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07-14-2001
Marcos Coll, una leyenda vigente

El único autor de un gol olímpico en un Mundial trabaja en una mina de carbón.

El principal protagonista del 4-4 de Colombia en Chile-62 tiene 65 años y quiere vivir muchos más.

Este barranquillero considera que el antioqueño “Chico” Restrepo es el heredero de su estilo.


Por
Jaime Herrera Correa
Barranquilla


Marcos Coll. Foto Henry Agudelo, EL COLOMBIANO

Todavía ningún jugador ha logrado lo suyo y parece que lo de Chile-62 perdurará por mucho tiempo. Por eso cuando Marcos Coll se paseó el miércoles 11 de julio en la noche por el gramado del Estadio Metropolitano fueron muchos los que dijeron durante el homenaje que le brindó la Federación Colombiana de Fútbol “ése fue el que hizo el gol olímpico en el Mundial frente a la ya desaparecida Unión Soviética ”.

No juega en la Copa América que tiene embriagados a los colombianos por su alto poder anotador ni dirige un equipo del rentado colombiano, pero cuando la gente lo ve lleno de vitalidad por las calle ñeras, los buenos comentarios se dejan venir y las venias se hacen presentes a manera de homenaje a un hombre que pese a sus 65 años de edad todavía se mantiene firme y deseoso de seguir viviendo mucho más.

Mantiene vivo el recuerdo del día que lo catapultó a la gloria por vencer desde el tiro de esquina al legendario arquero Lev Yashín “La Araña Negra” y ser el principal protagonista del 4-4 que logró Colombia (lo máximo para el país a nivel de selecciones hasta el 1-1 con Alemania en Italia-90) frente a los hoy rusos. Pero es consciente de que de eso no se puede vivir en esta época y prefiere mejor apostarle a la formación de los futuros talentos de la Costa Atlántica.

Sin dejar de profesar el amor que tiene para su esposa, cinco hijos y cinco nietas, Coll prefiere que su muerte sea en un campo de juego porque esa es su pasión y gracias a ello se hizo inmortal con el tanto que logró el 3 de junio de 1962 y hoy sigue vigente. O si no que lo digan los niños que ha formado durante once años en las minas de El Cerrejón en La Guajira, donde gracias a la experiencia acumulada en sus 20 años de profesionalismo como volante mixto trabaja de profesor de Educación Física por intermedio de un contrato que le hizo la empresa Intercor.

Voces de un campeón
¿Por qué se conserva con tanta vitalidad?
“Porque siempre me he mantenido en la actividad deportiva”.

¿Feliz con el homenaje que le brindaron?

“Cuando me tocó atravesar la cancha las piernas me temblaban, las lágrimas intentaron salir y la emoción fue total. Le agradezco a los compatriotas que me brindaron ese acto, el primero en vida. Estaban en mora de hacer algo así conmigo, porque los homenajes no sirven cuando uno habite el barrio de los muertos”.

¿Después de compartir con las figuras en la época de El Dorado, entre Willington Ortiz y Carlos Valderrama cuál es el mejor para usted?
“Ambos fueron estelares, porque Willy era un hombre muy desequilibrante y Valderrama un jugador con mucha capacidad mental. Es difícil decidir entre dos talentos, porque cada uno tiene lo suyo”.

¿Es un hombre feliz?
“Siempre lo he sido, porque cuando uno hace las cosas bien, de igual manera le salen”.

¿Cree en Dios?

“Por supuesto y soy evangélico. Puede sonar extraño en un país de católicos, pero la idea es la misma: apostarle a un ser superior”.

¿Cómo le gustaría terminar su vida?

“Contento y en medio del fútbol”.

¿Cuál de los jugadores de ahora se parecen a usted?
“Ya casi no voy a fútbol, porque vivo concentrado en las minas de El Cerrejón, pero en lo que he visto creo que Óscar Chico Restrepo maneja muchas de las cosas que yo tuve en mi carrera activa. Por eso un día le dije que lo importante no era sólo jugar bien en la posición, sino en aprovecharla para hacer goles”.

¿Esos 20 años de fútbol profesional le dejaron algo?
“Muchos amigos y poca plata. Sin embargo, vivo cómodo, no tengo problemas y cuento con una familia maravillosa integrada por mi esposa, cinco hijos y cinco nietas”.

¿Qué anécdota recuerda de sus viajes con la Selección de Colombia?
“A raíz del gol olímpico a Yashín en el Mundial de Chile, mucha gente me quería entrevistar porque esa noticia se regó por todos los lados. Y cuando llegamos a Lima un periodista me preguntó que si era argentino nacionalizado y yo le dije con mucho orgullo que era un costeño colombiano. Que si quería le daba la dirección de mi residencia en Barranquilla, donde nací”.

¿En su época de jugador que era lo más malo?
“Las bebetas que nos metíamos hasta altas horas de la madrugada. De verdad que eran unas noches muy largas”.

¿Cómo se debe conformar un equipo?
“Todo depende de las capacidades de los entrenadores, porque si uno quiere conformar un equipo de lucha o de ataque debe saber cuáles jugadores le pueden brindar eso”.

¿Por qué no se consolidó como técnico profesional?
“Apenas tuvo unas experiencias como encargado del Junior, pero cuando eso acá sólo le creían a los estrategas extranjeros”.

¿Cuántos premios recibió como integrante de la Selección?
“Durante mi carrera se competía más por el honor, porque las donaciones eran muy pocas. Yo hice parte del primer tricolor nacional que participó en una eliminatoria mundialista; fue en 1957 cuando nos eliminaron Uruguay y Paraguay y nosotros sólo llegamos a Montevideo con unas franelas azules que apenas tenían un logo que decía Fedefutbol, pantaloneta blanca y medias blancas, como uniforme”.

¿Cuánto recibió por el gol olímpico?
“Nada económico, solamente una felicitación”.

¿Cuáles son las diferencias del fútbol de hoy y el de ayer?
“En mi época la organización era muy mala, nos tocaban más sacrificios y teníamos pocas facilidades en los viajes que eran bien largos, sin que eso quiera decir que llegamos a pie al Mundial en Arica, Chile. Hoy hay más plata, tecnología y cuidan mejor a los futbolistas”.

¿Qué recuerdo material conserva todavía?
“En México, en la única preparación que tuvimos para el Mundial, me compré una especia de portaretratos en vidrio con el escudo y la bandera de nuestro país y el nombre que decía Marcos Coll, jugador internacional de Colombia. Van a hacer 40 años y todavía lo conservo”.

¿Quiénes son sus amigos?
“En el país me quedaron Cuca Aceros, quien es mi compadre, Caimán Sánchez, Toño Rada, Maravilla Gamboa y la mayoría de los integrantes de la Selección de ese tiempo. A nivel internacional logré compaginar con el uruguayo Luis Cubillas y el mismo Yashín, a quien aún recuerdo cuando me felicitó por el gol”.

¿Por qué terminó trabajando en El Cerrejón?
“Al saber de mi seriedad y capacidad, los directivos de Intercor me contrataron hace once años como profesor de Educación Física. Pero los padres mostraron un gran interés para que yo cogiera la escuela de fútbol, donde la idea no es formar profesionales del deporte, sino hombres de bien. Allá vivo con mi señora y tengo todas las facilidades y comodidades que se merece uno”.

¿Quién ganará la Copa América?
“Es muy difícil pronosticarlo por las sorpresas de los primeros partidos, la ausencia de estrellas y la poca preparación que tuvieron los equipos. Sin embargo, veo a Colombia con posibilidades de llegar muy lejos en el torneo, porque tiene buenos jugadores”.

¿Además del fútbol, qué es lo que más le gusta?

“Vivir, porque es hermoso. Y cuando vive tiene oportunidad de muchas cosas. Soy un eterno enamorado del don que nos dio Dios”.

Carrera pesada
Marcos, el papá de Mario Alberto Coll (jugador que estuvo en el comienzo del proceso de Maturana, actuó en América, Millonarios y Junior, y ahora trabaja en la MLS de Estados Unidos), debutó como futbolista en el Sporting de Barranquilla en 1952.

En 1955 llegó al Independiente Medellín, donde sólo estuvo seis meses, porque en 1956 pasó al Deportes Tolima, equipo en el cual jugó hasta 1959.

El primer semestre de 1960 vistió la casaca del Atlético Bucaramanga, debido a que de inmediato pasó al América hasta 1965. Luego llegó al Tolima hasta 1969, para rematar los dos últimos años de su carrera en el equipo de sus amores: Atlético Junior, donde actuó durante las temporada 70 y 71.

Cuando hizo el gol olímpico en el Mundial de 1962 tenía 27 años de edad y fue orientado en la Selección por el maestro Adolfo Pedernera. En ese torneo Colombia inició con una derrota 2-1 ante Uruguay, siguió con el histórico 4-4 frente a Unión Soviética y remató con una humillada 5-0 que le propinó Yugoslavia, que contaba con otro artista de la pelota como Secularac.


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