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Boyacá, Carabobo y el Palacio enmarcan el pasado y futuro de Medellín
Historias contadas desde el asfalto


Hace 63 años, exactamente el 12 de octubre de 1937, Medellín inauguraba su Palacio Municipal. Hoy la ciudad ve el mismo edificio convertido en uno de los museos más importantes de Latinoamérica. Los alrededores del Palacio hablan del pasado de los medellinenses.


El Palacio Municipal fue diseñado por la oficina de arquitectos H.M. Rodríguez e Hijos, entre los que se encontraba el reconocido Nel Rodríguez. Su estilo funcional permite que hoy pueda instalarse allí un museo con todas las especificaciones.

Los primeros planos de Medellín datan de 1.770. En ellos se distinguen tres iglesias: La Candelaria, San Benito y La Veracruz. Esta última fue construida en 1682, es decir, sólo siete años después de la fundación de la ciudad. Al llegar a La Veracruz, el transeúnte se encontraba con un atrio que servía de plazoleta y que por cierto, contenía la primera pileta de bronce que llegó a la ciudad. En 1886 se inauguró el primer vagón del tranvía arrastrado por mulas que partía -justamente- de la plazuela de La Veracruz hasta El Edén (hoy Jardín Botánico). El proyecto se xtendería hasta La Estrella y Copacabana, constituyéndose en el más antiguo esfuerzo de ransporte urbano colectivo. Así, se fue consolidando uno de los principales espacios públicos de la época, pues la calle Boyacá (que pasa por un costado de la iglesia) también se destacaba por su actividad comercial y cultural.

Las casas de los ricos
El primer nombre que tuvo Boyacá fue Calle Real, con lo cual se entiende la trascendencia que Medellín le daba. Por ser eje importante del trazado colonial, sobre ella se asentaron los primeros comerciantes de oro y las viviendas de los ricos y aristócratas. Debido a la presencia de cafés como La Bastilla, El Molino y El Blumen a lo largo de la calle, por aquí se paseaban literatos tan reconocidos como Tomás Carrasquilla, Efe Gómez y Gabriel Cano.

Carabobo también se perfilaba en ese entonces como vía fundamental. Su apertura en 1850 marcó el inicio de una etapa crucial en la planificación del trazado urbano, pues junto con Calibío, Maracaibo y Caracas completaba las primeras 21 calles básicas para la circulación vehicular. Pero el verdadero desarrollo del sector vino en la década de los treinta cuando se cubrió la quebrada Santa Elena y se le dio continuidad a la Avenida La Playa con las Avenidas Primero de Mayo y De Greiff. Según el informe presentado por la Sociedad de Mejoras Públicas “sólo así se podría bajar directamente al edificio de la Gobernación e indirectamente, al Palacio Municipal”. Para completar la infraestructura de la zona se construyó en 1940 el Nutibara, primer hotel de lujo de Medellín.

Los palacios
El Palacio de Calibío (que fue por muchos años el edificio de la Gobernación y hoy es el Palacio de la Cultura) y el Palacio Municipal (a donde se trasladó el Museo de Antioquia) merecen capítulo aparte.

El primero se constituye en obra pionera del siglo XX, construida entre 1920 y 1938 por el arquitecto belga Agustín Goovaerts. El proyecto inicial era cuatro veces más grande que el edificio concluido; esto se explica por las dificultades económicas para su construcción y porque intervinieron toda clase de opiniones frente al máximo edificio de la sociedad antioqueña. Finalmente, resultó un estilo renacentista gótico, acorde con las tendencias del momento, que no fue del gusto de los medellinenses, quienes lo consideraron exótico.

El Palacio Municipal se comenzó a construir en 1932 -año de nacimiento del artista Fernando Botero- y fue inaugurado, sin terminarse, en 1937. También fue una obra pionera porque marcaba el inicio de construcciones menos recargadas, más funcionales y con un estilo moderno que representa la corriente llamada “art decó”.

Desde que se construyó el Centro Administrativo La Alpujarra, en los años ochenta, ambos edificios cambiaron de uso, pero, aparte de su arquitectura imponente, no fueron referentes en la vida cotidiana de los ciudadanos. A partir de hoy el Palacio Municipal tomará un nuevo aire con el traslado del Museo de Antioquia y el sector entero, se revitalizará con la Plazoleta de las Esculturas, que intenta ser punto de encuentro de quienes quieran conocer al Medellín del siglo XXI. 

El punto donde se ubica el nuevo Museo de Antioquia hace parte de la ciudad fundacional, es decir, las primeras calles, edificios, carreras e iglesias que dieron origen al Medellín que hoy conocemos.
Un palacio para el arte
Antes de llegar al Palacio Municipal, las obras de arte del Museo de Antioquia recorrieron varias sedes en el Centro de la ciudad.

La historia se remonta a 1881 cuando se reunieron dos colecciones particulares: la de Manuel Uribe Ángel y la del Coronel Martín Gómez, dando origen al Museo y Biblioteca de Zea, llamado así en memoria de Francisco Antonio Zea. El patrimonio inicial consistía en objetos históricos: documentos, armas, banderas, colección de cerámicas precolombinas, rocas, minerales, numismática y retratos de próceres. Según los relatos históricos ese primer museo estuvo ubicado en un edificio de la carrera Bolívar entre la Gobernación y la Central de Teléfonos. La biblioteca prestaba servicios diarios en horario de oficina, pero el museo sólo se abría los días de fiesta nacionales y podía ser visitado con permiso del Director de la Biblioteca. Estos establecimientos tuvieron una brillante existencia hasta 1895; de ahí en adelante decayeron casi por completo y en 1925 el Museo de Zea, separado ya de la Biblioteca, ocupaba dos estrechos cuartos en el edificio de la Gobernación de Antioquia.

En 1942 la Asamblea Departamental decretó la reorganización del Museo confiándolo a la Academia Antioqueña de Historia y posteriormente, el trabajo se encargó a la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín. En 1946 con ayuda de algunas empresas y la contribución privada, se acondicionó una casa amplia (en la carrera 47 # 52 - 55) para alojar las colecciones en una forma técnica y estable. Allí permaneció el museo durante seis años. Poco a poco las colecciones se fueron enriqueciendo con obras de artistas colombianos como Pedro Nel Gómez, Eladio Vélez, Andrés de Santamaría, Enrique Grau y Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos, entre otros.

En 1951 se trasladó a otra casa en la calle 53 # 46-6 y allí estuvo dos años. Finalmente, en 1954, las colecciones se trasladaron a la antigua casa de moneda de Medellín, adquirida por el Banco de la República y cedida al Museo por la Nación (Carrera 53 # 51-74).

Allí ha funcionado con salones para exposiciones, talleres de arte y restauración, biblioteca y auditorio y continuará como sede alterna para muestras de artistas jóvenes y algunos cursos de extensión.

La colección, de ahora en adelante, se exhibirá en una de las más importantes obras arquitectónicas de la ciudad: el antiguo Palacio Municipal, ubicado en la carrera Carabobo con Avenida de Greiff.


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