Rodolfo Llinás, médico, científico y profesor
El Cerebro colombiano


Médico, toda una autoridad en neurociencia, científico, profesor de la Universidad de Nueva York y reconocido en todo el mundo, Rodolfo Llinás nació hace 64 años en Bogotá, donde adelantó sus estudios.

Su curiosidad por los enigmas del cerebro comenzó de la mano de su abuelo, un prestigioso siquiatra bogotano, quien lo encauso en el mundo de la medicina. Terminó su carrera en la Universidad Javeriana e inmediatamente viajó al exterior, donde se especializó en

Foto Archivo
neurología. Pasó por las universidades de Harvard y Minnesota, en Estados Unidos, y por la Universidad Nacional de Australia, donde trabajó con el premio Nobel John Eccles en una laureada tesis sobre el cerebelo. En Oceanía conoció a su único amor, Guillan, una filosofa con quien contrajo matrimonio.

El cerebro ha sido el tema básico de todos sus estudios y descubrimientos al punto de concluir que el hombre no es el ser más inteligente que puebla la tierra. “ Es cierto que tenemos un cerebro más grande con muchas propiedades que ya existen en algunos animales y que incluso hacen herramientas para coger cosas: los monos. por ejemplo. Los hombres son animales sumamente raros: no tenemos mucha fuerza, no corremos muy rápido, no volamos, no tenemos garras, ni pelo...lo único que tenemos es cerebro” afirmó.

Con la Nasa
Actualmente trabaja para la Nasa en un proyecto de viaje interplanetario a Marte, a la vez que dirige el Departamento de Neurobiología de la Universidad de Nueva York y es miembro de varias asociaciones científicas en todo el mundo.

Ha sido objeto de 22 distinciones y premios internacionales y ha escrito más de diez libros y cerca de 500 publicaciones en revistas de medicina y ciencia.

Es un convencido que la única salida que le queda a Colombia está en la educación. “La riqueza más real que tiene el país es su gente y el futuro está en los niños. El problema de la educación en Colombia tiene que ver primero con los profesores. Estos no están entrenados para educar. No han entendido que enseñar no es darle a la gente conocimiento. Más aún... en la forma tradicional”, apuntó.

A sus dos hijos les heredó la curiosidad por el mundo y por aquello que considera la mayor riqueza del hombre: el conocimiento.

Aunque sus visitas son cada vez menos periódicas a Colombia, debido a sus múltiples ocupaciones, siempre está dispuesto a responder las preguntas de los jóvenes investigadores universitarios que lo ven, casi, como un héroe, a un científico colombiano con reconocimiento mundial.

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