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14-08-2001
Camino al altar con creatividad

Emoción en el desfile Bell South, diseño colombiano en un templo.

Novias que fueron de lo innovador a lo clásico, romántico y moderno.

Bajo estilos diferentes y permisivos, las bodas siguen siendo un sueño.


Por
Gloria Edith Gómez

Medellín


Novia campesina de Silvia Tcherassi. Este diseño era el que iba a lucir Cecilia Bolocco en su boda.

O las novias son algo que emociona, o los diseñadores se lucieron, o las dos cosas a la vez. Muchos y muy merecidos aplausos recibieron Julián Posada, Luis Palacios, María Luisa Ortíz y Silvia Tcherassi con sus propuestas de novias diferentes, innovadoras o modernas, pero siempre novias.

La primera aparición se dio después de un largo repique de campanas. Sobre la pasarela, un vestido en rojo y perla le hizo saber al público que vería trajes de boda que sólo caben en la imaginación de un creativo como Julián Posada, quien no quiso hacer una colección de 10 vestidos, sino de 10 diez mujeres distintas.

Con materiales y colores inusuales y melodías que variaban según el vestido, Julián presentó más que novias, personalidades. Entre las rarezas, se vieron una novia vestida de índigo, otra de negro, e incluso una, que ocultaba la desnudez de su torso bajo un bellísimo y elaborado collar.

Luis Palacios pensó en las estaciones y de allí sacó cada una de sus novias. Como telón de fondo la composición de Vivaldi, Las Cuatro Estaciones, marcaba el paso de las modelos cuyos vestidos hablaban de invierno, en blanco brillante y detalles azules; primavera, en colores lila y rosado con adornos de flores coloridas; verano con naranjas suaves y rojos intensos y, otoño, con trajes en tonos ocres. Como cierre, un elaborado vestido que hacía pensar en La Inmaculada, con un enorme ángel pintado a mano en la falda.


Carolina Castro, envuelta en una ilusión de Tcherassi.

Llegó el turno de María Luisa Ortíz y ella demostró que ni siquiera vistiendo novias puede desprenderse de su alegría natural y su amor por la rumba y el sabor. Modelos irreverentes, de bocas rojas, caminando al son de ritmos de los años 50 y 70. Peinados y vestidos que hablaban de lo mejor de cada época. Hombros descubiertos, faldas anchas y a media pierna. Detalles de estampados menudos salpicando el blanco de los trajes.

Quizás la más clásica, pero no por eso menos innovadora, fue Silvia Tcherassi. Los trajes diseñados por ella para Cecilia Bolocco y Lina Botero fueron fácilmente reconocidos y aplaudidos. Junto a ellos, el vestido que se hizo famoso dentro de su colección La Hojarasca, en un rosa intenso y otros en azul claro y plata, en perla brillante, acompañando fielmente la silueta.

Con detalles como delicados pañuelos o estolas en tul, canastas pequeñas y flores coloridas y grandes, los diseñadores le enseñaron al público que no existen barreras a la hora de vestirse para ir camino al altar.


Novia en verde de Julián Posada.
Servicio y utilidad
Conceptos nupciales

Silvia Tcherassi
Presentó novias para el día, la noche, para ceremonia civil, religiosa, novias clásicas y novias modernas. Los vestidos de Cecilia Bolocco y Lina Botero fueron la atracción de la pasarela.

Luis Palacios
Colección inspirada en los cambios de las cuatro estaciones. Cada una fue expresada con cambios de color, textura, clima, movilidad y ventosidad.

María Luisa Ortíz
Un sueño al despertar fue el nombre del desfile que agrupó los diez trajes de María Luisa Ortíz. La inspiración, dijo, mostró el siglo XX en varias épocas.

Julián Posada
Las novias que siempre soñé y nunca he visto cumplieron el anhelo del creador. Con una visión muy personal, Posada dejó en la pasarela cinco novias que llamó constructivistas y otras cinco de colores: azul, roja, verde, negra y desnuda.

   



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