Caída la Gran Alianza, Pastrana quedó
casi solo
Medellín
Con una coalición a su favor que duró menos de un
año, fue corta la luna de miel de Andrés Pastrana
en el poder. Como en un mal matrimonio, la situación empeoró
mes por mes. Al final, terminó gobernando casi solo, apenas
apoyado por algunas vertientes conservadoras, más no por
el Partido en pleno, colectividad que igual se desgastó
y ni siquiera presentó aspirantes a la Presidencia.
Pastrana ganó los comicios de 1998 gracias a la Gran Alianza
por el Cambio, coalición suprapartidista que alineó
a conservadores, liberales disidentes e independientes. Para empezar
a gobernar, al grupo se sumaron más liberales gracias a
la gestión de Néstor Humberto Martínez y
del senador Fabio Valencia Cossio, cuando los liberales oficialistas
buscaban hacerse a las mesas directivas de ambas cámaras
legislativas.
Para los dos primeras legislaturas las presidencias de Senado
y Cámara quedaron en manos de la Gran Alianza, que también
ganó las presidencias y vicepresidencias de las 14 comisiones
legislativas.
El primer golpe de opinión, que dio imagen de fortaleza
inicial, fue armar la coalición que permitió que
un conservador como Valencia Cossio accediese a la presidencia
de la Cámara Alta, cuando la bancada mayoritaria era liberal.
La primera muestra de que la Gran Alianza era una mayoría
frágil fue temprana, en la elección de Carlos Ossa
Escobar como contralor general, postulado por el Partido Liberal.
A esto se sumó el distanciamiento de los senadores Íngrid
Betancourt, Claudia Blum, Fuad Char, Salomón Náder
y Javier Ramírez, arguyendo incumplimientos del programa
de gobierno planteado por Pastrana.
Debilitaron aún más la coalición las recriminaciones
de congresistas de la Gran Alianza a los ministros Néstor
Humberto Martínez (Interior), Juan Camilo Restrepo (Hacienda),
y el secretario general, Juan Hernández, por incumplimiento
de acuerdos de campaña
De los 60 senadores y 90 representantes que apoyaban al gobierno
inicialmente, al año ya no eran más de 40 y 60,
respectivamente. En este ambiente se frustró el primer
proyecto de reforma política, y todo terminó con
la iniciativa de reforma por referendo con revocatoria del mandato.
"Esto llevó a romper relaciones definitivamente",
dijo el senador Juan Fernando Cristo.
Con la gobernabilidad hecha trizas, para las dos últimas
legislaturas del período 1998-2002 el control del Congreso
volvió al Partido Liberal, que retomó las presidencias
de Senado, Cámara y todas las comisiones. De ahí
en más las relaciones del Ejecutivo y el Legislativo se
caracterizaron por la tensión, y al Gobierno no le quedó
otro camino que apelar a los cupos indicativos para sacar adelante
por lo menos su agenda económica. [LDO, ALS]