| Menos
vigor en consenso
Un resultado concreto de la lucha antiterrorista de E.U. es la caída
talibán.
Un año
después, la lucha contra el terrorismo ya no es tan unánime.
Por
Javier Arboleda
García
Medellín
El papel de Estados Unidos como "guardián" del
mundo que, tras los ataques del 11 de septiembre, se consolidó
con el apoyo, casi unánime, de las naciones, tiene hoy, un
año después, cuando se habla de un inminente ataque
a Iraq, una faceta diferente, de menos consenso, marcada más
por una tendencia belicista que por la actitud altruista de defensa
del planeta.
"Los ataques deliberados y mortales fueron más que
actos de terrorismo. Fueron actos de guerra... Este enemigo atacó
no sólo a nuestro pueblo, sino a todos los pueblos amantes
de la libertad...", dijo un día después el presidente
estadounidense, George W. Bush.
En la cruzada que anunció se invierten US$366.0000 millones
(presupuesto de defensa de E.U.), en operaciones internas y externas
y en medidas diplomáticas, militares, financieras, de investigación,
de seguridad y humanitarias.
La ofensiva también pretende cortar el financiamiento de
los grupos terroristas, aunque un año después, el
llamado "dinero del terror" avanza lentamente y la lucha
contra ese fenómeno ha ampliado, de cierta manera, la división
entre Oriente y Occidente. Parte de la estrategia global es la Operación
Perdurable, desarrollada por 7.000 militares y cuyo único
logro visible es el derrocamiento del régimen talibán
en Afganistán, dado que todavía es incierto si cumplió
con objetivo original: Al Qaeda y su líder, Osama Bin Laden.
A pesar de los éxitos de esta operación, la lucha
antiterrorista ha producido significativos daños colaterales
en el mundo, aseguran los grupos de derechos humanos, entre ellos
Human Rights Watch (HRW), al recordar los errores en los bombardeos,
las detenciones arbitrarias y otra serie de restricciones a las
libertades.
Desde el 11 de septiembre, las autoridades detuvieron en E.U. a
más de 1.200 personas, pese a que ninguna ha sido acusada
de vinculación con organizaciones terroristas. Washington
informó que otras 2.400 personas fueron capturadas en diferentes
partes del mundo por su presunta relación con Al Qaeda, aunque
aún se desconocen sus nombres y cargos.
Según la agencia EFE, casi 600 hombres fueron trasladados
desde Afganistán a la base militar de Guantánamo (Cuba).
Todos languidecen en un limbo tropical y legal fuera del alcance
de tribunales civiles, sin ser entregados aún a tribunales
militares.
Están desamparados por las leyes internacionales, debido
a que E.U. se niega a reconocerlos como prisioneros de guerra, estatus
que obligaría, según el Derecho Internacional Humanitario
(DIH), a darles un trato distinto del que reciben hoy.
Resultados
Lo tangible de la Operación Perdurable es que Afganistán
es hoy, a la luz de los resultados, una nación libre del
dominio de una milicia fanática, aunque su futuro sigue hipotecado,
en caso de que se demore la ayuda de US$4.500 millones, prometida
en enero pasado en la "conferencia de donantes", celebrada
en Tokio.
Para países como Francia, Alemania, Rusia, China y el bloque
árabe, cuyos líderes han manifestado, por ejemplo,
su oposición a un eventual ataque a Iraq, la actitud de E.U.
durante los bombardeos a Afganistán demostró la poca
o ninguna relevancia de instituciones, en teoría, claves
en el ámbito internacional, como Naciones Unidas, la OTAN
o la Unión Europea (UE).
A juicio de analistas consultados por la agencia EFE, esos países
y organizaciones, frente a la sombra de la llamada superpotencia
mundial, o bien aceptaron un papel secundario, o se dejaron llevar
por el vendaval de la llamada "cruzada".
No obstante, todos, tras los ataques del 11 de septiembre, tomaron
decisiones para enfrentar el terrorismo: el Consejo de Seguridad
de Naciones Unidas, casi un mes después, emitió resoluciones
que obligan a todos los estados miembros a bloquear la ayuda financiera
y logística a terroristas.
El 14 de febrero pasado, los gobiernos de España, Francia,
Reino Unido, Bélgica y Portugal adelantaron a 2003 la entrada
en vigor de la "euro-orden", que obliga a extraditar a
personas reclamadas por algunos delitos, entre ellos el terrorismo.
"Lo que vemos en Europa es una reconceptualización de
todo el proceso de pensamiento sobre seguridad", dijo a la
EFE Joanna Apap, investigadora del Centro de Estudios Políticos
de Europa en Bruselas.
Aun así, el consenso ahora es distinto, no sólo con
Europa sino con los árabes que ven más abierta la
brecha con Occidente, dado que a sus dirigentes les preocupa que
la guerra contra el terrorismo se convierta en un ataque directo
al Islam, su más preciado tesoro. Ese distanciamiento es,
para analistas de la región, la mayor frustración
de la política de Bush frente al terrorismo, debido a que
esa posición no sólo tiende a crear un caos en el
volátil mundo árabe sino que, por ejemplo, ha obligado
a esos gobiernos a estar a la defensiva, tratando de apaciguar a
las masas y de mantener una alianza estratégica y clave con
el que, hasta ahora, ha sido el principal mediador en el área:
E.U.
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