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Las obras del maestro Botero al nuevo Museo
¡Se mudaron los gordos!


El miércoles 27 de septiembre de 2000 se cumplió una de las más importantes etapas del proyecto Ciudad Botero: el traslado de las obras donadas por Fernando Botero, desde la antigua sede del Museo de Antioquia a su nuevo escenario.


Desde ayer comenzó el traslado de las obras del maestro Fernando Botero del antiguo Museo de Antioquia a las nuevas instalaciones del mismo. El artista llegará este viernes a Medellín a dirigir las operaciones, que culminarán con la inauguración del museo el 14 de octubre próximo. Foto Juan Antonio Sánchez.
Las frutas, los bodegones, el Pedrito Botero, las flores, las casas de patio, la catedral, los toreros y los toros, los personajes del pueblo, las putas de Lovaina, los gatos, los cardenales y obispos, las cocinas... Una tras otra, cogidas a cuatro, a dos, a seis, a ocho manos, fueron trasladadas al nuevo Museo de Antioquia, las obras de Fernando Botero que hacen parte de las salas del tercer piso del que fuera el edificio de la Administración Municipal.

La mañana de aquel miércoles 27 de septiembre de 2000 amaneció lluviosa y las primera horas transcurrieron lentas. Alberto Sierra, curador del Museo, advertía el momento en que se debería detener la marcha de las pinturas y dibujos, para evitar que se humedecieran, a pesar de estar debidamente protegidas por gruesos plásticos, en una labor que involucró a todas las personas que laboran cotidianamente en el Museo y a uno que otro voluntario que decidió apoyar este proyecto. 25 personas trasladaron más de cien dibujos, pinturas y esculturas.

La mañana se destinó para los lienzos, y la tarde, para las esculturas en pequeño y gran formato. Todo esto requirió un complicado engranaje en el cual participó Empresas Públicas, con carritos y grúas para llevar las piezas tridimensionales al piso de arriba, ése que ya está listo para ser habitado por el arte.


Con sabor a felicidad
Lo que ocurrió el miércoles 27 de septiembre en el Museo de Antioquia fue un paso más para dar vida al proyecto de Ciudad Botero. El antiguo edificio Municipal poco a poco se dispuso a lo que es hoy, con los trabajos arquitectónicos que se desarrollaron allí desde 1999, a cargo del un grupo Stoa, conformado por los arquitectos Darío Ruiz, Emilio Cera, Beatriz Jaramillo y Tomás Nieto.

Foto Juan Antonio Sánchez O.
El sábado 30 de septiembre y el domingo 1 de octubre de 2000, las directivas del Museo recibieron las demás salas ubicadas en el segundo y primer piso de esta sede cultural. ¡Cuidado, cuidado, no se aceleren que aquí llevamos al Exvoto, el primer cuadro que llegó al Museo... sí, fue segundo puesto en la Bienal”, decían los hombres que cuidadosamente trasladaban las obras, mientras eran coordinados por María Victoria Gaviria, subdirectora del Museo.

Cada una de las obras fue ubicada en las salas que esperan la visita de Fernando Botero, motor y nervio de este proyecto. La donación del maestro antioqueño, se ha crecido. Pilar Velilla, directora del Museo, anunció el arribo a Medellín de tres obras más, el regalo de las obras internacionales pasó de una a veinte. En fin, es el arte que se convierte en generador de un cambio urbano. De ahí la importancia de todo esto que ocurre por estos días en Medellín y que se dio a conocer al público el 14 de octubre de 2000. ‘Esto es una emoción”, decía Pilar Velilla, mientras las obras iban de mano en mano.

Con los radios de comunicación, los coordinadores del traslado, daban órdenes, permisos, mientras una intensa seguridad se advertía en las dos sedes, la de hoy y la de mañana. “¡Mire esas obras tan grandes, es que pintando así se llega a ser famoso!”, decía un señor atento a todo el movimiento, y otro le respondía alegremente: “¡eso hay que ir a verlo, con tanto alboroto, eso allá debe ser bueno!”. Como hormigas, los hombres que tenían sus manos enguantadas, llevaron paso a paso estas obras que hoy amanecieron en el nuevo Museo.

Fernando Botero se encargó, desde el viernes 29 de septiembre de 2000, de ubicarlas en las paredes blancas y en los pisos de brillo impecable, que fueron testigos de esta nueva historia del arte antioqueño y colombiano.

 

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