
Revivir un antiguo edificio
Cambio de uso con sentido
A cargo del grupo Stoa estuvieron los trabajos
de adecuación, intervención y renovación del antiguo Palacio Municipal
para convertirlo en Museo. Una labor en la que los detalles son
vitales.
Fernando Botero cuando se refiere al edificio que fuera sede de
la Administración Municipal, señala que pareciera que hubiera estado
destinado a ser museo.
Los arquitectos del grupo Stoa, encargado de su intervención, Emilio
Cera, Tomás Nieto y Beatriz Jaramillo y el historiador Darío Ruiz,
trabajaron sin tregua, con la asesoría del maestro antioqueño y
con un equipo en el que participaron, además de Tulio Gómez, gerente
del proyecto, diseñadores, investigadores, dibujantes y obviamente,
arquitectos e ingenieros, todos bajo la coordinación de la Promotora
Inmobiliaria, a cargo de las obras civiles de lo que se ha llamado
Ciudad de Botero.
En un principio, fueron los estudios técnicos y de diseño, de suelos
y estructuras; determinación de necesidades, selección de proveedores...
en fin, un proceso lento, detallado y “con pinzas”, para adecuar
el edificio a los nuevos usos y en el que participaron 25 consultores
en áreas especializadas, entre ellas, sistemas eléctrico, de comunicaciones,
sonido y seguridad; diseño de estructura e iluminación.
En enero de 2000, comenzó la construcción, adecuación, remodelación
y restauración en el edificio y sus zonas aledañas.
Beatriz Jaramillo explica que el grupo, seleccionado por un concurso
de ideas en el que participaron 33 firmas, propuso “un Museo que
se integrara al sistema de espacios públicos de la ciudad, invitando
a todos los habitantes a hacer parte de la historia y desarrollo
de nuestra cultura. Un Museo que irradie su influencia en el entorno
cercano y a la ciudad en general, propiciando su cualificación ambiental
y la generación de oportunidades de empleo para la comunidad”.
Dice, además, que “las estructuras livianas se adosan a los contenedores
históricos propiciando un nuevo ambiente interior que permite el
nuevo uso, sin lesionar la forma fundamental del edificio patrimonial,
pero enriqueciendo el lugar con la última tecnología”, lo que posibilita,
según la experta, hacer un Museo a la altura de los mejores.
Con tecnología inteligente
Las paredes del edificio guardan historias pasadas y presentes.
El debate de lo público se hizo allí, ahora, la historia se renueva
a partir del arte.
Fue necesario entonces, tumbar columnas, instalar complicadas estructuras
de acero para hacer el edificio antisísmico y que cumpliera así
con las leyes de construcción.
Las salas tienen sistemas de seguridad, de comunicaciones, equipos
para detectar temperatura y humedad; lámparas y rieles traídos de
Italia... Un edificio que tiene un carácter inteligente y que ha
conservado a lo largo de su historia, once murales del maestro Pedro
Nel Gómez, como el de La República, realizado en 1936 y ubicado
en el que fuera el Salón del Concejo o el de la entrada principal,
llamado Danza del café.
La arquitecta dice que el proyecto no puede verse “como uno más
y con la connotación de suntuario, como algunas personas han pretendido
mostrarlo a la comunidad. Por un lado, la cultura no es suntuaria
ni elitista, es la fundamentación de la identidad, es el factor
dinámico que permite el crecimiento de una agrupación social y la
convierte en interlocutor válido en el actual espacio de la globalización”.
El edificio conserva las puertas y ventanas originales, con detalles
cromados, impecables y sobrios, como toda su estructura, que hace
énfasis en un estilo geométrico, propio del art decó.
Se trató de uno de los primeros inmuebles modernos de la ciudad
construido por la firma H y M Rodríguez como Palacio Municipal y
el cual, por sus calidades arquitectónicas, es considerado patrimonio
nacional, lo que implicó una intervención respetuosa con su arquitectura
e historia.
Las barandas de balcones y escaleras, se hicieron en lámina metálica
para tener una unidad con sus puertas y ventanas, en medio de un
trabajo en el cual se eliminó lo que ensuciara el edificio original,
con la idea de intervenir lo mínimo, según explica la arquitecta.
Estaba deteriorado, no hay duda. Y con el paso de los años se hicieron
adiciones que no aportaron. Más que de restauración, se habla de
intervención y renovación, “quisimos ante todo, recuperar la espacialidad
original y eliminar en la zona de las salas, los muros que no fueran
estructurales para que no se afectara la estabilidad del edificio”,
que tiene sus pisos de granito, amplios corredores y escaleras,
patio central con jardineras y altos salones: “El espectador puede
reconocer perfectamente los elementos nuevos, no quisimos camuflarlos
simulando lo pasado”. Fueron 9.600 metros cuadrados los que se intervinieron
para dar vida al nuevo Museo de Antioquia, hoy con tres pisos para
salas, auditorio, salones para talleres, sala virtual y nuevos servicios
acordes con su época.
Empresas Públicas entregó, en un principio, el ala norte, que fue
la que se intervino, más adelante, entregará el resto del inmueble,
que tiene en total quince mil metros cuadrados. |