Los vagones del Ferrocarril habitan en los talleres de Bello.
Es un paisaje que evoca la historia de las viejas locomotoras.
Muy cerca de este monumento al pasado rueda el metro.



Reportaje Gráfico
Donaldo Zuluaga

Medellín


El Ferrocarril de Antioquia se resiste a morir. Aún vive en los talleres de Bello donde su historia se detuvo desde hace varios años. Las viejas locomotoras que en otros tiempos arrastraron parte del desarrollo de Antioquia ahora permanecen quietas e imponentes en medio de rieles y ruedas, que el tiempo se encargó de envejecer.

La alta vegetación al igual que algunas vacas, que son propiedad de los pensionados del ferrocarril y que pastan alrededor de los vagones con pintas de óxido, también adornan este paisaje de nostalgia.

La Vaporina, la vieja máquina de vapor, aún tiene forjada la placa Philadelphia 62263 número 56, de 1939, tal como la lucía en sus mejores tiempos, y sobre ésta se desprende la vieja campana que anunciaba la llegada del tren a las estaciones que cubrían las rutas hacia los diferentes destinos.

A pocos metros del sitio que alberga a este monumento al pasado transita la modernidad, entre 40 y 80 kilómetros por hora, transformada en los nuevos vagones del tren metropolitano.
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Fotos Donaldo Zuluaga| Departamento de fotografía EL COLOMBIANO | Envíe sus comentarios
 


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