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Elvira
Cuervo Jaramillo Una mujer con alma de museo
| Aprendió
a caminar en un museo. Su historia se remonta a 1946, cuando su tía Teresa Cuervo
Borda asumió el reto de organizar lo que en aquel tiempo era denominado el Panóptico,
un museo guardado en cajas. Así que Elvira Cuervo de Jaramillo creció en medio
de obras de arte y viendo las angustias, logros, preocupaciones y | | desvelos
de su protectora, la tía Teresa.
Elvira Cuervo, contrario a lo que muchos piensan, se define como una
mujer del montón, con el único título que ostenta: el de ser una buena mamá.
El día que el último de sus hijos se subió al bus del colegio decidió dedicar
su vida al servicio del país, por lo general de manera voluntaria, en proyectos
de mejoramiento a la comunidad. Trabajó en instituciones sin ánimo de lucro, asumió
cargos públicos y por último, cuando le ofrecieron la dirección del Museo Nacional,
hace nueve años, se dio cuenta que esa era la misión de su vida y con empeño se
encargó de hacer de él una de las más importantes institución culturales del país.
Ella, que considera el museo como propio y a pesar de la crisis realizó
este año la más importante exposición de pintura que se haya presentado en Colombia:
Picasso en Bogotá, sostiene que como responsable y enamorada de este oficio, tenía
que pensar que lo mejor para la institución y el país, en estos momentos, era
traer una muestra que produjera un impacto social de gran envergadura.
La exposición, que se financió en un 50% con donaciones de la empresa privada
y la Alcadía de Mayor de Bogotá, ha sido visitada en tan sólo dos meses por más
de 86.000 personas y aspira a recibir 120.000 hasta el 13 de agosto. No sólo atrajo
todo tipo de turistas del territorio nacional sino que se ha convertido en un
proyecto de carácter andino, con un matiz muy importante por el registro que ha
hecho la prensa y los medios de comunicación a nivel internacional.
“Lo
más destacable es que Picasso en Bogotá se convirtió en un hecho político en medio
de una guerra irregular como la que vivimos”. Y aunque no tuvo la solidaridad
de los colegas de otros museos, logró traer 32 óleos y un telón de colecciones
privadas de Francia, Alemania y Estados Unidos. Tuvo que aprender de gestión administrativa,
de importaciones, de cómo declarar el museo zona franca, de logística, de seguridad,
manejo de público, mercadeo y publicidad. Sin embargo, para Elvira este es el
reto profesional de su vida, al igual que para el equipo de trabajo que la acompaña.
“Ha sido una experiencia muy enriquecedora y nos dimos cuenta que definitivamente
sí somos capaces de llevar a cabo un proyecto de esta magnitud”.
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