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Luis
Alberto Granada Aguirre De la angustia a la esperanza
La
vida de Luis Alberto Granada Aguirre, que justo sumó 19 años ayer, transcurre
hoy en las aulas de la Facultad de Derecho de la Universidad Javeriana de Santa
Fe de Bogotá.
Para conquistar esta meta debió dejar la oscuridad de las
alcantarillas de la ciudad, en las que pasó tres años antes de salir de ellas,
por voluntad propia, con el apoyo de la Fundación Niños de los Andes que dirige
Jaime Jaramillo Echeverri. Nacido en la capital del país, en un hogar con muchas
carencias que compartió con dos hermanos más hasta el momento que lo cambió por
la incertidumbre de la calle.
Se define como un soñador y con razón. Una
noche, el 26 de octubre de 1995, no quiso consumir la cuota de basuco que le correspondía
y en medio del sueño vio a su abuela mostrándole otra senda y advirtiéndole los
riesgos que afrontaba un adolescente en la calle. De madrugada salió para la Costa,
a pie, junto con los demás integrantes de la gallada y dos días después, llamó
a su madre porque siempre ha estado pendiente de la familia aunque haya pasado
mucho tiempo fuera de su seno. La conversación fue un reencuentro con la vida
porque conoció que su abuela se había muerto y la noticia lo iluminó para retornar
a la Fundación, de donde se había ido meses antes.
De regreso en la Fundación,
continuó su bachillerato con cierta facilidad porque “siempre me iba muy bien
en el estudio”. El padre Luis Fernando Álvarez decano de la Facultad de Derecho
de la Javeriana percibió la inclinación solidaria y le ofreció una beca que se
volvió realidad en julio de año pasado cuando ingresó a la vida universitaria
“Inicialmente tuve la idea de mantener oculto mi pasado, pero alrededor de los
grupos de estudio fue saliendo a flote. Hoy profeso una eterna gratitud por todos
los que me ayudaron a salir adelante”, confiesa Granada Aguirre.
Ve el
país con la esperanza que genera superar la angustia de los “peores días de mi
vida, en medio de la droga y las circunstancias de riesgo que rodea la indigencia”.
Dice que Colombia vive una época de transición, que superará como lo hicieron
las naciones europeas que sufrieron en carne propia dos guerras mundiales. Y tiene
un mensaje para los jóvenes de todas las edades: “No dejen de soñar. Uno puede
cristalizar los sueños y las metas que se proponga. Los obstáculos son los retos
propios de la vida para que ella tenga sentido”.
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