Reportaje Carlos Alberto Giraldo Monsalve
Los inquilinatos de Niquitao llegan a su fin, entre historias de pobreza, hambre y vicio

Los indigentes que por años ocuparon parte de los inquilinatos del barrio Niquitao tratan de aguantar los últimos días. La mayoría de esas viejas casas ha sido demolida. Hoy se descubre en el costado oriental del sector un lote baldío y explanado en el que apenas quedan algunos ranchos de plástico y madera.

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Amparo: Recojo mis cenizas y vivo en la vuelta. El vicio, si usted no lo controla, está paila. Amparo, habitante de Niquitao, no oculta su adicción. Un drama que padece día a día. Los indigentes acostumbran mezclar el basuco con ceniza. Para ello usan sus “pipas” hechas con pedazos de lapicero plástico. Amparo es adicta. Vive en Niquitao y tuvo que enfrentar la demolición de las casas de vicio del sector.
El payaso Chalupín recorre la cuadra de los derruidos inquilinatos de Niquitao. Él dice que quiere regresar a Ecuador, con su familia. La llamada pipa es el medio recurrido hoy por los indigentes que consumen basuco. Se trata de una modalidad que provoca una "aterradora adicción", según lo describe uno de ellos mismos. Decenas de personas se agrupan cada día en el terreno donde antes funcionaron los inquilinatos de Niquitao. Muchos usan la "pipa". Mientras fuman la "pipa" algunos de los presentes se dedican a jugar dados, en pequeñas apuestas de 100 y 200 pesos.
Luz Ofelia Villa Marín vive en una pequeña habitación de los inquilinatos que no ha sido derribada. Ella, pistola de juguete en mano, dice que no se va de Niquitao si no le ofrecen reubicación. El drama de los habitantes de la calle es grande, pero se acrecienta cuando se es adicto. Hace seis meses, se congregaban allí decenas de indigentes. Hoy, apenas quedan en pie unos diez cambuches. En los cambuches los adictos se reúnen para consumir droga y acompañarse.
 
Wilson Plaza Gresel, el payaso Chalupín, Voy a restaurantes y pido sobrados. Hay gente de buen corazón que regala. José Valladares, un argentino que frecuenta Niquitao Fumo pistodiablos, basuco y marihuana. No tomo alcohol, va y me como la pared. Una papeleta de basuco vale 500 pesos. Hay algunos indigentes adictos que dicen fumarse incluso 30 papeletas diarias.  
Fotos Henry Agudelo | Departamento de fotografía EL COLOMBIANO | Envíe sus comentarios
 


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