
La Consagración
Desde Florencia para el mundo
El maestro Fernando Botero obsequia parte
de sus obras a la Medellín que lo vio nacer y crecer en libertad
para ser un gran artista.
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Detalle
de hombre a caballo. Mármol. 250 x 193 x 132 centímetros.
1984. Foto tomada del libro La Escultura: Botero.
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Este
cuadro está hecho de óleo y piedra. Nace en París donde se instala
Botero con su familia en 1973 para gestar una nueva etapa en su
vida: las esculturas monumentales con su inigualable sello de sensualidad
y volumen.
Su vida a partir de entonces es un raudal de éxitos, pero en un
viaje a España pierde a su Pedrito en un accidente de tránsito.
La pareja no soporta la tragedia y se separa en 1975. Botero elabora
con pintura su dolor y la entrega como si fuera su corazón a la
ciudad que le vio nacer, en un salón especial del Museo Francisco
Antonio Zea de Medellín.
En 1977 la magia del amor vuelve cuando la escultora griega Sophia
Vari llega a su vida, para darle estabilidad y tranquilidad. Para
entonces ha recibido medallas, condecoraciones, honores y la alegría
de un público que lo saluda con reverencia en cualquier parte del
mundo. Ahora es un hombre famoso, con un éxito sin igual en el mundo
del arte.
La escultura lo lleva en 1983 a Pietra Santa, Italia, donde están
los mejores talleres de fundición de Europa y el mejor mármol de
Carrara. Este año dona un salón de esculturas al Museo de Antioquia
y otro al Nacional de Bogotá.
En 1986 sus obras causan impacto también en el Japón y en la década
del noventa logra sorprender al mundo con sus esculturas monumentales
que se toman las principales avenidas de París, Montecarlo, Moscú,
Madrid, Roma, San Petersburgo, Pietra Santa y Nueva York. Y el impacto
continúa cuando, a finales del año pasado, expone en Florencia,
en la plaza de la Signoría, cuna del arte clásico, una serie de
esculturas y pinturas, lo que el artista calificó como “un sueño
cumplido”.
Hoy millones de personas van a conocer sus obras, lo aplauden y
lo consagran como uno de los cinco grandes del arte en el Siglo
XX, orgullo para Colombia y en especial para Medellín, una villa
del tercer mundo que quiere dejarle su corazón urbano para que imponga
su rúbrica de pintura y escultura entre las calles que lo vieron
nacer y crecer como un artista universal. |