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Discurso
de posesión del presidente Álvaro Uribe Vélez
"Retomemos el lazo unificador de la ley, la autoridad democrática,
la libertad y la justicia social. No venimos a quejarnos, llegamos
a trabajar.
Las vidas de dos seres, disímiles en talante, formación
y destino, alimentan el origen de la República. Uno, el voluntarioso
y rebelde caraqueño, aristócrata mantuano, criado
por la ternura de la negra Hipólita, luego educado por el
librepensador Simón Rodríguez bajo los principios
rousseaunianos de la libertad individual y la autodisciplina y quien,
entrenado como cadete, vendrá muy joven a poner su brazo
y su espada bajo las órdenes del pueblo insumiso de Cartagena
de Indias.
El otro, de Villa del Rosario de San José de Cúcuta
en la Provincia de Pamplona, alumno aplicado y precoz, enviado al
Colegio Seminario de San Bartolomé para ser moldeado por
la rigidez de los jesuitas, formado por éstos en los arduos
ejercicios de la jurisprudencia, se sumará luego, aún
adolescente, al pueblo santafereño en su lucha por la independencia.
Bolívar y Santander prefiguran nuestra identidad política
como Nación. El primero encarna la idea de orden y autoridad.
El orden como presupuesto ineludible de la libertad, la autoridad
que hace posible la igualdad de oportunidades. El segundo representa
el imperio de la ley que garantiza la seguridad y las libertades.
El orden para la libertad mediante la autoridad democrática
de la ley: Eh allí el binomio ético-político
que sostiene la continuidad histórica de nuestra Nación
y otorga sentido a nuestra institucionalidad!
Bolívar entendió el orden como principio de unidad
y de justicia social. Supo obtener el apoyo de los sectores populares
de Venezuela, quienes, al separarse de la dominación, hicieron
posible la independencia. Los indígenas del Alto Perú
avizoraron en el orden Bolivariano el faro de sus reivindicaciones
sociales; en la espada libertadora, que escribió la Constitución
sin privilegios para Bolivia, reconocieron el símbolo de
la autoridad al servicio de las garantías populares. Para
reposo del Libertador recuperemos el orden, que unifique esta Nueva
Granada disgregada hoy en repúblicas de facto de organizaciones
violentas.
Santander concibió la paz, y la concordia que es el estado
del alma para que la paz sea permanente, bajo el exclusivo reinado
de la ley. Prefirió la ley a la guerra cuando le solicitaban
más tropas para la campaña libertadora del Sur del
Continente. Honró la ley con su obediencia a la autoridad
aún al costo de su degradación de comandante militar
en los Llanos. Que el Hombre de las Leyes nos inspire una Nación
de obediencia a las normas para cancelar la esclavitud de la violencia.
Ante el juramento que acabo de prestar, que compromete mis energías
y la totalidad del ciclo vital que El Creador me depare, convoco
a los colombianos y colombianas a retomar el lazo unificador de
la ley, la autoridad democrática, la libertad y la justicia
social, extraviado en momentos desapacibles de la historia. En nuestra
Nación han descendido la confianza y la solidaridad.
Cada uno desconfía del vecino y en especial del Estado. Decrece
la actitud solidaria y hay desproporcionado apego al interés
propio e indeferencia por la suerte de la comunidad. Lo anterior,
señalado como un decaimiento del capital social, no surge
de la naturaleza del ser colombiano, que es cívica y humanitaria;
su razón de ser la explica la violencia destructora, la politiquería
y la corrupción, que concurren a la incertidumbre, la miseria
y la desigualdad.
La Patria confronta un cuadro serio de dificultades. En la miseria
viven 9 millones de ciudadanos, el 57% se ubica en la línea
de pobreza, además del 16% de desempleo hay 6.5 millones
de subempleados, el déficit total supera el 3% del Producto
Interno Bruto, la capacidad de pago de la deuda pública está
saturada. Si tuviéramos la tasa de homicidios de Inglaterra
habría 200 cada año.
Uno es muy grave, 200 también, pero padecemos 34.000. Entre
3.000 y 3.600 secuestros que se denuncian, constituyen el 60% de
este delito en el mundo. Cada secuestro es sufrimiento, fuga de
capitales y desempleo.
No venimos a quejarnos, llegamos a trabajar. En 4 años será
imposible resolverlo todo, pero no ahorraremos esfuerzo. Este es
mi deber frente al derecho de los jóvenes y de quienes habrán
de venir.
Es mi obligación de honor con el 80% de nuestros compatriotas
que vive aún en el despertar de su juventud y requiere que
acertemos para que brote su ilusión. Tenemos que hacerlo
bien para que se restablezca la fe de un pueblo que jamás
ha rendido la cabeza pero que reclama firmeza en el timonel para
interrumpir el triste discurrir de la miseria y el atentado criminal.
El ajuste fiscal para enderezar las finanzas públicas es
ineludible pero se adelantará en procura de un mayor crecimiento
de la economía y el empleo. El crecimiento es el mejor ajuste
fiscal y la única fuente perdurable de ingresos del Estado.
Los más pudientes, los empresarios que con tenacidad sirven
bien a la Nación, llevarán sobre sus hombros nuevas
responsabilidades tributarias. Los esfuerzos de los sectores medios
y populares deben retribuirse en mayor inversión social para
frenar la renovación de su prolongado purgatorio.
El momento excepcionalmente delicado de la economía exige
impulsar a los sectores productivos generadores de empleo. Los países
desarrollados en coyunturas difíciles no discuten los estímulos,
con agilidad los diseñan y ponen en marcha. La globalización
como integración de la economía es irreversible, pero
la dignidad de los pueblos pobres hace imperativo que sus resultados
sociales sean equitativos. De lo contrario, su sostenibilidad política
traería inmensos costos para la democracia y la convivencia.
La economía andina requiere más voluntad y resultados.
Resulta equivocado considerar que con trabas comerciales dentro
de la Región alguno de nuestros países pueda acelerar
el crecimiento. Al interior de la Comunidad la mejor protección
es la mayor integración. Miremos juntos a MERCOSUR, LA UNION
EUROPEA, CANADA, EL ALCA. Avancemos hacía la armonía
en tasa de cambio competitiva, baja inflación, endeudamiento
prudente y equilibrio fiscal. A partir de allí pensemos en
una moneda única, nuestra, que podamos orientar.
Tengamos con nuestros vecinos fronteras abiertas y cerradas. Abiertas
para el tránsito de artículos y personas de bien,
cerradas para la delincuencia. Nuestros esfuerzos de autoridad velarán
para que la droga y la violencia no se trasladen al territorio fronterizo.
Con la ayuda del Gobierno del respectivo País hermano lo
lograremos, para tranquilidad de Colombia y de todos, porque este
conflicto o se para o tiene el potencial de desestabilizar la Región.
Durante la transición hablé con los directivos de
los bancos multilaterales para que aumenten su exposición
en Colombia. Lo necesitamos y a tiempo, si lo canalizamos debidamente
mantendremos el cumplimiento en nuestras obligaciones financieras
y mejoraremos en la impagada deuda social. La aceptación
popular a nuestro Estado dependerá en muy buena parte de
los resultados sociales. En medio de la escasez crítica de
recursos impulsaremos las 7 herramientas de construcción
de equidad expuestas en el Manifiesto: la revolución educativa,
la ampliación de la seguridad social, el impulso a la economía
solidaria, el manejo social del campo, de los servicios públicos,
el apoyo a la pequeña y mediana empresa para tener un País
de propietarios, y la calidad de vida urbana.
La estabilidad económica dependerá del crecimiento
y este conservará su trayectoria de largo plazo si se funda
en la cohesión social. No es posible estabilidad económica
sin estabilidad social.
Nuestro Estado es gigante en lo burocrático, ineficaz frente
a la corrupción que maltrata las costumbres políticas
y peligrosamente pequeño en inversión social. El Estado
tiene que ser promotor del desarrollo, garante de la equidad social
y dispensador del orden público. No puede ser obstructor
de la iniciativa privada, ni estar ausente frente a los reclamos
sociales.
Nuestro Estado Comunitario buscará que los recursos y las
acciones lleguen al pueblo, con transparencia, mediante creciente
participación popular en la ejecución y vigilancia
de las tareas públicas. La promoción de esa participación,
será el mejor instrumento para la derrota de la corrupción.
El Estado no puede exigir austeridad a los pequeños municipios
a tiempo que las altas esferas dilapidan recursos. Para dar ejemplo,
las reformas deben empezar por la Presidencia de la República
y el Congreso, en pensiones, salarios, eliminación de prebendas
y tamaño de nóminas y de la representación.
La revolución de las comunicaciones facilita un Congreso
reducido en cantidad y costos, mezcla equilibrada de la representación
y la participación, más integrado con la ciudadanía
y más eficaz en sus tareas. La independencia frente al Ejecutivo
no requiere Parlamento de gran tamaño sino que la opinión
lo observe y controle. Esta tarde quedará radicado el proyecto
de ley para convocar el Referendo contra la corrupción y
la politiquería. Será luz de austeridad para trasladar
recursos a la revolución de las oportunidades que empieza
con la educación.
No podemos luchar contra el clientelismo si practicamos el clientelismo.
Los gerentes y directores de las sucursales de entidades nacionales
en las regiones, serán nombrados por concursos de méritos,
para que el pueblo participe en un evento inaugural de la igualdad
frente a la administración.
Son necesarias la derrota de la politiquería y la racionalidad
de los costos laborales para salvar la existencia de empresas estatales.
Nuestro concepto de seguridad democrática demanda aplicarnos
a buscar la protección eficaz de los ciudadanos con independencia
de su credo político o nivel de riqueza. La Nación
entera clama por reposo y seguridad. Ningún crimen puede
tener directa o ladina justificación. Que ningún secuestro
halle doctrina política que lo explique. Comprendo el dolor
de las madres, de los huérfanos y desplazados de la Patria,
en su nombre revisaré mi alma cada madrugada para que las
acciones de autoridad que emprenda tengan la más pura intención
y el más noble desarrollo. Apoyaré con afecto a las
Fuerzas Armadas de la Nación y estimularemos que millones
de ciudadanos concurran a asistirlas. Ello aumenta nuestra obligación
con los derechos humanos, cuyo respeto es lo único que conduce
a encontrar la seguridad y por su conducto la reconciliación.
Cuando un Estado democrático es eficaz en sus garantías,
así los logros sean progresivos, la violencia en su contra
es terrorismo. No aceptamos la violencia para combatir el Gobierno
ni para defenderlo.
Ambas son terrorismo. La fuerza legítima del Estado cumple
la exclusiva misión de defender a la comunidad y no puede
utilizarse para acallar a los críticos. La democracia es
el único camino para la emulación de las ideas.
La democracia es nuestra oferta para que los fusiles sean sustituidos
por la política y la seguridad democrática el instrumento
para que se haga política sin armas y con el derecho de no
ser asesinado. La defensa de los alcaldes, concejales, gobernadores
y cuantos representantes del pueblo sean amenazados será
salvaguardia de la democracia. No permitiremos que la centenaria
lucha popular por el derecho a elegir la más próxima
autoridad sea truncada por la presión de las armas. He solicitado
al Secretario General de las Naciones Unidas, Señor Kofi
Annan, los buenos oficios de la institución para buscar el
diálogo útil a partir de un alivio para la sociedad
que debe ser el cese de hostilidades. En este marco exploraremos
soluciones humanitarias, que liberen secuestrados, que se den a
partir de acuerdos que vislumbren la paz definitiva como algo posible.
Quienes quieran disfrutar la libertad, que permitan que el pueblo
disfrute la tranquilidad. He pedido a los medios de comunicación
y a la opinión comprender la prudencia que el tema demanda.
El mundo debe entender que este conflicto necesita soluciones no
convencionales, transparentes, imaginativas. La violencia se financia
con un negocio criminal internacional: la droga; se lleva a cabo
con armas fabricadas fuera de Colombia; y, democracia alguna puede
permanecer indiferente a los sufrimientos de nuestro pueblo. Continuaremos
con el Plan Colombia con la adición de la interdicción
aérea y programas prácticos de sustitución
como el pago a campesinos para erradicar cultivos ilícitos
y cuidar la recuperación del bosque. Mantendremos la senda
recorrida con los Estados Unidos, tocaremos las puertas de Europa
y Asia y afianzaremos la unidad de propósitos con los vecinos.
Si no derrotamos la droga, la droga destruye nuestra libertad, nuestra
ecología y anula la ilusión de vivir en paz.
Queremos la paz, no el apaciguamiento que se origina en el diálogo
insincero, en el acuerdo claudicante o en la tiranía oficial.
El apaciguamiento no reconcilia, suspende por momentos la violencia
y la reaparece con superior intensidad. Recibo la Presidencia de
manos del Doctor Andrés Pastrana quien concluye una tarea
decorosa, alimentada por infinita buena fe y exitosa en la integración
de Colombia al mundo entero, con el ATPA como promisorio logro final
para las exportaciones.
Ha jurado como Vicepresidente Francisco Santos Calderón,
jalonado por el aliento patriótico de los suyos, en especial
de su Padre.
He prometido cumplir la Constitución y las leyes ante el
Presidente del Congreso, ciudadano probo, administrador eficiente
y hombre de Estado. Este juramento reviste la circunstancia especial
de que en la tierra de ambos la palabra dada es escritura otorgada.
Provengo de una montaña que me enseñó a quererla
a ella para querer intensamente a Colombia toda. Los míos
del cielo, agricultores casi todos, me emplazan como vigías
de la Patria. Desde allá me acompañan mi madre con
su bondad y mi padre con su energía, para cumplir este deber
con afecto, con superior afecto por mis conciudadanos. La esposa
y dos estudiantes constituyen mi dulce retaguardia.
Empecemos un Gobierno honrado, eficaz, austero, no milagroso, con
el trabajo como emblema. El presupuesto es escaso, muchos los problemas,
pero la alegre espontaneidad de los colombianos, intacta no obstante
los padecimientos, y su carácter, acerado en el yunque de
las dificultades, constituyen invaluable recurso. Soy consciente
del tamaño de mi responsabilidad, pero también se
que no la podré llevar acertadamente sin la compañía,
la crítica constructiva, el esfuerzo y el consejo de ustedes,
mis compatriotas. Con tolerancia a la idea ajena y cero permisividad
al crimen, girando contra el banco de la autoridad que no estará
en bancarrota, mejoremos el presente y ganemos el porvenir para
que prime el fraterno debate creativo.
Que el amor por esta Patria sea la llama a través de la cual
Nuestro Señor y la Santísima Virgen me iluminen para
acertar; también para superar la humana vanidad y rectificar
cuando incurra en el error.
Aspiro, dentro de 4 años, poder mirar a los ojos de ustedes,
mis compatriotas".
EL COLOMBIANO / CNE
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