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El
proyecto tiene un carácter urbano y social
Crecer
en la cultura
Los
niños fueron los primeros en darle el visto bueno al nuevo Museo
de Antioquia.
El
sector donde está ubicado el nuevo Museo de Antioquia, poco a
poco cambió su cara para convertirse en un área con vocación
cultural, lo que implicó transformaciones fundamentales
en este escenario que hasta ahora se ha reconocido por sus actividades
comerciales.
El proyecto tiene un carácter múltiple por sus connotaciones sociales,
culturales, turísticas, urbanas y económicas y de ahí la importancia
de preparar a la comunidad para que desde ahora lo sienta como
propio.
Numerosas ciudades de otros países tienen a los museos como puntos
centrales de su infraestructura. Florencia, por ejemplo, se reconoce
por ser la cuna del arte clásico; Amsterdam, se descubre por Van
Gogh; Nueva York, se recuerda mejor cuando se visita su Museo
de Arte Moderno; París se identifica en el Louvre.
Medellín, gracias a la donación que hizo el maestro Fernando Botero,
de sus esculturas, pinturas y dibujos, así como de parte de su
colección de artistas internacionales, quiere también ser reconocida
por el arte, lo que favorece no sólo al Museo de Antioquia encargado
de guardar las obras entregadas por el artista antioqueño, sino
también a todos los demás museos y escenarios de cultura y, por
supuesto, a los creadores, pues, de tener éxito la promoción de
Medellín en el exterior, como una ciudad para el arte, el interés
sobre ellos no dará espera.
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Ese fue el propósito de la administración del ex alcalde Juan
Gómez Martínez, quien al asumir este proyecto como bandera de
su programa de gobierno, buscaba no sólo trabajar por un asunto
eminentemente cultural, sino por una acción macro que involucre
todas la actividades de la ciudad.
El hecho de que el proyecto tuviera un carácter urbano, se destacó
en numerosas oportunidades no sólo por el ex Alcalde Gómez
Martínez, sino por la directora del Museo, Pilar Velilla,
para quien lo que ha generado y generará esta inyección de fuerza
a la entidad, no es un asunto aislado y de ahí la importancia
de que desde ahora se amarre el proyecto a todo el centro de Medellín,
teniendo en cuenta a las demás instituciones culturales que allí
tienen sede.
Se habla por ejemplo, de grupos como Pequeño Teatro, Casa del
Teatro, Matacandelas, Imagineros Teatro, Teatro Pablo Tobón Uribe,
Exfanfarria Teatro. Igualmente, algunos urbanistas afirman que
esta propuesta tendrá éxito si las obras arquitectónicas se extienden
a otras áreas, como por ejemplo, Prado y San Benito, lugares de
influencia directa. El proyecto, además, hace parte del programa
de recuperación del centro, que ya ha cumplido algunas etapas,
como los trabajos realizados en la avenida La Playa, un eje vital.
Todo esto es un proceso en el que hay que ir por partes, ha dicho
el Alcalde, sin embargo, tanto él como Pilar Velilla, ya han comenzado
a proyectar a Medellín como una ciudad concentrada en un turismo
cultural, con mucho qué mostrar, pues se convierte en una plaza
que presenta, en conjunto, la mayor parte de la obra de Fernando
Botero, lo que la convierte en escala obligada para aquellos que
deseen conocer e investigar su producción plástica.
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Foto Donaldo Zuluaga.
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Procesos advertidos
Más de doscientos hombres laboraron en el proyecto de restauración
del antiguo Palacio Municipal, que en principio tendrá nueve mil
metros destinados para el arte, con sus tres pisos dedicados a
las colecciones del maestro Botero y Francisco Antonio Cano; a
las de principios del siglo, a las de arte colonial y arqueológico
y a las de arte contemporáneo nacional e internacional.
Los grandes salones del edificios que fuera sede de la administración
local, poco a poco se llenaron con una nueva luz, mientras en
sus alrededores se alza la plazoleta de las esculturas, con catorce
piezas tridimensionales, representativas de la obra de Botero.
La Promotora Inmobiliaria estuvo a cargo de las obras de infraestructura
y restauración y Bancolombia asumió la campaña cívica y publicitaria
para que el Museo sea reconocido como parte de la cultura de la
ciudad. Y no sólo las empresas han dado su apoyo. Todo esto ha
generado también el interés de algunas personas que comienzan
a ver el Museo con nuevos ojos.
Así, en los últimos meses, su colección ha crecido con obras de
Marco Tobón Mejía, Ignacio Gómez Jaramillo, Bernardo Vieco y Lorenzo
Jaramillo, entre otros, que han sido donadas por particulares.
Algunas personas son incrédulas y ven lejano el día en que Medellín
se reconozca como una ciudad cultural, sin embargo, la idea es
que a partir del Museo de Antioquia y de la donación Botero, se
logré generar todo un movimiento que involucre a las demás entidades
culturales y, por supuesto, a los proyectos educativos, porque
el interés por el arte se inicia en la infancia, así que no es
gratuito que los niños fueran los primeros en admirar la belleza
del Museo.
Medellín, dijo el ex alcalde Gómez Martínez, en
dos o tres años será una ciudad que se mencionará a nivel internacional
de una manera positiva y será reconocida como una ciudad cultural
y empresarial. Un propósito con sentido.
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