|

Botero
ha pintado desde vírgenes hasta prostitutas
Las mujeres del artista
 |
Las
Hermanas. Óleo 195 x 220 centímetros. 1969.
Foto Tomada del libro La Pintura: Botero.
|
Los contrastes femeninos se ven reflejados en sus obras. Aunque
Botero afirma que son un elemento más, las cientos de mujeres
retratadas demuestran lo contrario.
En las manos de Fernando Botero, las mujeres no son una ligereza.
Por el contrario, su carne adquiere magnitudes monumentales. Eso
explica porque son personajes recurrentes en su obra. No sólo
las quiere y las admira. Además las pinta, las dibuja, las esculpe.
Pocos artistas contemporáneos han representado tanto a la mujer
como Botero: madre, esposa, hija, monja, muñeca, viuda, virgen,
reina, madrastra, matrona y prostituta.
“La mujer es el tema más ortodoxo, más inmediato y más maravilloso
que tiene la pintura en toda la historia. Si uno se pone a ver
en las memorias de la pintura, diría que el 80% o más de los cuadros
representan mujeres, total que es el tema obligado, maravilloso
y total que ofrece la pintura”, dice Botero.
Elvira Copete, novia de su hermano Juan David, 1948-1950, fue
una de las primeras damas que sedujeron el pincel del maestro
antioqueño. Después vinieron cientos de mujeres de todas las clases.
La fascinación por ellas hizo que aunque fueran estilizadas y
delgadas, se ampliaran en sus cuadros y esculturas.
Claro que el artista también admite que aunque la figura femenina
es muy importante en su obra, los demás elementos no deben perder
protagonismo. “En un cuadro hasta la más pequeña partícula debe
tener la misma intensidad, la misma vivacidad. Por eso no se le
puede dar a la figura una importancia enorme, porque entonces
es mala pintura”.
El pintor y crítico de arte Leonel Estrada piensa que, a pesar
de que las mujeres han sido personajes principales en la obra
de Botero, no son el eje único. “Él no se preocupa por tratar
a la mujer como tema, pero sí hay cuadros donde se destaca. No
les da más prelación a las mujeres que a los hombres o a los niños,
porque a los tres les da importancia”.
 |
| Foto
Fredy Amariles |
Crónica
y mujer
El crítico y arquitecto Darío Ruiz afirma que en su pintura, Botero
cuenta historias: “es un cronista con un ojo prodigioso que con
facilidad rescata el ambiente de un cuarto de prostíbulo de hace
45 años. También reconstruye a cabalidad el cuerpo de una prostituta
de la misma época. Como conocedor profundo de la pintura del Renacimiento
o de las tablas góticas, sabe que la costumbre es muy importante
como un dato de lo verosímil y la mujer es un eje fundamental
en esa memoria”, dice.
La diversidad de las cientos de Venus pintadas y esculpidas por
el Maestro dejan de ser personajes con rasgos latinos y europeos,
para transformarse en figuras universales, gracias al carácter
que reflejan.
“Desde sus inicios, las mujeres son casi una constante en las
obras de Fernando Botero. Es la mujer antioqueña por excelencia,
una mujer encantadora. La dama colombiana, por ejemplo, es una
de las mejores acuarelas del mundo. Él es muy gentil cuando pinta
a las mujeres: puede poner a la prostituta más bárbara, amable,
tierna, encantadora, en retratos emocionantes de una gran calidad
humana y artística. Él es un caballero con las damas”, opina Libe
Zulategi & Mejía, artista y crítica.
En su discurso plástico, el Maestro no olvida ningún detalle de
coquetería y femineidad: su maquillaje, los aretes, los collares,
los trajes denotan la influencia que en él ejercieron. Para la
crítica e investigadora Lucrecia Piedrahíta Orrego, el artista
trabaja incansablemente por desentrañar los escondites del alma
a través de los cuerpos femeninos. Dice que las mujeres en su
obra son ‘héroes’ silenciosos que ha habitado con plenitud descubriendo
ese mundo de inocencia clandestina que le ofrecen.
“El cuerpo es un campo de transmisión de emociones, espacio de
todos los espacios, lugar de habitación, idea central del pensamiento,
centro del placer y del dolor, referente constante de la plástica
y volumen sígnico que evidencia sus historias y tragedias. La
presencia del mundo femenino en la obra de Botero es la correspondencia
que se da entre casa/cuerpo para entender la connotación de la
mujer como escenario donde sucede la vida, al tiempo que se refuerza
la idea de mujer/hogar, mujer/casa, mujer/refugio, mujer/barca,
mujer hecha de piezas que se construye y se arma. Mujer/tierra,
mujer/agua”.
Añade que el cuerpo femenino se convierte en una fuerte y contundente
imagen/símbolo que define la personalidad del artista: sus relaciones
sociales, su cotidianidad, sus lazos comunicativos, sus encuentros,
su relación con la naturaleza, sus caminos por recorrer y los
recorridos. Su vida en familia, en barrio, en ciudad, en pareja.
|