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Alberto Sierra, curador del Museo de Antioquia

Por una historia bien contada


Alberto Sierra, el curador del Museo y quien se encargó de hacer el montaje de las obras de la colección. En su cabeza están cada una de las piezas con sus historias particulares. Foto Henry Agudelo

El curador del Museo de Antioquia, Alberto Sierra, se refiere a algunos detalles del montaje de las obras. Calidad y exigencia son dos aspectos fundamentales en esta nueva etapa de la entidad.

Alberto Sierra, crítico de arte, galerista, curador. Los últimos días los ha pasado entre pinturas, dibujos, esculturas. A cargo de él estuvo el montaje de las obras del nuevo Museo de Antioquia.

Dice que “nunca se hubiera hecho realmente un Museo de Antioquia sin la gran protección de Botero y asegura que el maestro antioqueño no sólo nos permitirá ver su obra en conjunto y la de otros artistas de la escena del mundo, sino que abrió un proceso que nos ayudará a acercarnos a una historia que no hemos podido ver nunca”.

Esa historia para él es un objetivo vital. Y Botero está dentro de ella. “Nosotros no teníamos Museo de Antioquia, porque un museo no existe por la sola razón de tener una sala Botero y una sala Cano, eso no es un museo. Hasta ahora había tenido toda su historia guardada porque no se tenía dónde exhibirla ni la capacidad económica de ser rotatorio con las piezas. Por fin hay un museo que contenga historia y arte o que contenga la historia del arte”.

Como nunca se había tenido la historia del arte de Antioquia exhibida de una manera permanente, Sierra ha hecho una exposición cronológica de lo que es posible documentar en esa historia... lo que significa algo así como empezar desde el principio.

El Museo, anota Alberto, no es muy rico en muchas cosas, por ejemplo, en arte colonial o prehispánico. Es rico en Botero y en Eladio Vélez, pero si se piensa en Cano, hay carencias fundamentales, sus paisajes, sus bodegones, en cambio, sí hay un buen número de sus retratos.

Además, ahora se cuenta con la obra Horizontes, de su autoría, que es un verdadero clásico del arte antioqueño por su gran simbolismo y la cual fue entregada en préstamo al Museo.

Sierra destaca el hecho de que en esta nueva etapa se halla logrado hacer el guión, el cual estuvo a cargo de Hernán Cárdenas, quien trabajó con un equipo de expertos en las diferentes épocas representadas en la colección del Museo.

Como un cuento
Hacer el arte más fácil, permitir que el espectador del Museo de Antioquia haga un recorrido que lo lleve por los diversos caminos de su colección, de una manera didáctica, amena, ilustrativa, es el objetivo de Alberto Sierra, para quien un museo es un sitio donde se cuentan historias. Aquí, en el de Antioquia, esas historias estarán en pequeñas salas que narran lo específico y en circulaciones centrales que presentan la información general.

Las salas el primer piso, que no estarán abiertas para la inauguración, tendrán las colecciones de arte precolombino, que se enriquecerá con el préstamo que hizo la Universidad de Antioquia de parte de sus piezas del museo antropológico; obras de la Colonia y del Período Republicano.

En la segunda sala, el espectador encuentra un video realizado por Ana Cristina Navarro, que muestra la historia del siglo XIX hasta las bienales.

Luego, retratos del siglo antepasado dan la bienvenida y frente a ellos, aparece el salón de la fotografía que narra aspectos fundamentales y muestra daguerrotipos; retratos de visita, la Medellín antigua, entre otros, todo ambientado con un telón de Benjamín de la Calle y una antigua cámara de Melitón Rodríguez.

Siguen en esta cronología las obras de Samuel Vásquez, Francisco Antonio Cano, Andrés de Santa María; Borrero, Jesús María Zamora...

Luego se revelan Marco Tobón Mejía, Ricardo Rendón, José Restrepo Rivera, Humberto Chaves, Bernardo y Luis Eduardo Vieco, Horacio Longas, Hernán Merino, Eladio Vélez, Apolinar Restrepo, Coriolano Leudo, entre otros, que narran una historia diferente a través de paisajes, bodegones, figura humana.

Una témpera de Diego Rivera abre el camino a la salas de las obra de Eladio Vélez, Carlos Correa, Ignacio Gómez Jaramillo, Rafael Sáenz y Pedro Nel Gómez y sus alumnos, entre ellos, Débora Arango;

Dos grabados, uno de Pablo Picasso y otro de Wilfredo Lam, simbolizan las nuevas influencias del arte. Aparecen allí Alejandro Obregón, David Manzur, Aníbal Gil, Antonio Mesa Jaramillo, Beatriz González, Felix Ángel y Luis Caballero, de quien se exhibirá, más adelante, su Políptico. El Museo tendrá dos salas itinerantes que se cambiarán cada tres meses con exposiciones temáticas a partir de la colección o de otros artistas reconocidos nacional e internacionalmente. Y contará con la sede alterna que será el área más experimental.

Dice Alberto Sierra que a Fernando Botero, quien se encargó directamente del montaje de su donación, le debemos esto que va a suceder en Medellín.

Lo describe como la persona que más puede consagrar lo local y volverlo universal. Es el artista que vive siempre en Medellín aunque esté en Pietrasanta o en Nueva York y esto porque tiene un gran sentido de comunicación, un lazo invisible que no lo deja alejar.

Su nombre, anota, es el significado del artista profesional, del que quiso vivir del arte y lo ha conseguido a punta de una intensa investigación que lo ha llevado a conocer la historia del arte universal a fondo y a saber, con gran criterio, porqué pone un color o una figura en un lugar determinado de una pintura.

Finalmente, Sierra se muestra encantado de poder contar la historia no contada, una historia de varios siglos, incompleta aún, y por eso, el Museo iniciará una etapa en la cual enriquecerá su colección para llenar así los vacíos, lo que hará a través de donaciones, préstamos o compra directa.

 

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