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Fugaz paso por la bohemia

Pinceladas que avizoran a un artista universal


La inspiración de esta obra de Botero surge de los amigos, los tiempos de bohemia, Lovaina y sus casas de citas, las tertulias literarias, la obsesión con los pintores del Renacimiento y un viaje a Tolú, que ilumina sus pinceles y deseos de triunfar en el arte.

Así en 1951 carga con ellos en sus maletas para viajar a Bogotá, donde su hermano Juan David, su madre y sus tías Lucía y Eugenia Angulo, le brindan el apoyo inicial. Mientras sus compañeros de estudio ingresan a la universidad, él realiza con éxito su primera exposición individual.

Corre el año de 1952 cuando la Capital de la República ve quemar en los fuegos de la Violencia las sedes de los diarios El Tiempo y El Espectador y las casas de los Lleras y los López, aunque deja un espacio abierto para el arte en la Galería Leo Matiz donde Botero realiza otra exposición individual y vende varios cuadros. Consigue el Segundo Premio en el IX Salón de los Artistas Colombianos y Eddy Torres, editor del Literario de EL COLOMBIANO, publica el primer libro sobre su obra.

Con el gozo del éxito, más el premio y la venta de los cuadros sabe que tiene el dinero suficiente para realizar su mayor sueño: estudiar a los grandes maestros de la pintura en sus propios lienzos, que cuelgan en los principales museos de Madrid, Florencia y París.

Entre los fuegos de la violencia y el dolor del país, el arte surge en Botero como una liberación en medio de la guerra. Foto Archivo Henry Agudelo.
Colombia se queda ese 1953 con el golpe de Estado que le propina el General Rojas a Laureano Gómez y Europa lo recibe, mientras sufre los embates anticolonialistas, se preocupa por tener su propia bomba atómica y observa con cuidado a Moscú libre de Stalin. Botero por su parte, solo tiene la sublime preocupación de aprender y se inscribe en escuelas de arte, hace copias de cuadros famosos para sobrevivir, y aprende la técnica del mural en Italia.

Regresa a Colombia trayendo a cuestas un premio en la III Bienal Hispanoamericana de Barcelona y un conocimiento más depurado de Piero della Francesca, Massaccio, Giotto, Rubens, Goya, El Greco, Rafael, Velázquez y los impresionistas. En 1955 expone en Bogotá y la crítica es severa y negativa.

En Medellín su trabajo realizado en Florencia se muestra en la Biblioteca Santander (hoy Museo de Antioquia). La inauguración está a cargo del filósofo Estanislao Zuleta, quien manifiesta: "la pintura de Botero es acto que lo compromete en todos los frentes. Porque apela en nosotros a una sensibilidad inmediata, a una humanidad primera que está más allá de todas las dolorosas y arbitrarias clasificaciones sociales, quiere entablar su diálogo con un hombre más recto y más libre". Y finaliza diciendo: "Esperemos que avance por este camino, que su arte sea la expresión cada vez más profunda y más pura de su existencia".

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