Por David Ernesto Santos
Clara Isabel Vélez



Colprensa, Salamina-Caldas | En el asilo de Salamina, Caldas, hay 32 ancianos. Solo unos pocos pagan una pensión, los otros están allí gracias a los aportes de la comunidad. Su directora, Nohora Montoya, teme por el futuro de la institución porque a final de año los trasladarán a un nuevo edificio pero no saben de quién dependerán.
Representan el 9 por ciento de la población, pero poco se les tiene en cuenta. Algunos les dicen ancianos, otros los califican como personas de la tercera edad, hay quienes se refieren a ellos como abuelitos y están los que "técnicamente" los llaman adultos mayores.

Lo cierto es que según el DANE en el país hay 3.232.594 personas mayores de 65 años, la mayoría viven en Bogotá, Antioquia y el Valle.

Son muchos los que llegan a la edad adulta sin haber cotizado para una pensión y mucho menos cuentan con recursos para pagar un alojamiento y comer. Ni pensar en recursos para recibir atención médica.

Por esta razón el Gobierno Nacional y las administraciones departamentales y municipales deben emprender programas asistenciales que contemplan la entrega de subsidios, la atención médica y la distribución de alimentos.

Eso sí, el requisito para obtener los beneficios es tener más de 52 años si se es mujer y 57 si es hombre; pertenecer a los niveles 1 y 2 del Sisben; no contar con recursos para susbsistir o estar en situación de desplazamiento.

No solo es comida

Desde 2004, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf) es el encargado de brindar la atención a los adultos mayores a través del Programa Nacional de Alimentación Juan Luis Londoño de La Cuesta.

En su fase inicial se atendieron 25.710 personas de 27 municipios en 14 departamentos. En la actualidad, el programa beneficia a 417.230 en todos los departamentos.

De lunes a viernes reciben un almuerzo caliente, con una minuta que se prepara teniendo en cuenta las necesidades alimenticias de los ancianos. Ellos se reúnen en un comedor cuya ubicación se acuerda con las alcaldías, teniendo en cuenta que sea un sitio de fácil acceso, cómodo y seguro.

Al ubicarlos en un comedor se busca que los abuelitos puedan conversar, porque muchos de ellos están solos. También se pretende que, en la medida de lo posible puedan acceder a programas recreativos y deportivos de los municipios.

Esta parte es importante no solo para el ICBF sino para las administraciones locales. María Consuelo Arango, encargada del programa de ayuda a la tercera edad en la secretaría de Integración Social de la Alcaldía Mayor de Bogotá, cree que el principal problema de la tercera edad es la soledad y la falta de oportunidades sociales para que los adultos mayores salgan a divertirse y sentirse útiles.

En las zonas rurales, la situación es más complicada porque los abuelitos no pueden desplazarse todos los días a un comedor comunitario.

Para ellos el programa Juan Luis Londoño de La Cuesta entrega raciones para preparar que contemplan arroz, lentejas, pastas, leche en polvo, aceite vegetal, atún en aceite, avena en hojuelas, harina de maíz precocida y Bienestarina.

Este mismo paquete se entrega en los cascos urbanos donde hayan menos de 20 beneficiarios inscritos.

Recientemente el programa fue cuestionado por el representante a la Cámara Miguel Ángel Rangel, quien denunció que algunos de los productos que se estaban repartiendo en los comedores de los adultos mayores de Bogotá tenían trazas de heces.

La directora del ICBF, María Elvira Forero, señaló que se habían detectado algunas irregularidades con el proveedor y fue sancionarlo.

Para controlar el debido funcionamiento del programa hay 181 veedurías registradas en los 32 departamentos.



Henry Agudelo | Bogotá, Antioquia y Valle del Cauca concentran la tercera parte de la población mayor de 65 años. La mayoría de ellos en condiciones de pobreza.
Bogotá y Cali buscan inclusión social
Bogotá, Antioquia y Valle del Cauca, en ese orden, son los territorios nacionales con mayor número de personas de tercera edad en el país. Según cifras del Dane, solo en estos tres lugares habita la tercera parte de la población mayor de 65 años de Colombia.

Si bien durante muchos años se ha considerado que somos un país joven, las últimas cifras revelan un cambio en esta tendencia y hoy uno de cada diez colombianos pertenece a la tercera edad.

"Lo que estamos viviendo es un fenómeno de envejecimiento gradual de la población y si no garantizamos las condiciones justas para llegar a la vejez, enfrentaremos un problema serio en los próximos años", explica María Consuelo Arango, encargada del programa de ayuda a la tercera edad de la Secretaría de Integración Social de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

Aunque el Gobierno Nacional, a través de iniciativas del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf), adelanta proyectos de ayuda alimentaria para la tercera edad, los mandatarios departamentales y locales están en la obligación de incluir en sus planes de desarrollo propuestas para mejorar la calidad de vida de este sector de la población.

En la capital del país los esfuerzos hacia la tercera edad están encaminados desde hace tres décadas. Sin embargo, desde el 2001, las iniciativas tienen un nuevo enfoque bajo tres propuestas.

De un lado está la protección a los abuelos más vulnerables con inclusión social, alimentaria y de vivienda. Como segundo componente está un subsidio económico mensual a 44.384 personas.

Y por último está la iniciativa de clubes y puntos de encuentro para que los adultos mayores busquen nuevas redes sociales que mejoren su estado de ánimo.
En Cali, además del componente económico y social, la propuesta gubernamental tiene un programa que pretende que las personas de la tercera edad dicten una cátedra en las escuelas de la ciudad desde el próximo mes de junio para que los alumnos más jóvenes se nutran de la experiencia.

Mariluz Zuluaga, secretaria de Bienestar Social de Cali, asegura que ya existen 700 grupos de personas mayores de 65 años que desde el segundo semestre de este año empezarán a trabajar en el proyecto. En Cali se encuentra más de la mitad de la población de tercera edad de todo el departamento del Valle del Cauca.

En enero les cortaron el agua por 12 días. Se defendieron de milagro.
Asilo de Salamina, sufre por los servicios
A Nohora María Montoya Medina, la directora del asilo de ancianos de Salamina, Caldas, se le parte el corazón al recordar que el 21 de abril llegaron a cortar la luz de la edificación, porque no habían pagado los 159 millones de pesos que le deben a la Chec (empresa de energía de Caldas).

Pensar que los 32 abuelitos que viven en el antiguo hospital del pueblo podrían quedar a oscuras y que tres que tienen oxígeno de forma permanente podrían enfermarse de gravedad le dio el valor para enfrentarse al empleado.

"Si usted corta la luz, tengo tres personitas que necesitan el oxígeno. Si se me mueren, los demando a ustedes", le dijo al hombre que, al parecer, se asustó y no cumplió la orden de sus jefes.
Pero ese no es el único susto que se han llevado. A comienzos de este año, les cortaron el agua porque tenían pendiente de una deuda de 16 millones de pesos correspondientes a 55 meses de acueducto, alcantarillado y aseo, con Empocaldas (Empresa de Obras Sanitarias de Caldas).

Con ayuda de los bomberos y los vecinos lograron atender a los abuelitos. "¡Me daba un pesar verlos así, en una sillita y que los estaban bañando con agua tirada!", cuenta Nohora.

Para superar la emergencia se concertó un plan de pagos en el cual intervino la Alcaldía de Salamina que canceló 17 millones de pesos. Con esto lograron un alivio hasta diciembre.

Ahora la incertidumbre es por el futuro del asilo porque los van a pasar a un nuevo edificio. "No sabemos de quién vamos a depender ni qué va a pasar con las pensiones de los empleados. Hay gente que lleva hasta 14 años".