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El rostro de la vida
Huellas de piel y de ciudad

El pintor se mira de nuevo en el espejo. Hacer un autorretrato es buscar los claroscuros que pintan en la piel los años. No temerle a las experiencias pasadas que dejan huellas es descubrirlas en cada cicatriz, en cada gesto y explorar en la intimidad de los ojos aquellos rasgos que lo caracterizan y lo descubren ante su público.


El taller, 1990. Óleo sobre lienzo, 257 x 160 centímetros. Foto tomada de Botero, nuevas obras sobre lienzo (Villegas Editores).

"En el arte no se puede llegar a hacer lo que hace todo el mundo, porque eso no tiene sentido. Uno tiene que ‘corregir’ lo que han hecho los demás. Si está de acuerdo con la producción de los otros artistas no tiene sentido ser pintor. Se tiene que estar en desacuerdo para poder hacer algo realmente nuevo".

Esa rebeldía, que tan bien conocía su amigo nadaísta Gonzalo Arango, se descubrió desde los tiempos en la Universidad de Antioquia, cuando éste le hizo evidente una tendencia al éxito y le avizoró desde sus polémicos escritos éxito y fama mundial.

De esos tiempos de amistad quedaron recuerdos que se volvieron cuadros con los años. Las visitas a las casas de las putas, los encantos de María Duque, las noches de bohemia y juego y una amistad que se quedaron en las postrimerías de la adolescencia, porque cada uno debería construir su destino. "En sus escritos, Gonzalo podía ser afectuoso o muy venenoso. De todas maneras fue muy importante ser su amigo, porque era una persona muy inteligente, muy sensible y nos llamaba la atención a todos porque era el más bohemio del grupo. En esa época uno iba a dormir a la casa, pero Gonzalo se quedaba durmiendo por ahí, en cualquier solar, y nos dejaba asombrados. He sido pobre, pero no bohemio y cada vez que puedo dormir en mi cama, en ella me quedo".

Así como los amigos y las noches de juerga dejaron huella en sus obras de arte, también ha tenido esa influencia la realidad del país, con su belleza y su tragedia y por eso asegura que "no estoy creando mitos. Estoy trabajando sobre una realidad colombiana que viví. La cara amable que conocí cuando era niño y adolescente. Ahora he hecho unos cuadros que reflejan la violencia y el caos del país. Todo para mí siempre es Colombia. No hay ningún mito. Todo es real y titulo mis cuadros con nombres concretos, no hay metáforas.

Es ‘La Muerte de Pablo Escobar’ o ‘La masacre de Mejor Esquina’, cosas precisas que han sucedido". El artista establece con firmeza sus diferencias para el boceto de este estudio: "Exagero, pero no invento. Eso me distingue del surrealismo y del realismo mágico. En mis cuadros no hay nada imposible sino improbable. Esa es la diferencia importante".

Las pinturas de Tirofijo y los otros cuadros que señalaba anteriormente han causado gran impacto y provocado entrevistas de diarios como The Boston, Miami Herald y otros periódicos norteamericanos y europeos. El maestro explica con naturalidad que "los cuadros estuvieron dos años con otras obras en un rincón de mi estudio. Jamás pensé que pudieran crear tanta tensión y como son más colombianos que todos los otros, los envíe de regalo a mi país, pero nunca pensé que pudieran generar tanta atención. Fue una tremenda sorpresa".

"Hay quienes han interpretado mal esa obra y dicen que estoy glorificando gente que es nociva, pero hay un folclore negro de los paisas que es parte de la realidad del país y eso también hay que registrarlo" y el pintor lo hace con nombre propio, sin metáforas. Como pintor y escultor también ha tenido momentos gratos y muchos de ellos los ha generado su obra en Antioquia.

El ritual teatral para casar a la Gorda del Parque de Berrío con el Gordo del Parque San Antonio lo dejó absolutamente maravillado. "Es lo más grande que le puede suceder a un artista". Recuerda que fue muy divertido. "Conocí todos esos detalles de la comunicación del público con esas esculturas y es una de las grandes satisfacciones que he tenido como artista.

No todas las obras producen ese fervor popular, ese cariño, es fantástico. Cuando eso sucede es un milagro. Que la gente sienta esa comunicación con una obra de arte, es absolutamente mágico. Me siento muy afortunado de haber sido el autor de esa obra que produjo tanto afecto en Medellín".  

 


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