| El
fútbol visto desde un cambuche
Los ancianos damnificados por el terremoto
de Armenia también saben de la Copa y la Selección
de Colombia.
Por
Jaime Herrera Correa
Armenia
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Su situación social es tan difícil, que escasamente
alcanzan a conseguir el sustento y a mantenerse firmes después
de más de 30 meses de hacerle el quite a los problemas
debajo de una carpa.
Les importa poco que los tengan o no en cuenta y pese a ello cuando
les preguntan de dónde son, se llenan la boca para responder
de Colombia con mucho orgullo.
Jamás han entendido el por qué los árbitros
anulan la jugada cuando un futbolista recibe en solitario el balón
y algunos escasamente saben que un partido de balompié
dura 90 minutos.
Es más, doña Graciela Gil, a sus 76 años
de edad, está convencida de que los integrantes de la Selección
todavía son René Higuita, el Pibe Valderrama, Arnoldo
Iguarán, Willington Ortiz o Anthony De Ávila.
Si el doctor Pacho los pone a todos juntos, de seguro que
este país dará de qué hablar. Y si El Pibe
le habla claro a Arnoldo, no habrá problemas para dar la
vuelta olímpica, ese fue el sorpresivo comentario
de la abuela Graciela en medio de su hermosa vejez y con la cabeza
en alto sin dudar en ningún momento de las palabras expresadas.
Sin embargo, ella y sus compañeros sufrieron mucho cuando
a Colombia le quitaron la sede y gozaron como cualquier niño
estrenando juguete en el momento que ratificaron al país
como realizador de la Copa América-2001.
Ellos son los integrantes del grupo de la tercera edad, Colombia
Linda, que en medio de las adversidades que les dejó el
terremoto del 25 de enero de 1999, en sus cambuches en el Alojamiento
Centenario hicieron una gran fiesta para seguir el partido de
la Selección y su regreso a la Ciudad milagro a través
de un radio que ubicaron en el salón donde se reúnen
a diario para hablar de lo claro que fue su pasado, lo crítico
de su presente y lo oscuro de su futuro.
El fútbol puede con todo
Lo de doña Graciela apenas es una muestra de lo que ha
representado por estos días la Copa para los damnificados
en Armenia. Porque pese a perderlo todo de la noche a la mañana
por culpa de la naturaleza, siempre estuvieron dispuestos a sacrificar
la poca ayuda que recibían para que ésta se llevara
a cabo en su ciudad.
Los 72 ancianos, ubicados en el campamento que les asignaron hace
más de dos años a los habitantes de los barrios
Brasilia, Villa Alejandra y Colbones cuando perdieron sus casas
por el terremoto, aprovechan su cercanía con el Estadio
Centenario para aprender de fútbol.
Por ejemplo, don Guillermo Antonio Arias, un ex cotero de Bavaria,
cree que los 200 metros de distancia entre el escenario deportivo
y su refugio le han servido para encontrar los argumentos necesarios
para refutar las impresiones de su esposa Graciela.
Yo sabía que jugaba Colombia y sé que no está
más el Pibe Valderrama, pero cuando el calarqueño
Jorge Bermúdez le meta fuerza a la defensa, los rivales
se irán con las manos vacías y nosotros terminaremos
felices porque seremos campeones con la pelota, indicó
don Guillermo, quien también tiene 76 años.
Al parecer, estar a un paso del sitio donde se realizaron los
dos partidos de los cuartos de final de la Copa despertó
el interés de los viejitos del vecindario, donde 35 de
ellos se reúnen con frecuencia para hacer bingos, muñecas
de cabuya y toda clase de artesanías que vendieron entre
los espectadores de la Copa.
Nosotros tenemos muchos problemas, nos encontramos solos
y no contamos con los recursos necesarios para comprar una de
esas casas que están vendiendo a 13, 15 y 22 millones de
pesos, pero estamos seguros de que con la realización de
esta fiesta y las jugadas de ese que llaman El Tigre Castillo
logramos pasar uno de nuestros mejores momentos y olvidamos un
poco las penas diciendo que tuvimos cerca a esos muchachos que
ganan mucha plata y que también fuimos, con mucho orgullo,
protagonistas de la Copa América que hizo el país
y nosotros sólo pudimos seguir por radio pese a estar a
un paso del Estadio Centenario, manifestó el presidente
de Colombia Linda, Gildardo Ladino, con sus 52 abriles a cuestas.
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Hinchas consagrados
Los problemas son lo de menos, cuando gozamos con la presencia
de la Selección y escuchar un poco sobre el movimiento
del balón.
Édgar Villa, 67 años de edad, músico de profesión
e hincha de todos los equipos del rentado.
Sólo algunos niños del campamento estuvieron
como recogebolas, pero acá todo es alegría por culpa
de la Copa. Hace rato que no tenemos una oportunidad para celebrar
y este torneo nos hizo mucho bien.
Heriberto López, 56 años, agricultor e hincha de
América y Cali.
La Copa nos hizo olvidar las deudas y las tristezas por
unas semanas. Sé que Colombia se la ganará y eso
será formidable para los expertos del fútbol como
nosotros.
José Ángel Beltrán, acordeonista, 58 años,
e hincha del Cali.
Vendí algunas cositas los días de los partidos,
pero uno a esta edad ya no puede aspirar sino a que le cuenten
cómo quedaron, porque no se puede arriesgar entre tanta
gente. Pero que viva la Copa, que nosotros no la merecemos.
Juan Peña, agricultor, 67 años y seguidor del Deportes
Quindío.
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