lo que quería era ser cantante de zarzuela. De su destino, dicen más el par de manos callosas, junto al yunque enano (de tanto golpe), que el vozarrón, cuyos 80 años de edad, aún le dan permiso de darle vida a su propia historia. "Y fue precisamente haciendo un trabajo para la Colombiana de Tabacos, que mi papá paró en tísico". Por los malos vientos, de la fragua al sereno, pero también por el cigarrillo. Más que la almádena, que todavía dice manejar muy bien, le pesa el ocaso de su oficio. Hoy, paga arriendo en un taller de mecánica para conservar el fogón, uno que otro encargo, y dibujos antiguos hechos por él para hacer moldes. "Me pasé tres años que no me caía nada. Hasta lloré. ¿No ve que levanté nueve profesionales a punta de golpes?".
No siempre se valoró el oficio, el trabajo del forjador lo pagaban los arquitectos por kilos. "Eso se valoró cuando llegó el estilo español y cuando los mágicos. Yo le trabajé a los Orejuelas, a toda esa gente, a ellos sí les gustaba la belleza".

El renacer del arte
Ahora el interés también es la belleza, en lo decorativo, pero también la seguridad, así que la cerrajería no ha dejado morir la forja. De ahí la proliferación de locales de fragua artística o de cerrajerías en simbiosis con forjadores, sobre todo en sectores como El Palo y Los Huesos.

Nadie cree que a una varilla de seis metros la llamen noble. "Porque se deja regañar sin reventarse. Todo lo que no sé pintar en papel, se lo hago en hierro". Raúl Flórez: hijo de herrero de Sonsón y forjador de Vimetal, negocio de hijos de herreros, también. Conoció de oídas a los Benítez y recibió muendas por huir de un destino que finalmente lo agarró: el de yunque y martillo.

Del arte de la calle 76, en Vimetal, el paso es hasta El Palo. Las chispas de una pulidora sobre una puerta de metal invaden la acera y punzan a los caminantes. El chirrido compite con los martillazos sobre la varilla enrojecida de Humberto Henao, forjador de hierro, hijo de herrero de Sonsón. Lo mismo, que aprendió del papá y que se enroló en la decoración, con la particularidad de que trabaja al lado de un cerrajero, como sucede en casi todos los negocios cercanos de forja. De la rentabilidad del oficio, que "está regular, mucho chambón que trabaja muy barato" y que cree que con el calor de la soldadura se forja. "Cuando lo verdadero es el martillo y el fogón".

Antecedentes
La forja y la memoria

La secretaría de Cultura Ciudadana rescató hace poco la memoria cultural del oficio de los forjadores de hierro a partir de la reconstrucción de la historia que cuenta la llegada de la forja, en un vídeo documental.

De acuerdo con el historiador y realizador, Jaime Bustamante, los primeros forjadores trabajaban a solicitud de los arquitectos que venían de Europa con estilos y tendencias que se plasmaron en barrios como Prado y en los mausoleos del Cementerio de San Pedro. "Esta ciudad la estamos haciendo todos los días y todos los días arrasando. Vimos que no existía reconocimiento hacia este trabajo".

Recuerde: para ampliar las fotografías debe dar clic sobre ellas:

Fotos: Departamento de Fotografía
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