07-11-2001
Más que fría la
recepción
Medellín
Ni siquiera una pancarta diciendo bienvenidos; ni un
ramo de flores como ha ocurrido en algunas ocasiones con delegaciones
visitantes a diferentes torneos; menos aún una corte de aficionados
con banderas, ni un viva Bolivia. Nada, absolutamente
nada a la hora de llegada de la selección boliviana de fútbol
que desde el viernes 13 de julio encarará la Copa América,
en Medellín.
Más fría no pudo ser la recepción al equipo
de Carlos Aragonés, solo recibido por el ánimo de
una docena de periodistas y camarógrafos de televisión
y por uno que otro que la pasen bien en nuestro país,
dirigido a los jugadores -en forma repetitiva- por un uniformado
de la policía en el muelle internacional del aeropuerto José
María Córdova, en Rionegro.
Afortunadamente y para elevar un poquito el ánimo de jugadores,
cuerpo técnico y dirigentes bolivianos, los taxistas, maleteros
y algún desprevenido viajero se dignaron aplaudirlos cuando
salían del muelle rumbo al bus que los trasladaría
al Club Campestre Llanogrande, lugar de su hospedaje.
No cupo el bus
La nota curiosa se registró al arribo del inmenso bus con
la delegación boliviana al Campestre. El automotor no cupo
por la puerta principal, de 2.30 metros de alto, que da acceso
a las cabañas.
Visiblemente nerviosos se notaban, por las ventanillas, jugadores
y técnico, cuando el vehículo fue rodeado por agentes
de la policía que los escoltaban. Sin embargo, todo no
pasó de ser un simple sustico, porque a cincuenta
metros de la entrada central había un portón de
acceso por donde finalmente el auto ingresó, dejando atrás
a los periodistas a quienes se les impidió la entrada.
Dispositivo de seguridad
Durante la llegada de Bolivia, las autoridades de policía
dispusieron de dos camionetas escolta -una adelante y otra atrás
del transporte oficial boliviano-, de 12 policías fuertemente
armados, cuatro motocicletas y una ambulancia.
En las vías de acceso, hubo un fuerte dispositivo de seguridad
y control del Tránsito para el desplazamiento desde el
aeropuerto hasta el sitio de concentración -distante diez
minutos-.
Y como se esperaba, no hubo contratiempo alguno.
Nota Relacionada:
A Carlos Aragonés
no le da temor manejar un grupo de imberbes sin ángel.
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