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El proyecto puede ser epicentro de transformaciones urbanísticas
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La ubicación estratégica del nuevo Museo de Antioquia y su repercusión en la vida cultural y social de Medellín, obliga a pensar en opciones que permitan a los ciudadanos acceder al lugar desde cualquier rincón.


Un proyecto de ciudad que hace parte de la renovación del centro de Medellín. Foto Diego González
Una de las mayores expectativas que genera el proyecto Ciudad de Botero es el cambio de apariencia que podrá operar en el centro de la ciudad y en esa medida, su integración arquitectónica y social a la zona. ¿Cómo llegar fácilmente al Museo y sus alrededores desde cualquier punto de la ciudad? Es la pregunta que muchos arquitectos y planificadores urbanos se hacen ante un proceso de tanta magnitud. Y es que, como explica el urbanista Luis Fernando Arbeláez, “los proyectos de alto impacto urbano no pueden ser puntuales; pueden desarrollarse en un sitio específico, pero dadas sus repercusiones, deben hacer parte de un sistema urbano, deben crear una serie de relaciones en un contexto y aún con puntos lejanos de la ciudad”.

En el caso de Ciudad de Botero, se trata de un proyecto sin precedentes, porque además de revitalizar un histórico edificio con la colección del Museo de Antioquia y las nuevas obras donadas por Fernando Botero, se ocupa parte de un espacio público de gran trascendencia. “Ciudad de Botero no llegó a suplantar, sino a complementar hechos históricos existentes”, dice Luis Fernando Arbeláez.

“Es que aquí está toda la memoria de Medellín en calles como Boyacá y Carabobo. Esta última, por ejemplo, es la calle más importante de la ciudad porque era la vía Pasto - Barranquilla y combinada con Ayacucho, conformaban el sistema fundacional español”, explica el arquitecto y planificador urbano Carlos Julio Calle.

En el primer piso
Y aunque él considera que el espacio externo del proyecto es “pobre y residual”, también está convencido de que es importante aprovechar su impacto “para rehacer la ciudad”. Parte de la propuesta de Carlos Julio Calle es convertir los primeros diez o doce metros de altura de Medellín, en espacios que el peatón sienta como propios. “La ciudad del primer piso”, como se denomina su idea, hace referencia al espacio público como un continuo paseo por las calles, aceras y corredores peatonales para que se constituyan en espacios amplios y amables para todos los ciudadanos. En este sentido, “Ciudad de Botero debe ser democrático, absolutamente vivido por toda la ciudad”, agrega Carlos Julio Calle.

Tanto él como Luis Fernando Arbeláez imaginan un Centro recuperado a partir de calles y puntos referenciales que dieron origen a Medellín. Sitios clave de intervención urbana son la calle San Juan con la carrera Carabobo; la avenida La Playa en su extensión por la avenida de Greiff; la avenida Juan del Corral, que llevaría al peatón desde el Hospital Pablo Tobón Uribe hasta Ciudad de Botero y la continuidad del Parque de Berrío hasta la Plazuela Nutibara.

Luis Fernando Arbeláez extiende los ejes urbanos vitales más allá del Centro y se imagina a un ciudadano que sale caminando desde San Javier o Villatina o desde cualquier barrio de Medellín hacia Ciudad de Botero a través de corredores peatonales directos.

Otro aspecto a considerar es el sentido de pertenencia que del espacio hagan los ciudadanos, porque como afirma el arquitecto Luis María Arias “si la gente se siente excluida, no se acerca ni lo va a tomar como propio”. Entonces, al tiempo que se piensa en la proyección urbana de Ciudad de Botero, los arquitectos consideran importante la participación democrática en las decisiones que se tomen respecto al espacio.  

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