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Un cuento lleno de gente redonda
El mundo gordo en una crayola

Un grupo de niños frente a un libro con imágenes de Botero, produjo comentarios graciosos y originales, pero ante todo, muchas risas.


Jeison Betancur se inspiró así ante la pintura de Fernando Botero.
¿Por qué Botero pinta gordos? “¡Pues porque él es gordo!”. El tono de la respuesta suponía una obviedad difícil de pasar por alto, e igualmente complicado fue descubrir quién había sido el ocurrente, pues se trataba de un grupo de casi veinte niños entre 6 y 8 años que se reían inconteniblemente frente a un libro con imágenes de las obras de Botero.

¿Y cómo les parecen las pinturas y esculturas del artista? Jeison Betancur, de 8 años, dice que son muy cómicas: “es que mire que son regorditos, repolludos y los colores con los que se visten son muy lindos. Yo también pinto”, añade mientras observa detenidamente, una y otra vez, los cuadros. Su amigo Jesús Fernando Cano, de 7 años, lo empuja y contradice su opinión: “me parecen horrorosos, es que a mí no me gustan los gordos. ¿Por qué será que los pinta así?”, se pregunta.

Julián Andrés empieza a sacar teorías: “yo sé que todas las cosas del mundo y los gordos han existido desde hace más de 30 años, por eso los pinta”.

Al igual que él, sus compañeros de la escuela Manuel María Mallarino, de San Antonio de Prado, pasan las hojas del libro y se detienen frente a los desnudos. “¡Mirá, esa es la novia de Alvarito!”, exclaman algunos ya con ataque de risa.

Mientras tanto, Jeison pide una crayola para reproducir una de las pinturas. Sus compañeros también se antojan y todos comienzan la tarea de dibujar los gordos de Fernando Botero. “¿Y a ese museo podemos ir los niños también? Que tan bueno ir allá. Ah sí, yo he visto la gorda de Botero que queda por el metro”, agrega Julián Andrés Álape, de 6 años. Dayana Álvarez, de 6 años, insiste en que lo que más le gusta son los cuadros de frutas del artista: “es que son tan gordas que hasta le provocan a uno comer”.

Cuando llegaron a la imagen de Mujer venus, algunos comentaron que la gorda acabaría con el gatico que estaba sentado en la cama. “¡Ah!, mirá que tan bonita esa monjita”, dijeron frente a Madre superiora. Luis Alejandro estaba un poco aburrido con el libro: “todos los de este cuento son gordos, ¿cierto?”

Mientras tanto, Jeison continuaba juicioso con su dibujo. “A él le encanta pintar, es el artista de la clase. Es bastante hiperactivo, pero lo pongo a dibujar y la tormenta se calma. Vea, le está quedando muy parecido”, añade la profesora Claudia Giraldo. “Me gustaría que él me pintara, yo bien flaquito que soy sería muy bueno verme gordito. Además, los viste muy lindos”, opina Esneider Cano Muñoz, de 8 años. “A mí no me gustaría que me pintara. Imagínese donde me diga que me quite la ropa”, decía una de las niñas con cierta timidez.

Al final y después de calmar la curiosidad de mirar una y otra vez los cuadros del pintor y escultor antioqueño, Jeison termina el dibujo, bastante parecido al original. “Sí ve que yo también dibujo bonito”. La tarde termina con el deseo general de conocer el museo y la pregunta obligada a la profesora: ¿cuándo nos van a llevar?
 

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