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Un museo para todos
De una sede de dos plantas y dos mil
quinientos metros cuadrados pasó a tener nueve mil, que
en un futuro, cuando se cumpla la segunda fase, serán quince mil,
área total del edificio.
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Para el Museo de Antioquia esto implica una infraestructura y
administración diferentes, con más personas a cargo de sus salas,
y departamentos muy bien conformados donde se destacan, por ejemplo,
el de Curaduría, Educación y Comunicaciones.
Los actos de inauguración fueron por etapas.
El primer día, 11 de octubre
de 2000, las puertas se abrieron a los niños, pues, según dijo
Pilar Velilla, directora de la entidad, su presencia es un voto
de esperanza para las nuevas generaciones, “la llegada a la institución
de este público especial transmitirá un mensaje positivo la comunidad:
el proyecto no fue concebido para élites económicas ni culturales,
ni tampoco con restricciones de edad; el Museo es de todos, sin
ningún tipo de distinción, y todos están en capacidad de disfrutarlo”.
El segundo día, 12 de octubre
de 2000, se hizo un Te Deum en la Basílica Metropolitana, un acto
solemne de gracias en el que se interpretó el Magnificat
de Bach, y en la noche hubo una fiesta, símbolo de gratitud, para
las personas que han estado cerca al proyecto y que han creído
en él.
El 13 de octubre de 2000 se
escogió como el día para hacer la primera versión de la
Gala anual del Museo de Antioquia: Cena con un Propósito, que
en este caso favoreció la Escuela del Museo, dedicada a
los niños de bajos recursos. Es un encuentro acorde con lo que
ocurre en otros lugares del mundo, donde algunos artista acostumbran
inaugurar sus exposiciones con una cena de gala a la cual acude
un exclusivo grupo de invitados.
Fernando Botero ha manifestado su interés de darle un carácter
altruista al proyecto, por eso se ha fijado un costo que represente
ingresos al Museo, con el fin de recaudar fondos, como lo hacen
instituciones similares de otros países.
La celebración culminó el sábado
14 de octubre de 2000 con el primer Festival de la
Calle Carabobo, que es el acto central y al aire libre, frente
al Museo y en el que participaron grupos musicales, de comparsa
y teatro.
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| Foto
Jesus Abad Colorado |
El Festival buscaba, además, que la ciudadanía se apropiara del
centro, lo que es coherente con el carácter urbano del proyecto.
Como lo decía el ex alcalde Juan Gómez Martínez, en un
libro publicado por su administración, con la dirección editorial
de César Valencia Jaramillo y en el cual se recogen los objetivos
y etapas de lo que ha sido la construcción de Ciudad de Botero,
“... a partir de la donación del maestro y la consecuente reubicación
del Museo de Antioquia se han diseñado una suerte de programas
y acciones que, además del insuperable trasfondo cultural, impulsan
un nuevo desarrollo urbanístico del centro y permiten construir
ante la opinión externa la imagen de la ciudad”.
Una serie de acciones se han puesto en marcha para hacer posible
este cambio de imagen, las cuales han contado con el apoyo directo
de Fernando Botero, quien ha trabajado de la mano de las directivas
del Museo, la administración municipal y de un grupo interdisciplinario
de profesionales, entre los que se cuentan arquitectos, curadores,
investigadores, críticos de arte.
En tal sentido, el gerente del proyecto, Tulio Gómez, manifiesta
en la misma publicación que “...Las obras de intervención urbana
contempladas en el área de localización del nuevo Museo de Antioquia
propiciarán el desencadenamiento de todo un proceso de reordenamiento
y revitalización del centro de la ciudad, básicamente urbanístico
y social, que indudablemente facilitará la elevación de los niveles
de calidad de vida que reclama la comunidad y la construcción
definitiva de una verdadera identificación de los ciudadanos con
la ciudad”.
A partir del 15 de octubre de 2000 y por un tiempo determinado,
cada día el Museo estuvo dedicado a un público específico con
el fin de convocar a la comunidad desde la apertura y que ésta
se apropie del proyecto, según dijo Pilar Velilla.
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