Balmain,
arquitecto de la elegancia
Por
Gloria
Edith Gómez Londoño
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| Henry Agudelo | EL
COLOMBIANO |
Elegancia atemporal. Dos palabras que definen los diseños
de Pierre Balmain y una característica que supieron apreciar
muchas celebridades del mundo, en el esplendor de la alta costura.
La reina Sirikit de Tailandia y actrices como Marlene Dietrich,
Brigitte Bardot, Katherine Hepburn, Vivian Leigh y Sophia Loren,
entre otras; lucieron sus diseños.
Casi medio siglo después, los trajes siguen vigentes. Permanecen
en el tiempo como artificios del lujo y la feminidad y reflejan
bien su época, pero distan mucho de convertirse en reliquias.
A diferencia de los que diseñó Christian Dior para
las mujeres de los años 50, con sus faldas amplias y cinturas
de avispa, un Balmain de la misma década, bien podrían
usarse hoy y la afortunada que lo llevara, encajaría elegantemente
en la gala más selecta y moderna.
No en vano Pierre Balmain fue un revolucionario de su tiempo y
su oficio. Creó la falda pantalón, reemplazó
las pinzas por arcos constructivos para entallar los vestidos y
elaboró plisados de formas novedosas.
También había lanzado su línea de perfumes
(Elysées 64 /83, Jolie Madame, Miss Balmain e Ivoire). En
los setenta, creó los uniformes para las azafatas de las
aerolíneas de Singapur, Tailandia y Kuwait y fue el primero
en lanzar una colección pret a porter para hombres.
Vocación innata
Sin embargo, el éxito de sus perfumes, accesorios y diseños,
no fue más que la consecuencia natural de seguir una vocación
que se manifestó desde niño. Hijo de una familia de
textileros, Balmain, mostraba interés por vestir muñecos
y escaparse al teatro y a los casinos, para admirar los vestidos
de la gente poderosa.
Entre 1945 cuando abrió su casa de modas y 1982, año
en que murió a causa de un cáncer de hígado,
este creador impuso su estilo a una sociedad que disfrutaba con
el lujo y que tenía el poder para adquirirlo.
Al morir, lo siguieron creadores no menos geniales: Erik Mortensen
y Hervé Pierre y Oscar de la Renta.
Moda en el museo
La historia de la Casa Balmain, resumida en 80 vestidos, bocetos,
sombreros y accesorios; estará desde mañana en el
Museo de Antioquia.
Como la obra de cualquier artista, las delicadas piezas de Balmain
requieren condiciones específicas de iluminación y
temperatura y estarán rodeadas por ese aire sacro que se
respira en las salas de arte.
Las exquisitas sedas y algodones con los que trabajaban el maestro
y sus sucesores, son tan frágiles como un dibujo. No deben
tocarse, la humedad de la piel podría generarles hongos y
daños irreparables.
Entre los trajes hay verdaderas rarezas. Uno elaborado en 1946
por el propio Balmain, en crepé de lana negra drapeado sobre
un costado y acompañado por una chaqueta azul de hilo, bordada
a mano.
Abrigos con sus cuellos y puños rematados en piel, bordados
en la legendaria casa Lesage de París, que dan testimonio
de una de las premisas de Balmain: " el lujo es el resultado
de una actitud de rechazo a la mediocridad". También,
estará un traje de Oscar de la Renta, con plumas de gallineto
y seda cortada en forma de hojas otoñales. Piezas únicas
de la alta costura, un oficio con 300 años de tradición.
Aunque llevan tras de sí toda una historia y el movimiento
de cada época, estos trajes y sombreros no necesitarían
tantas justificaciones para ocupar un lugar junto a las más
exquisitas obras de arte. Bastaría con decir de ellos, "es
un Balmain".
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